CAPÍTULO 29
LA SALA GRIS
Tres días después del Solsticio de Invierno
No han pasado ni veinticuatro horas desde que Elísabet Bru accedió a colaborar con el fiscal jefe y ya puede sentir el estrés apretando su cuello.
Los medios de comunicación están presionando muchísimo, y eso por no hablar de los partidos de la oposición política, que aprovechan la situación para lanzar golpes y mensajes cuya repercusión no hacen más que aumentar la angustia social.
El fiscal jefe ha habilitado una sala ubicada en el sótano de los juzgados de Valencia para la custodia de las pruebas que está admitiendo a trámite. Es una sala gris muy amplia donde, por el momento, solo ella y el propio fiscal jefe tienen credencial de acceso.
Todavía no ha empezado con los interrogatorios, antes necesitaba tener una visión de conjunto de todo lo ocurrido y de todas las pruebas y evidencias con las que cuentan.
Se están registrando diferentes propiedades en profundidad y tomando declaración a mucha gente, discriminar qué pruebas se admiten a trámite y cuáles no, qué declaraciones se toman en serio y cuáles no, está siendo una labor compleja.
En el centro de la sala donde la inspectora Elísabet Bru acaba de entrar, han dispuesto una gran mesa donde están siendo depositadas las pruebas y evidencias de peso que el fiscal jefe ya ha admitido.
En esa misma sala, en la parte del fondo, hay varias estanterías donde están siendo almacenados otra serie objetos y enseres personales sobre los que todavía no se ha tomado una decisión.
Elísabet se quita el abrigo y lo deja sobre la silla que hay frente a esa gran mesa.
Ante ella hay una serie de objetos, que, cada uno en el interior de una bolsa, están identificados con un número, el lugar de su procedencia, la fecha de admisión y una breve descripción de lo que hay en su interior.
Se queda observando el conjunto y, tratando de abstraerse de cómo ha terminado todo, hace un esfuerzo por centrarse en cada uno de los objetos que tiene frente a ella.
Es importante, antes de empezar, tener una idea general de la secuencia de los hechos, de los quiénes, el cómo, el dónde y el por qué, no quiere empezar a preguntar y a interrogar sin haberse llenado previamente de información veraz.
Siempre, en su carrera como inspectora, ha sido muy escrupulosa con la información con la que contaba para investigar un caso, con el grado de veracidad de la misma.
En la primera fila de objetos ve los cuatro sobres de los que tanto ha oído hablar, en el interior de cada uno de ellos hay una carta encabeza por el nombre de una virtud cardinal.
Al lado hay un par de carpetas con los informes médicos a los que se tuvo acceso cuando el inspector jefe Raimundo Viel paró esa operación de trasplante de corazón.
También ve las tres cajas negras. Varios colgantes con el símbolo del dragón enroscado.
Un antiguo reloj de arena fabricado en madera.
Dos pequeños frascos de cristal en cuyo interior hay un líquido blanquecino.
Un viejo inhalador para el asma. Un rudimentario libro de edición bastante humilde titulado «El Libro de las Instrucciones».
De entre todo lo que hay frente a ella, hay un par de objetos que le ponen la piel de gallina y la hacen palidecer.
Uno de ellos es una extraña máscara de color blanco que no denota ningún tipo de emoción, el otro es una bolsa en cuyo interior hay unos cuantos clavos de gran tamaño y un alambre de espino con restos de sangre cuyos extremos están acabados con la forma de la cabeza y la cola de un dragón.
Tras un par de horas de observación y tras leer la declaración que alguno de los supervivientes de la UICAV ha hecho, se vuelve a poner el abrigo con la sensación de encontrarse un poco más cerca de la secuencia de los hechos, luego abandona esa sala pasando por los tres controles de seguridad que hay que cruzar para llegar o salir de ella.
Es nochebuena, y a partir de ese momento lo que necesita es llenarse de cosas bonitas, como es la compañía de su hijo, no de las cosas feas que hay en esa lúgubre sala.
Para eso ya tendrá tiempo. Como también habrá tiempo de interrogar a la persona responsable de todo lo que ha pasado, a quien todavía no han encontrado pero que, según le ha dicho el fiscal jefe, no deberían tardar en hacerlo.