La Norma Número Diez CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

LAS COSAS MALAS

Un día después del Solsticio de Invierno

No ha querido leer los periódicos ni poner las noticias durante los últimos días para mantenerse alejada de lo que estaba ocurriendo en la ciudad, pero le ha sido imposible evitar escuchar algunos de los comentarios de las madres y padres que, como ella, estaban en el parque con sus hijos e hijas.

Se preguntaban unos a otros que si habían visto lo que había ocurrido la noche anterior, que cómo era posible que hubiese pasado algo así, que si ya se sabía cuánta gente había muerto.

La horrible sensación con la que se ha ido del parque aumenta cuando entra en casa y ve que tiene varias llamadas en su teléfono móvil, son de un número largo que, por la extensión, sabe de dónde proceden: la Jefatura Superior de la Policía Nacional.

Su hijo no sabe lo que le está pasando a su madre, y trata de arrancarle una sonrisa, pero no puede, en lugar de eso ve que su cara se ha empezado a cubrir de lágrimas.

—¿Por qué lloras, mamá? —pregunta Samuel, que, a sus tres años y medio ya habla bastante bien.

Elísabet acaricia su rostro y trata de sonreírle tímidamente, algo que solo consigue a medias.

—No es nada, cariño, es solo que mamá está un poco triste por algo que ha ocurrido, nada más.

Su hijo se queda mirándola durante un par de segundos y después se abalanza sobre sus piernas para abrazarse a ellas.

Elísabet aprieta la pequeña espalda de su hijo contra ella y deja que las lágrimas sigan brotando por el lagrimal de sus ojos.

A continuación, su teléfono móvil vuelve a sonar, otra vez el mismo número largo.

Es la octava llamada que le hacen esa mañana, y a pesar de que hace años que no trabaja como policía, se siente con la obligación moral de descolgar, entre cosas porque, a pesar de que intuye que los hechos que han ocurrido la noche de antes son muy graves, todavía no sabe a ciencia cierta qué es lo que ha pasado ni por qué la están llamando.

—¿Inspectora Elísabet Bru? —pregunta una voz de mujer.

—Sí, soy yo.

—Llamo de la Fiscalía Provincial de Valencia, el fiscal jefe quiere hablar con usted.

—¿Para qué?

—No lo sé, yo soy su secretaria, el fiscal jefe solo me ha dicho que la localizase, le paso con él.

Antes de que Elísabet le diga a esa mujer que no quiere que le pase ninguna llamada, escucha el tono que indica que la han dejado en espera.

Apenas un par de segundos después, al otro lado, alguien descuelga.

Es el fiscal con más prestigio de la ciudad, y lo que le pide o, más bien, lo que le ruega, es que se encargue de ayudarlo a preparar el sumario del caso al que, al parecer, todos en la ciudad y en los medios de comunicación ya se refieren como la Gran Tragedia.

Aceptar lo que le están pidiendo conllevaría precisamente aquello de lo que ella se alejó, adentrarse de lleno en las profundidades de las cosas malas de la vida.

Cuando un juez ordena la instrucción del sumario es porque los delitos que se van a investigar están castigados con penas superiores a nueve años de prisión.