19 Final Feliz
Final feliz
Diciembre, Londres, Inglaterra
Fabio
Caminamos empapados, riéndonos como idiotas, rumbo a la cafetería más cercana.
Necesitamos una bebida caliente y cambiarnos antes de llegar al Nando’s de Southwark, donde las chicas nos esperan para engullir pollo piri-piri.
La elección no ha sido democrática precisamente…
Desde que Chloe está embarazada tiene un antojo preocupante con las salsas picantes.
La humedad de finales de noviembre se nos pega a la piel. El local tiene una estética reconocible en la cadena: mesas de madera, cuadros de artistas emergentes con vibras sudafricanas, y música del país sonando de fondo y llenando de flow el local.
Patri y Chloe ya están allí, sumergidas en sus temas. Traducción: preparativos de boda y bebés.
Yo asiento, sonrío y participo cuando toca, pero vuelvo a sentir que no estamos en la misma fase vital. No sé qué será de mí cuando nazcan los críos y la vida en el grupo cambie incluso más.
Seré el tío Fabs. El divertido. El que trae regalos inadecuados porque no tiene ni puñetera idea de qué les gusta a los niños, y cuenta historias alocadas que pasarán de ser divertidas a causar vergüenza ajena a sus padres.
Los adoraré. Y, aun así, sentiré que me he quedado un poco fuera del cuadro mientras todos evolucionan sin mí.
El eterno solterón excéntrico… que va a seguir interpretando ese papel por mucho más tiempo, me temo.
No hace falta decir que, desde que le di el ultimátum a Ivan, no ha cambiado nada. Su manera de demostrar que me quiere sigue siendo… abstracta. Por no decir una mierda con todas las letras.
Yo me mantengo en mis trece de no regalarle ni una mirada porque sé que debería alejarme poco a poco de él. Pero lo cierto es que me descoloca no saber qué quiere de mí, ni qué somos. Y, definitivamente, no me gusta lo que tenemos.
Soy un publicista experto en vender deseos y estoy comprando una pesadilla a plazos.
Sintonizo de nuevo la mesa. «Oh, sorpresa: han cambiado de tema».
—La fiesta de Navidad de La Sirenita Bailonga va a ser épica —dice Patri con los ojos brillantes.
«¿He oído fiesta? Este tema sí me interesa…». No recuerdo la última vez que esa palabra formó parte de nuestro vocabulario.
—¿Entendéis ahora por qué estoy saturado de Navidad y todavía no es ni diciembre? —gruñe David—. ¡Estamos en modo Christmas desde septiembre!
—Desde septiembre se siente… —canturrea Patri, ignorándole.
—Háblanos de esa fiesta… —ruego.
—Habrá clases gratis de salsa, catering, mi cóctel sorpresa…
—¿Y qué me dices del dress code? —intervengo.
—¿El dress code? —La cara de Patri es de puro horror—. Pensaba que estaba claro, mi rey. ¡Es una fiesta de Navidad! ¿No querrás venir vestido de astronauta?
—No le des ideas —suelta Colin, ocultando una sonrisa maliciosa tras su vaso de rooibos helado—. Es Fabio. Aún tiene pendiente lo de ir en pijama a una cena de gala.
—¡Ni se te ocurra! Va a ser un evento por todo lo alto —me advierte Patri con un dedo asesino hacia el pecho.
—¿Viene alguien famoso? —pregunta Chloe, robándole una patata a David de su plato.
—¡Por supuesto! Fabio Vitale estará allí retransmitiendo cada minuto en su canal —suelta ella—. Publicidad gratuita para tu mejor amiga, que está deseando petar el local para poder permitirse el lujo de no trabajar los domingos.
—Ah, ahora no te molesta que esté todo el día con la cámara, ¿eh? —la provoco con un empujón suave—. Si quieres causar impacto, necesitamos algo diferente. Prohibida la etiqueta rancia y los jerséis horteras de renos. Eso es muy 2015.
—Pues a mí la idea del pijama no me sonaba mal —suspira Chloe, señalándose la barriga—.
No me cabe nada de lo que tengo en el armario, y no puedo permitirme comprar nada nuevo.
¿Sabéis lo que cuesta una guardería? —«Ya estamos con el monotema»—.
¡Casi dos mil libras al mes! Mucha conciliación, pero a ver quién vuelve a trabajar con esos precios.
—Haberlo pensado antes de dormir sin bragas, querida —le suelta Patri sin pestañear.
—Gracias, Patri. Tu empatía siempre es un faro en mi oscuridad.
—Nosotros tampoco podemos gastar un céntimo con la boda encima —agrega David—, así que habrá que reciclar lo que haya por casa.
—Eso significa que Patri se vestirá de stripper versión regalo con lacitos, stripper versión Poison Ivy, stripper versión Mégara o… stripper a secas —resume Chloe con cinismo.
Patri le saca la lengua, Chloe finge que se pica. Al menos, hay cosas en el grupo que nunca cambian.
—Dicho esto, ¿estáis listos para desempolvar otra vez los trajes de superhéroes? —asumo en voz alta.
—¡Ni de coña! Otra vez no… —protesta Patri.
—¿Qué parte de «no me cabe nada» no habéis procesado? —explota Chloe, a punto de echarse a llorar—. No tenéis ni idea de lo que es que tu cuerpo cambie de golpe sin que tengáis el más mínimo control sobre ello.
—Por supuesto que no —murmura David con un sarcasmo tan negro que la mesa se queda en silencio.
