CAPÍTULO 9
EL VACÍO INTERIOR
Presente
Lo primero que ha hecho Esther al llegar al hotel, es encerrarse en el baño para arreglarse y para pensar en lo que ha pasado, en lo que está pasando, tanto fuera como dentro de ella. Ni por asomo le va a hacer caso a su padre, ese amargado que nunca ha dejado de decirle qué debe hacer.
Tras un buen rato mirándose al espejo en busca de esa imagen perfecta que jamás conseguirá alcanzar, empieza a notar otra vez esa sensación de vacío interior que siempre ha hecho que intente ser quien no es, una sensación que, como una parte más de su cuerpo, siempre está con ella.
Unos golpes en la puerta la sacan de la espesa y tóxica burbuja en la que se encuentra y la devuelven a la realidad.
—Esther, ¿todo bien? —pregunta su madre con amabilidad.
Esther musita algo entre dientes. Está relacionado con lo mal que se ve y que se siente, pero ahora no es momento de pensar en eso, ahora es momento de pensar en las cosas realmente buenas e importantes que van a pasar.
Apaga la luz del cuarto de baño y al salir se encuentra cara a cara con su madre.
Pasa por delante de ella sin decir nada.
—Cariño, estás preciosa, pásalo muy bien esta noche. Quiero que sepas que tu padre y yo estamos muy orgullosos de ti, y que te queremos muchísimo.
Pero ese vacío interior que Esther siente desde hace tanto tiempo, y que hace que lo vea todo oscuro a su alrededor, impide que las palabras de amor de su madre lleguen a ella.
Antes de salir, se gira hacia sus dos hermanas pequeñas, Lidia y Valentina, les dice adiós levantando una mano en un gesto triste.
En los últimos años, o está triste, o está enfadada, su repertorio no da para más.
Nunca ha sabido lo que le ocurre realmente, tampoco ha encontrado la forma de hablarlo abiertamente, solo sabe que no está bien.
Piensa que sus padres deberían haber encontrado la forma de sacarla del oscuro lugar en el que se encuentra, la forma de llegar a ella, pero no lo han hecho, lo cual la entristece y enfada aún más.
Lo único que le da cierta esperanza son sus nuevos amigos y amigas, los que forman parte del Movimiento, esos que son como ella y que sí la comprenden y la entienden.
Todavía tardará bastante rato en llegar a Mya, la discoteca donde ha quedado, antes de eso estará haciendo tiempo como ya lo ha hecho otras veces, vagando sin rumbo por la ciudad.
En esta ocasión, la caminata durará al menos una hora y media, ese es el tiempo que pasará hasta encontrarse con las personas con las que ha quedado, tan solo unos cuantos minutos después, es cuando se desatará el caos.