CAPÍTULO 38
EL PROFESOR DE HISTORIA
Presente
Cuando Rai llega a casa de Martina su cara es un poema. La situación familiar por la que está pasando, sumada a los dos días de infarto que acumula a sus espaldas en los cuales tampoco ha tomado la medicación que, de forma crónica, toma desde hace muchos años, están empezando a pasarle factura.
—Menuda cara traes, ¿tu mujer ya te ha echado de casa? —pregunta Martina en cuanto abre la puerta.
—Eso no ha tenido ninguna gracia.
—O sea, que te ha echado.
—¿Hemos venido a hablar de este maldito caso o de mi vida privada?
—Tranquilo, jefe. Por supuesto que vamos a hablar del caso, de hecho, estoy deseando contarte algo, pero antes de que le des vueltas a cómo preguntármelo, la respuesta es sí, puedes quedarte en mi casa hasta que todo esto acabe.
Rai entra en casa de Martina sin responder a nada más. Se deja caer en el sofá y acepta la cerveza que Martina le trae sin preguntar.
—¿Sabes algo de Berta? —pregunta Rai antes de que Martina le cuente lo que ha descubierto.
—No. ¿Todavía no ha vuelto de la papelera?
—No. Tampoco ha dado señales de vida desde hace unas horas. Tiene el móvil apagado.
—Tranquilo, si estás preocupado por ella, te puedo decir que no tardará en volver. No he visto a nadie con más recursos en mi vida.
Rai vuelve a llamar a Berta, pero su móvil continúa dando la señal de apagado. Se dice que, si no da señales de vida en un rato, habrá que ir a buscarla.
—Cuando quieras, Martina, cuéntame lo que has averiguado.
—Claro, allá voy. Tras analizar detenidamente las tres cartas de las que disponemos hasta el momento, hay tres cosas que, por encima del resto, no ha dejado de repetir y que creo que son fundamentales para entender su mente y, quién sabe, por qué está haciendo todo esto; la primera de ellas es su firme creencia en los ciclos de la vida y la dualidad de todo cuanto existe, que lo representa con el dragón enroscado.
El segundo concepto en el que ha estado insistiendo concienzudamente es en la necesidad de adquirir las cuatro virtudes cardinales de Platón: la fortaleza, la justicia, la templanza y la prudencia.
Y he aquí la primera conexión; al igual que ocurre con el concepto de los ciclos eternos de la vida y la dualidad de las cosas, las cuatro virtudes son algo así como la base de la mayoría de las religiones y creencias del ser humano.
Esto me ha llevado a pensar que la filosofía, religión o creencia de nuestro amigo, se cimenta sobre conceptos o creencias universales.
Por último, a esos dos conceptos habría que añadir un tercero, uno que también comparten la mayoría de religiones, es la creencia en que nuestro paso aquí en la Tierra es una especie de tránsito hacia otra vida, concretamente hacia la vida eterna.
Pero no solo eso, el paso por la Tierra debería servir como preparación para esa otra vida, y dicha preparación, en la mayoría de religiones, está basada en mayor o menor medida en el aprendizaje y la adquisición de las cuatro virtudes que ya conoces.
Martina hace una pausa para observar de nuevo la expresión de Rai. Quien la mira desde esa lejanía que se antoja ausente.
—¿Y es eso lo que quiere de mí? Que adquiera las cuatro virtudes para que pueda llegar a esa otra vida.
Martina se acaricia los labios antes de responder.
—Es posible que sea algo así, aunque supongo que con matices.
—¿Y qué sentido tiene eso?
—Aún no lo sé, sus intenciones podrían ser la mezcla de varias cosas.
Sus creencias son más profundas y complejas de lo que parece, a lo que te he contado hasta ahora habría que añadir también las referencias a los cuatro elementos de la naturaleza.
Ya sabes, el fuego, la tierra, el agua y el aire.
