CAPÍTULO 16
LA JUSTICIA
Presente
Enhorabuena, Inspector jefe, si está leyendo esto ahora significa que ha logrado vencer a sus miedos, y lo más importante, ha logrado sobrevivir a ellos.
La pregunta es, ¿cómo se siente ahora? Ya le dije que para avanzar era imprescindible dejar atrás sus temores, romper las cadenas que impedían que se moviese hacia delante, y lo ha hecho.
Lamento que haya tenido que ver algunas cosas desagradables, pero todo forma parte del proceso, un proceso que harán de usted la mejor persona que pueda llegar a ser.
Seguro que ahora se está preguntando qué ocurre con las personas que esta noche han sufrido algún tipo de daño, seguro que se está diciendo que no es justo, que ninguna de esas personas merecía lo que le haya podido ocurrir.
Y probablemente tenga razón, no es justo, de hecho, casi nada de lo que ocurre y hay en esta vida lo es.
Hay gente con privilegios y gente que ni tan siquiera ha oído hablar de esa palabra.
Hay gente muy rica y gente que muere de hambre todos los días.
Hay gente que siempre lo ha tenido fácil y gente que ha vivido una dificultad tras otra.
Y así podríamos continuar hasta el fin de los días.
Supongo que a estas alturas ya debe estar imaginándose que la vida no fue justa conmigo.
Y lo cierto es que no lo fue. No tuve una infancia fácil, perdí lo más importante que existe cuando se es un niño, y no hubo nadie ahí que me explicase por qué.
Después la cosa tampoco mejoró. Tuve que seguir en pie, abrirme paso poco a poco, hasta que un día lo entendí todo, entendí mi razón de ser, el sentido de mi existencia.
Y es justo lo que quiero que logré usted, que lo vea todo, que preserve el todo, que sirva el todo, pero para ello necesito que se conozca bien a sí mismo.
No alargaré esto en exceso. El primer paso era librarse de sus miedos para lograr la fortaleza, la virtud imprescindible para seguir avanzando, para alcanzar el siguiente nivel.
Creo que muchos de los problemas de este mundo no existirían si hubiese más personas que supiesen qué es justo y qué no lo es.
Así que, inspector jefe, el siguiente paso creo que ya puede imaginarse cuál es.
Para convertirse en la mejor persona que usted puede llegar a ser debe adquirir un férreo sentido de la justicia, y no solo en el plano teórico, también en el práctico, que sin duda es el más difícil de alcanzar.
Tendrá que librarse de sus prejuicios y preferencias, de sus experiencias previas y de la educación que ha recibido.
La justicia es algo que está por encima de todo eso y que emerge cuando esas nubes negras desaparecen.
Mire hacia delante, Rai, hacia los estados sólidos, y fíjese bien en las cosas que giran, que vienen y van de aquí a la eternidad.
La vida es una rueda, jefe, y no siempre es agradable verla girar.
Pare la rueda ahora que puede, ahora que es fuerte, o la próxima vez que dé la vuelta tal vez haya mucha más gente que lo lamente que la que lo ha hecho en esa discoteca.
No me falle, inspector jefe, lo necesito.
Atentamente,
La persona que no olvidará jamás.
—Está claro que lo de la rueda es una metáfora. No hay ninguna rueda. Es otra cosa, tenemos que fijarnos en otra cosa que se le asemeja —dice el subinspector Santiago Bermejo tratando de aportar su visión práctica.
—El problema es que en esta ocasión no hace referencia al cuándo, aunque sí a la gravedad del asunto.
Ya es la segunda vez que amenaza con hacerle daño a alguien, y por lo que vemos no va de farol.
Si dice que mucha más gente podría lamentarlo, es porque es verdad —añade la inspectora Berta Díaz tras las palabras de Santiago.
Rai, que permanece en silencio sumergido en sus propios pensamientos, siente cierta sensación de fracaso.
Sin su ayuda las dos chicas que rescató del cuarto de baño hubiesen muerto con total seguridad, sin embargo, no pudo hacer nada por las dos a las que los equipos de emergencias no pudieron reanimar.
Tampoco por las ocho personas que han hospitalizado a causa los humos respirados y de las quemaduras de diferentes grados.
Al menos tres de esas personas se encuentran en estado grave y podrían perder la vida en las próximas horas o días.
Lo ha intentado con todas sus fuerzas, pero aun así no ha logrado evitar que haya víctimas.
Y lo que es peor, a pesar de no encontrarse entre ninguna de las víctimas, su hija Esther todavía no ha aparecido.
—Esta vez va a ser mucho más contundente, y seguirá subiendo de nivel hasta que termine —dice Martina con un tono mucho más fatalista del que ya emplea de normal.
