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Después de aquella primera cita, sus días empezaron a transcurrir entre risas y flores. El tiempo parecía desvanecerse cuando estaban juntos, y sus almas, hasta entonces incomprendidas, conectaban como solo lo hace aquello que se compone de la misma materia.
Era como si el universo entero hubiera conspirado para que aquel encuentro tuviera lugar. Y ellos, que nunca habían creído en el destino, en vidas pasadas ni en las famosas almas gemelas, comenzaron a preguntarse cuántas vidas habrían compartido antes de esta y en cuántas se habrían amado.
Seguramente, en todas.
Aunque era muy posible que jamás se atrevieran a decirlo en voz alta.
Él la hacía sentir preciosa, inteligente y brillante; el mundo entero se volvía pequeño ante su mirada.
—«Porque te tengo y no, porque te pienso, porque la noche está de ojos abiertos... —recitó Alma un día, parafraseando a Mario Benedetti y su poema “Corazón coraza”—. Porque la noche pasa y digo amor. Porque has venido a recoger tu imagen, y eres mejor que todas tus imágenes...».
Eric la miraba fascinado, sin poder creerse el milagro que tenía delante.
—«Porque eres linda desde el pie hasta el alma, porque eres buena desde el alma a mí... —continuó él, con la voz quebrada por la emoción y la ternura que Alma despertaba en él—. Porque te escondes dulce en el orgullo, pequeña y dulce, corazón coraza...». Me encanta este poema.
—Eres increíble —murmuró mientras le depositaba un dulce beso en la sien.
Alma cerró los ojos, como si ese beso pudiera encapsular todo lo que sentía. Intentó retener aquel sentimiento, guardarlo en algún rincón secreto de su ser y así aferrarse a él si algún día le faltaba.
—No quiero ni imaginar el dolor que me supondrá tu ausencia si algún día te marchas —añadió Eric, como si le hubiera leído la mente.
Alma se quedó unos segundos reflexionando acerca de aquellas palabras. No supo si eran ciertas. Nunca llegó a saber si él de verdad las sentía, si le dolería en caso de que todo acabara. Pero sabía, con una certeza inquebrantable, que ella jamás volvería a ser la misma.
Y no lo fue.
Aquel instante, tan puro y tan ajeno al paso del tiempo, marcaría un antes y un después en su vida.
—No sé por qué hemos tardado tanto en encontrarnos —respondió.
—Lo importante es que ya lo hemos hecho. Y, ahora que te tengo, no pienso perderte. Ya te lo dije una vez: he sido diseñado para ser tuyo, Alma. Mi corazón te pertenece.
—¿Y si no sale bien?
—Saldrá bien.
En ese momento él se incorporó y se puso más serio.
—Mira, te diré lo que va a pasar: para empezar, vamos a ser muy felices juntos.
Nos compraremos una bonita casa, con vistas al mar.
Adoptaremos un par de perros, nada de hijos.
Yo cocinaré para ti cada día y tú ensayarás para mí todos los guiones de los miles y miles de trabajos que te ofrecerán, porque vas a ser una gran actriz.
Haremos el amor en la playa y veremos películas románticas los domingos en el sofá.
Y lo más importante: nos querremos tanto que alguien escribirá la historia de nuestras vidas.
—Suena perfecto.
—No puedo imaginar una vida mejor que la que voy a compartir contigo.