Eso refuerza mi idea de que está buscando la universalidad de las creencias y religiones humanas, esa mezcla perfecta.
Dicha idea me lleva de nuevo a su sello personal, el uróboro , el cual también era utilizado por los alquimistas en representación a lo que ellos llamaban «la Gran Obra», que no era otra cosa que la mezcla perfecta de todas las cosas y que también definían como el elixir de la vida o piedra filosofal.
Bien, con esto ya acabo, he aquí mi teoría final: he estado buscando entre todo tipo de religiones, congregaciones, sectas e incluso grupos espirituales y sus creencias se asemejan mucho a la Teosofía, una religión fundada a finales del siglo XIX por Helena Blavatsky, un personaje tan interesante como inquietante.
Perdona, jefe, necesito hacer una pequeña pausa.
Voy a ir a por otra cerveza, ¿te traigo una?
Martina se levanta con sutileza, sin ningún tipo de esfuerzo, es como un ser etéreo. Rai la observa mientras su mente se pregunta cuándo llegará la parte que más le interesa, la de Villagordo del Cabriel.
—De acuerdo, tráeme una.
Rai aprovecha la ausencia de la joven para llamar de nuevo a Berta, pero su teléfono sigue apagado.
Hay algo que no le gusta. Tal y como ha dicho la propia Martina, Berta es toda una superviviente, y por eso no es de las que se quedaría sin batería mientras está siguiendo una pista que podría ser muy importante.
Así que decide no esperar ni un segundo más.
Llama al subinspector Santiago Bermejo y le pide que vaya junto con Leonardo Castro a pegar un vistazo a la antigua papelera de San Jorge, y que lo avisen de inmediato en cuanto averigüen algo.
En cuanto cuelga el teléfono, Rai observa cómo aterrizan dos botellines de cerveza en la mesa que hay frente a él.
—¿Preparado para la parte final, jefe?
—Claro. Cuando quieras.
—Pues allá vamos. Helena Blavatsky fue, como decía, un personaje muy peculiar.
Antes de cumplir los dieciocho empezó a viajar por medio mundo en busca de las grandes verdades, buscaba aprender de todas las religiones del mundo, sobre todo de las de origen tibetano.
Cuentan que encontró libros muy antiguos que hablaban de una religión primaria de la cual partieron todas las demás y que, a diferencia del resto, no solo concentraba los conceptos y verdades más importantes conocidas por el ser humano, sino también algunas más que, por alguna razón, habrían permanecido ocultas y fuera del alcance del ser humano.
La Teosofía sería, según Helena Blavatsky, y tras muchos años estudiando de forma comparada todas las religiones del mundo, el nombre que ella le puso a una religión que concentraba los principales conocimientos y creencias de las religiones más importantes del mundo.
Según ella, la Teosofía, en realidad, estaría hecha a imagen y semejanza de esa presunta religión primaria original de la cual partieron el resto de religiones de las que tenemos conocimientos hoy en día, la cual también tendría una parte esotérica o alquímica, es decir, no solo incluía rezos y ritos religiosos al uso, sino también procesos físicos de transformación y transmutación de la materia.
—¿Y esa religión original, tiene nombre?
—No que sepamos. Según Helena, dicha religión original fue olvidada y enterrada a lo largo de la historia por diversos tipos de intereses, pero eso no es lo más importante, aparte de ser como el tronco del cual habrían surgido el resto de religiones que conocemos, también estaba en posesión de algunos de los secretos más importantes del ser humano, como por ejemplo qué hay después de la muerte o cuál es el sentido de nuestra existencia, algo que, según ella, el mundo debía y merecía conocer.
—Vaya, sí que es una historia interesante, sin duda, pero, ¿cuál es la parte que conecta todo esto con Villargordo del Cabriel? —pregunta Rai evitando mirar a Martina a los ojos.
