1 Algo nuevo y algo azul #2
—Te recuerdo que fuiste tú quien empezó la tontería, mosquita muerta —replica Patri, ajustándose el vestido de Mégara—. Hoy no estaríamos aquí si no fuera por esa fiesta de superhéroes que le organizaste a tu maridito.
—Por su treinta cumpleaños, Patri, ¡no para una boda!
—¡Por el amor de Dios! Os casasteis vestidos de personajes de El señor de los anillos.
Cierto, lo hicieron. Y nadie dijo nada cuando Chloe juró amor eterno con orejas élficas.
—Quedémonos con lo positivo —remata Chloe—: esta vez has decidido ponerte algo de ropa, lo que siempre se agradece.
Patri le dedica una peineta. En serio, no sé cuándo van a abandonar este teatrillo de enemistad fingida que ya no convence a nadie. No se odian, todos lo sabemos. Pero mantener la tradición de picarse es casi tan importante como lanzar el ramo.
El problema que tienen mis amigos con los disfraces no es tanto el calor como el exceso de atención. No hay persona que no haya cuchicheado al mirarnos o nos haya señalado con el dedo.
Y es que no todo el mundo se ha ceñido al dress code con tanto entusiasmo como nosotros.
La mayoría de los invitados parecen haber confundido Sitges con la alfombra roja de los Óscar.
Trajes oscuros, vestidos vaporosos, pamelas…
Y luego estamos nosotros, el comando Londres, dando la nota como si hubiéramos aterrizado en el Comic-Con en lugar de en una boda cristiana.
Detrás de nosotros se sientan Elena, Gina, Brit, Mike, Casper y Ethan[1], todos enfundados en versiones más o menos reconocibles de Los Vengadores. Al menos, no somos los únicos que han perdido la batalla contra el sentido común.
Mientras Patri y David discuten sobre si él le ha traído o no la tote bag morada con las sandalias —se masca la tragedia—, yo me dedico a analizar el catálogo de invitados. Estoy soltero, en sequía, y… en esta boda hay una barbaridad de españoles y australianos con potencial.
En los últimos meses he estado tan centrado en hacer crecer mi canal de YouTube y mis redes que los romances han pasado a un segundo plano. Y el cuerpo me pide guerra. Esta noche no pienso dormir solo.
Bueno, si de mí depende, no pienso dormir, en general.
—Aquí no, mi rey. Respeta al menos la casa de Dios —susurra Patri sin mirarme siquiera.
Pongo los ojos en blanco. Lo nuestro no es una simple amistad, lo juro. Es telepatía. La manera en la que nos leemos la mente o mantenemos diálogos a base de miraditas empieza a resultarme preocupante.
—Solo estoy analizando el mercado. Hay una cantidad indecente de tíos buenos en esta boda.
—¿Y qué le parece a tu futuro novio que analices el mercado? —me lanza Patri con esa sonrisa de víbora adorable que solo usa cuando quiere hurgar donde sabe que duele. Porque sé de sobra a quién se refiere.
—Ivan no es mi… —Me aclaro la garganta, porque ni siquiera sé qué palabra iba a utilizar—. No me gusta, ¿vale? Y será mejor que dejemos el tema.
Bajo la mirada sin ganas de entrar al trapo.
Ivan y yo hemos tenido un par de acercamientos tontos últimamente, pero la tónica general de nuestra relación es que no nos soportamos.
Él se burla de todas mis campañas, yo finjo ponerme de acuerdo con él, y luego las modifico antes de presentárselas a los clientes.
Es imposible que no se haya dado cuenta de mi juego, pero, por la razón que sea, él decide no hacer un drama por ello y yo se lo agradezco.
Tiene un culazo que desafía las leyes de la gravedad y unos labios que parecen diseñados por el Departamento de Marketing del Pecado, pero también es gilipollas. Y eso no tiene arreglo.
Además, ni siquiera sé si es gay. Tengo un radar bastante fino para estas cosas, pero Ivan es tan frío, tan aséptico, que no consigo extraer información de las miradas que me lanza.
¿Odio? ¿Deseo? ¿Indiferencia? ¿Ganas de matarme? ¡Quién sabe!
La música de órgano empieza y el murmullo se apaga. Y entonces suenan los primeros acordes de la banda sonora de Thor y sonrío. Aquí viene nuestro superhéroe con braguitas de encaje. No sé cómo voy a aguantar toda la ceremonia sin partirme de risa.