Tanto Santiago como Berta la miran atemorizados.
—Lo dices como si no tuviésemos nada que hacer —responde Santiago con indignación.
—Es que no tenemos nada que hacer —Martina se emplea a fondo con su vis cínica, algo que se le da terriblemente bien.
Ahora es Rai la que la mira con cierta inquietud.
—¿Qué es lo que has visto en esa carta que te da tanto miedo, Martina? ¿Y para qué crees que me quiere a mí?
Martina mira a Rai con un ligero temblor en las pupilas.
—Primero fue la fortaleza, eso era lo que quería que adquirieses, para lo cual has tenido que adentrarte en el fuego.
Ahora quiere que adquieras la justicia. Todavía no sabemos en qué escenario tendrás que adentrarte, pero no creo que esté mintiendo cuando dice que podría haber muchas víctimas.
La justicia y la fortaleza son dos de las que se conocen como las cuatro virtudes cardinales, las otras dos son la templanza y la prudencia.
Platón fue el primero en resaltarlas por encima de todas las demás y en decir que dichas cualidades morales eran la base de la buena conducta humana, pero hoy en día forman parte de la base de muchas religiones del mundo.
Todavía no tenemos lo suficiente como para decir si la persona que ha acabado con la vida de dos personas esta noche forma parte de una religión u otra, o simplemente tiene sus propias convicciones y creencias.
Lo que sí podemos afirmar es que además de tener un profundo compromiso moral, también tiene un fuerte propósito que va unido a él.
Lo peor es que, por alguna razón, dentro de ese propósito que tiene, necesita que tú completes tu formación, y no parará hasta que estés preparado.
Lo que me da miedo, en resumen, y respondiendo a tu pregunta, es lo preparado y planificado que parece tenerlo todo, además de su contundencia y la total ausencia de responsabilidad de lo que sus actos puedan ocasionar, eso lo hace especialmente peligroso, además de capaz de todo.
—¿Y qué hay de la rueda? ¿Qué podría significar? —pregunta Berta con interés.
—No lo tengo claro. Necesito pensar en ello un poco más.
La rueda también posee una gran carga simbólica.
No sé si alguna vez habéis escuchado hablar de la llamada Rueda de la Vida, conocida como el Samsara , también se ha empleado en multitud de religiones muy antiguas como el budismo, el hinduismo, o en órdenes como la de los rosacruces.
Dicha rueda tiene muchas similitudes y conexiones con el uróboro , el símbolo del dragón con el que sella sus cartas.
El Samsara es un símbolo del ciclo eterno de nuestra existencia: nacemos, vivimos, morimos y nos reencarnamos para volver a empezar de nuevo el ciclo.
Según dichas religiones, el ser humano debe salir de ese ciclo para poder avanzar hacia la iluminación, hacia una existencia superior.
Faltaría ver qué entiende por parar la rueda y en qué escenario está pensando exactamente.
Rai trata de unir los razonamientos de la brillante psicóloga, pero antes de que tenga tiempo para preguntar algo más, su teléfono móvil empieza a sonar. Es Ana, su mujer.
Rai descuelga el teléfono con premura.
—Dime.
Ana solloza con debilidad.
—Es Esther. Ha vuelto.
Rai siente un alivio tan grande que hace que su energía interior se recarga de golpe, algo que le hace recuperar el equilibrio interno.
—¿De verdad? ¿Y está bien?
—Está bien, aunque la veo un poco rara, no quiere hablar demasiado de lo que ha pasado.
—Es normal, lo que ha vivido es algo terrorífico.
—Rai…
—Qué.
—¿Tú estás bien?
Rai hace una pausa en la que trata de paralizar a la rabia con la que le había hablado a su mujer para dejar paso a otra emoción más amistosa.
—Enseguida voy para allá. Es posible que haya que llevar a Esther a un hospital para que la revisen.
—Claro, Rai, aquí te esperamos.
Rai cuelga el teléfono sin decir nada más. Después levanta la mirada hacia su equipo.
—Afortunadamente mi hija ya ha aparecido y está bien, voy a ir a ver cómo está.
Hay que averiguar cuanto antes dónde y cuándo ha preparado el nuevo escenario, no quiero más víctimas, ni que me prepare para ningún broche final.
Quiero atraparlo, y es lo que vamos a hacer de inmediato. Avisadme cuando tengáis algo nuevo.
Las palabras de Rai, entre la exigencia y el optimismo, son bien recibidas por las tres personas que tiene delante.
A continuación, pone rumbo hacia el hotel donde se hospedan su mujer y sus tres hijas.
Y ahora sí, de camino allí, es cuando empieza a sentir cómo todas las quemaduras y heridas que se ha hecho hierven a lo largo y ancho de todo su cuerpo.