—Esa es la parte final, jefe. Como decía al principio de todo, tras hacer toda esta búsqueda, en la cual, por cierto, y espero que no te importe, me ha echado un cable el nuevo, Leonardo Castro, y por supuesto, Claudio, descubrí algo muy interesante.
Hace unos treinta y siete años más o menos, concretamente a mediados de los años ochenta, llegó al pueblo de Villagordo del Cabriel un nuevo profesor de historia de educación secundaria, su nombre era Diego Valbuena, y un buen día empezó a hablarles a sus alumnos de todo esto que acabo de contarte, pero simplemente como una parte curiosa de la historia de las religiones, nada más.
No hubiera pasado de una simple anécdota de no ser porque el tema caló muy hondo en los alumnos, y también en el propio Diego, que no solo empezó a indagar más y más en la Teosofía, sino que llegó a viajar al Tíbet y a algunos sitios más, de donde dicen que se trajo consigo libros muy antiguos y misteriosos.
Al final, fue tal la obsesión tanto de Diego como de los alumnos, que decidieron irse a vivir a las montañas para fundar allí una rama de la Teosofía, alejados de las influencias religiosas y sociales occidentales.
Las montañas de las que te acabo de hablar, como ya te puedes imaginar, se encontraban en una zona cercana al pueblo de Villagordo del Cabriel, a una hora y media de aquí más o menos.
Martina termina de hablar y le da un sorbo a la cerveza. Tiene la boca seca. No está acostumbrada ni por asomo a hablar durante tanto rato. Mira de reojo a Rai, que parece entre ausente y preocupado, tiene la mirada perdida en el infinito.
—¿Todo bien, jefe? Parece que hayas visto a un fantasma.
El comentario de Martina, en esta ocasión, no solo no le hace gracia, sino que le hace sentir algo de miedo.
—¿Crees que la persona que está haciendo todo esto podría ser ese profesor de historia, ese tal Diego Valbuena?
—Creo que, si no es él, porque de todo esto han pasado ya bastantes años, hay muchas posibilidades de que sea alguien cercano a él.
Lo cierto es que no se conoce una fecha de su muerte y oficialmente lleva casi cuarenta años sin renovarse el DNI.
No obstante, sobre todo esta historia solo hemos encontrado un solo artículo publicado a mediados de los años noventa por un periodista en prácticas.
Así que, quién dice que todo esto que acabo de contarte no fuese más que la fantasía de un aspirante a Juan Jiménez del Oso con ganas de llamar la atención y la persona que estamos buscando no tiene ni la más remota idea de qué es la Teosofía o quién es ese profesor de historia.
Por el contrario, en el caso de que todo esto sí fuese cierto, nos faltaría por saber el porqué de ese empecinamiento en ti.
Rai coge aire y se dice que, ese tema, ese maldito tema, tenía que volver para fastidiarlo todo otra vez.
Que aun no teniendo ni la más remota idea de lo que le está contando Martina, algo de cierto ha de haber porque, él no cree en las casualidades.
Y hay un nexo de unión que apunta directamente a su cabeza.
—Pues no te lo vas a creer, pero, de pequeño estuve viviendo unos cuantos años en ese pueblo, en Villagordo del Cabriel.
—No me joda, jefe.
—Te jodo.
—Pues me parece que cuando era un niño debió ganarse algún enemigo que no le guarda demasiado aprecio.
—Eso parece, sí.
—¿Tienes idea de que algún conocido tuyo acabase en una secta o algo parecido?
—Ni la más remota.
—¿Y nunca escuchaste hablar de la historia que te acabo de contar?
—En absoluto.
—Pues me temo que nos espera un viaje de hora y media al pasado muy pero que muy emocionante —Martina se levanta de nuevo con esa sutileza juvenil—. ¿Nos vamos?
Rai mira a Martina muy serio, que por primera vez ve a su jefe de un modo distinto, lo ve como a alguien a quien, en contra de lo que pensaba o imaginaba, no conoce lo más mínimo. Eso hace que sienta un escalofrío.