A su lado, su madre —la mismísima Victoria “Saffron” Doyle, chef, influencer y emperatriz de la comida vegana— avanza vestida como la diosa Frigga.
La iglesia estalla en aplausos. Nosotros somos los únicos que no parecemos sorprendidos. Empiezo a sospechar que estos cabrones no le dijeron a nadie más lo del disfraz, que es una broma personal que no va a salir de Londres.
Poco después aparecen las damas de honor: una rubia, una morena y una pelirroja vestidas de…
¿Las Supernenas? Las reconozco al instante, son Charlotte, Jessy y Deborah, las amigas escritoras de Elena y Sofía.
Si eso no es amor, no sé qué más lo es… Presentarte a una boda con un lazo gigante en la cabeza y un minivestido verde, rosa chicle o azul eléctrico requiere un nivel de lealtad que ni en la mafia.
No sé si de esta boda saldrán más bodas, pero venganzas van a salir unas cuantas.
Y entonces llega ella.
Con la banda sonora de Batman Returns retumbando en las bóvedas de la iglesia, aparece la novia vestida de una versión nupcial de Catwoman.
Mono blanco ajustado, orejitas felinas, un fino tul delicado cayendo desde la diadema como velo improvisado.
Sexy. Poderosa. Hermosa a rabiar. Esta es mi chica.
No me puedo creer que se me vaya a caer una lagrimilla, pero Sofi es como una hermana para mí. Hemos vivido demasiadas cosas juntos y esta boda es… perfecta. Bueno, excepto por el hecho de que me ha obligado a entrar en una iglesia, con la alergia que me dan estos sitios.
¿He dicho ya que de esta boda van a salir unas cuantas venganzas?
A su lado, su padre avanza vestido de Joker, sonrisa pintada y todo.
Y la Harley Quinn junto al altar solo puede ser su madre.
Si Sofía ha conseguido que el señor Carrascal vaya de esa facha, creo que cualquier cosa que haga Sonia será bienvenida en la familia.
Aunque mejor que no sepan lo que hicimos con Aga en Brisbane… , por si acaso.
Y todo sería perfecto si no fuera porque el cura decide sabotear la ceremonia con un discurso que parece escrito por el gabinete de Relaciones Públicas del Apocalipsis.
En lugar de hablar de amor, de unión o de complicidad, se lanza a un monólogo lúgubre sobre el pecado, la carne corrupta y la inevitable descomposición de nuestros huesos.
Juro que en algún momento menciona la muerte con un entusiasmo que resulta preocupante.
—Si espera que recupere la fe a base de sermones como este, me lo está poniendo muy difícil —susurro, quizá un poco más alto de lo prudente.
Patri, religiosa hasta la uña del dedo gordo del pie, me clava el codo en las costillas.
El cura continúa su monólogo:
—… Porque el corazón del hombre está lleno de maldad desde su juventud…
Precioso, me estoy emocionando.
«Perdona, ¿estamos en una boda o en una reunión de villanos de Marvel?».
No soy un experto en teología, pero estoy bastante seguro de que La Biblia también habla de amor al prójimo y de cosas un poco menos fúnebres que esto.
Miro a Patri. Su ceño fruncido, devota ofendida, confirma mis sospechas.
¿Qué fue de esos discursos emocionantes sobre almas que se encuentran, caminos que se cruzan y milagros cotidianos?
En vez de eso, tenemos un cura empeñado en recordarnos que todos somos polvo y que polvo volveremos a ser.
«En polvos precisamente estoy pensando yo. Sobre todo, con el rubio de la segunda fila… ¿Será primo de Lucas?».
Menos mal que la mitad de los invitados no entienden una palabra de español o más de uno se habría ido ya al bar de la esquina.
Cuando abren la barra libre desaparecen los acentos, las patrias y las dignidades. Esa es la verdadera magia de una boda: tras la segunda copa, el inglés más estirado perrea pegado a una tía de Albacete y el primo reprimido de turno acaba cantando a Las Kétchup con una cuchara como micrófono.
El alcohol es el pegamento que une a los millennials.
Colin, David y Lucas se han atrincherado en la barra con los amigos informáticos y aburridos que Lucas hizo en su anterior trabajo. Cualquiera diría que están planeando cómo lanzar una startup en vez de celebrando un matrimonio.
En circunstancias normales, David sería el primero en salir a bailar, pero Lucas y Colin son dos juncos incapaces de soltarse, así que se ha quedado con ellos por integrarse.