CAPÍTULO 37
TODO ES OSCURIDAD
Presente
Berta Díaz
La inspectora Berta Díaz se despierta con un intenso dolor de cabeza.
Se lleva una mano a la nuca y la siente húmeda.
Por su textura y densidad, intuye que dicha humedad es debida a la sangre que mana de la herida que le ha hecho ese hombre cuando la ha dejado inconsciente, pero no puede estar segura de ello porque en el lugar en el que está, todo es oscuridad.
Se levanta con torpeza y trata de orientarse, siente algo de mareo por la herida de la cabeza.
Intenta encontrar un punto de apoyo cercano, pero a su alrededor no hay nada.
Rápidamente también es consciente de que está desnuda.
Antes de encerrarla allí, le han quitado la ropa y el resto de sus objetos personales, como su teléfono móvil, su navaja multiusos o su arma reglamentaria.
A pesar de la situación, mantiene la serenidad y no se permite ni un solo segundo de desesperación.
Como no se ve nada, empieza a caminar lentamente, con su brazo derecho extendido en dirección al frente para no chocar ni tropezar con nada.
Da pasos de aproximadamente un metro de largo.
Quiere hacerse una idea de las dimensiones del lugar en el que está.
Cuando apenas ha dado cuatro pasos, la mano que tiene extendida choca contra una pared.
Esa pared está fabricada en metal, tal vez acero inoxidable.
La golpea con los nudillos para intentar hacerse una ida de su grosor, la vibración que percibe le dice que dicha pared no debe tener demasiado espesor.
Se da la vuelta para iniciar el recorrido en la dirección contraria, y en ese momento es consciente de algo, el suelo también está fabricado en metal.
Por su cabeza empieza a rondar una posibilidad.
Se está empezando a imaginar el lugar en el que podría estar.
Camina en la dirección opuesta a la que lo había hecho y cuenta seis metros hasta chocar contra la pared de enfrente, también de metal.
Esa sería la distancia máxima de pared a pared de ese habitáculo.
A continuación, anda de forma paralela a la pared que está tocando y no tarda ni siete pasos en darse cuenta de que sus sospechas son ciertas: el lugar en el que se encuentra es un silo circular para el almacenamiento agropecuario, tal vez para grano, tal vez para líquidos.
No es el mejor de los lugares para que te encierren.
Da una vuelta completa al silo palpando la pared con su mano derecha en busca de alguna compuerta o sistema de apertura, pero a simple vista no encuentra ninguna.
Piensa en el tipo de silo en el que puede estar, y se dice que debe de ser uno destinado al almacenamiento de grano, dado que generalmente suelen ser más grandes que los que se utilizan para el almacenamiento de líquidos.
Antes de seguir pensando en las características que debe tener el silo en el que se encuentra, escucha un ruido que hace que se detenga por completo.
Desde alguna parte del silo está empezando a caer algo líquido, es como si hubiesen abierto un grifo.
Busca el lugar exacto desde donde está cayendo para identificar el tipo de fluido del que se trata y, de paso, ver si hay forma de poder acceder hasta el punto por el que está entrando al silo.
No tarda en identificar que el fluido es, a simple vista, agua.
Pero el punto de entrada se encuentra demasiado alto, así que por el momento no va a poder hacer nada por impedir que caiga.
Ahora la cuestión es, de mantenerse ese caudal, ¿cuánto tiempo tardará en llenarse el silo?
No puede responder a eso porque, entre otras cosas, no sabe qué altura tiene.
No ha pasado ni medio minuto cuando empieza a escuchar unos ruidos que, en esta ocasión, no tiene dudas de que provienen del exterior.
Agudiza el oído y, en cuanto se vuelven a escuchar, intuye su procedencia.
Alguien está dando fuertes golpes sobre una pared metálica que no es la del silo en el que ella se encuentra, pero que, podría ser similar.
Pega su oreja a la pared del silo y escucha a la perfección cómo a lo lejos alguien está pidiendo ayuda con todas sus fuerzas.
A esa voz se le suman más voces, y luego más golpes.
En ese momento se dice que en el lugar en el que está, hay más silos como en el que se encuentra ella, con más personas encerradas, igual que lo está ella.
Quién sabe si, como le está ocurriendo a ella, empezando a sentir la humedad mojando sus pies.
Es entonces cuando, tras varios minutos de calma, ella también estalla en un grito de pura rabia.
Algo le dice que, si no la rescatan pronto, ni ella ni las personas que están encerradas como ella, van a salir con vida de allí.