La noria del mal Capítulo 27
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Capítulo 27

H EIDI ESTUVO A PUNTO de gritar pidiendo socorro, pero se contuvo. La última vez que lo había hecho, su padre y Jennifer habían pensado que eran imaginaciones suyas. Además, en ese momento, él ni siquiera estaba en casa. No merecía la pena.

Intentó encender la luz del techo. Sin resultado. La tormenta había cortado la electricidad de nuevo.

Acto seguido, miró hacia el pasillo. Todo oscuridad. No se movía nada entre las sombras. Pero ¿y si, a pesar de ello, hubiera alguien rondando por allí?

Alguien que pudiera atacarlas a ella y a Jennifer.

Tenía que comprobarlo, asegurarse al cien por cien.

Bajó despacio y con sigilo por la escalera. La lluvia golpeaba las cristaleras del recibidor. Echó un vistazo a la calle. No había nadie fuera. ¿Quién iba a haber con la que estaba cayendo?

Luego, entró en la cocina. Todo en orden.

De repente, el ruido de una puerta abriéndose y cerrándose llegó a sus oídos.

Procedía del sótano. Debía de ser Bill, que acababa de salir a pesar del mal tiempo.

Se asomó entonces por la ventana.

La luz había vuelto. Las farolas estaban encendidas. En efecto, el señor Sullivan se encontraba bajo una de ellas. Sin paraguas. Con las manos en los bolsillos. En ese momento, como si hubiera notado que alguien lo observaba, se giró muy despacio.

Con rapidez, Heidi se apartó hacia atrás, aunque sin perderlo de vista. Le pareció que sonreía. Una sonrisa extraña. Como la de su padre cuando decía que todo iba a ir bien sin estar muy seguro de ello.

Se inclinó un poco hacia delante para ver mejor.

Había algo que no acababa de entender, algo no encajaba. Pero no sabía qué.

A continuación, salió de la cocina y volvió a echar una ojeada desde una de las ventanas del recibidor. Se apretó tanto contra el cristal que este quedó empañado al instante por el vaho de su aliento. Bill había desaparecido.

De pronto, escuchó otra vez los ronquidos de Jennifer, se dio la vuelta y vio que la puerta del dormitorio de ella y de su padre se encontraba ahora abierta de par en par.

No estaba así cuando pasó por delante hacía escasamente un minuto o dos, sino un poco entornada, como la había dejado al irse a dormir a su cuarto. ¿Se habría abierto sola?

Ya no tenía certeza de nada.

Salvo de que la novia de su padre dormía en su habitación.

Se aproximó a cerrar la puerta del todo. Al llegar a ella, agarró el picaporte con la mano y, al asomarse brevemente al interior de la estancia, lo que vio le heló la sangre.

Una sombra alargada se proyectaba sobre la cama.

Como si una presencia estuviera de pie, contemplando cómo dormía Jennifer. Una presencia invisible desde el umbral de la habitación.

Había alguien allí.

Pasó un segundo. Luego, otro. Y otro. Heidi no se atrevía a mover un músculo. Se quedó observando fijamente la oscura silueta. Tenía que hacer algo.

Lo que fuera.

Y lo más rápido posible.

Había que echar de allí al loco que se había colado en la casa. Sin perder un segundo. Antes de que le hiciera daño a Jennifer.

La policía.

Tenía que llamar a la policía.

Sin embargo, se había dejado el móvil en su cuarto.

Pero ¿cómo dejar a la novia de su padre sola en esa situación?

A solas con el loco.

Con mucho sigilo, empezó a subir de puntillas…