Todos le miramos con los ojos como platos. El canario siempre sabe cómo regalar dosis de realidad servidas con una sonrisa. El recordatorio de que en este grupo todos estamos un poco rotos, pero se lleva mucho mejor juntos.
—Sois únicos creando ambiente festivo, en serio —protesta Colin.
—Decidido —interrumpe Patri, cortando el drama—: otra maldita fiesta de superhéroes. Rescatando las tradiciones apolilladas de este grupo.
—Me encanta cómo usas la palabra tradiciones para referirte a un grupo de chalados disfrazados de parvulario. —Colin no parece muy contento con el plan.
—Te recuerdo que tú a duras penas cambias tu chaqueta de oficina para enfundarte una de Clark Kent y sentirte un rebelde —espeta ella—, así que menos protestas.
Esta vez te quiero de Superman a jornada completa.
Leggings azules y el slip rojo por fuera.
¿Sería mucho pedir? —Colin pone un mohín de derrota—.
Genial, estamos todos de acuerdo. Podéis traer a quien queráis, por cierto. Cuantos más seamos, mejor.
—Como no quieras que me traiga a las del curso de preparación al parto… —Chloe le roba otra patata a Patri.
—Mejor tú no traigas a nadie… Fabio, tú sí, tienes carta blanca. ¡A lo loco!
—Yo traeré a Tiago y a Ashley —anuncia David.
Patri sonríe tensa. Yo ya sé que no traga a Tiago y no la culpo, es un idiota, pero… ahí hay un nombre nuevo en la ecuación.
—¿Ashley? —Levanto una ceja interrogante—. ¿Por fin habéis encontrado una secretaria fea a la que Tiago no quiera tirarse?
—No sé por qué os cuesta tanto a todos procesar que Ashley también es un nombre masculino —defiende David.
—¡Oh! ¿Habéis contratado a otro hombre? —observa Chloe con tonito—. ¿No os preocupa que os tachen de rancios? No tenéis ni una sola mujer en CanArch.
—Somos solo tres, Chloe —replica David, ofendido—. Danos un respiro antes de colgarnos la etiqueta de machistas. Además, te recuerdo que la empresa fue cofundada por una mujer.
—Y volviendo a Ashley… —retoma Colin.
—Volviendo a Ashley, se ha ganado el cielo en solo diez días. Ni una mala contestación a Tiago, lo cual es casi un superpoder, porque yo ya le he mandado a la mierda seis veces esta semana.
—Y eso nos devuelve al punto de origen: ¿por qué tengo que aguantar a ese tipo en mi fiesta? —salta Patri.
—Porque es encantador, Sirenita. Y porque acaba de aterrizar en Londres y sospecho que su agenda social está bastante vacía.
—Me refería a Tiago, arquitecto. No tengo ningún problema con Ash, parece buen chico… y precisamente por eso me preocupa que pase tanto tiempo con tu socio.
—¿Qué quieres que haga? El estudio va como un tiro y, aunque Tiago sea un perla, te aseguro que tiene un buen fondo, es mi amigo desde que tengo uso de razón.
—La gente cambia, David. No hay una ley que te obligue a ser amigo de alguien solo porque compartisteis apuntes en la universidad.
—Además, desde que está Ash todo es mucho más digerible. Estoy deseando que lo conozcáis. Nos gustan las mismas cosas, es un apasionado del surf y estamos planeando una escapada a la costa un día de estos para coger unas olas…
—¡Qué romántico! —se burla Chloe—. Solo falta daros cremita en la espalda el uno al otro.
—Diría que alguien tiene un nuevo mejor amigo en la ciudad… —No puedo evitar el tonito en mi voz—. A ver si me van a quitar el trono.
—Nadie te ha cambiado por nadie, tonto —asegura David.
—¿Seguro? Escapadas surferas, copas postrabajo… Solo te falta decirme que es tu nuevo amigo gay y ya oficializo mi jubilación.
—Es su nuevo amigo gay —confirma Patri sin pestañear—. Pero podemos tener más de un amigo gay en el grupo, Fabio. Tú siempre serás nuestro favorito. —Pongo una mueca recelosa—. No te pongas celoso, mi rey. A ti eso no te pega.
—Yo no tengo tan claro que Ash sea gay… —interviene David—. Solo lo dijo porque Tiago le puso contra las cuerdas con una de sus preguntas impertinentes.
—Por favor, cariño, Ash es supergay. A ver si te crees que porque no sea un excéntrico como Fabio no pueden gustarle los hombres.
—¿Y tú cómo sabes eso, listilla? —insiste David, arqueando una ceja.
—A ver, cielo, ¿alguna vez te ha hablado de mujeres?
—¿Y qué tiene que ver eso? ¡Hay mil temas de los que no hemos hablado! Igual es un monje cartujo en su tiempo libre.
—Esas cosas surgen, Dave. Nadie es tan reservado cuando hay una chica de por medio.
—Pues con él no ha surgido. Quizá simplemente no ha encontrado a la mujer de su vida.
—¡Porque la mujer de su vida tiene pene!
—Empiezo a morirme de curiosidad por el tal Ashley… —Esbozo una sonrisita maliciosa—. Venga, va, enséñame una foto.
—¿Vas a detectar si es gay solo con un vistazo a la pantalla?
—No, idiota, voy a detectar si es follable, que para lo otro ya tengo a Patri. Su radar es infalible, son muchos años yendo de cacería juntos.
David me pasa el móvil con la foto corporativa de la web, los tres posando con sonrisas profesionales y, a la vez, cercanas. Apuesto a que les ha llevado varias tomas encontrar ese equilibrio perfecto.