Capítulo 37
Después de varias semanas, Rafael y Lisa han ido dando forma a su plan. Es imprescindible no dejar cabos sueltos, por lo que no se precipitan. Cada paso requiere cautela, y cada detalle debe estar calculado.
Siguen reuniéndose en casa de Rafael para mantener encuentros furtivos. A pesar de que el deseo los empuja a correr ciertos riesgos innecesarios, mantienen la mente lo suficientemente fría para que, hasta ahora, nadie los haya descubierto, o eso quieren creer.
Rafael es quien toma la mayoría de las decisiones.
Lisa asume un papel secundario, limitándose a interiorizar su cometido.
Pero no es pasiva; sabe que su función es vital.
Llegaron a la conclusión de que necesitaban más tiempo juntos para planificar, tiempo que Rafael ya no tiene porque se ha quedado sin dinero.
Ahora es Lisa quien lo mantiene. Bastian, tan confiado, no controla los movimientos de sus tarjetas de crédito.
Todo es tan sencillo como acudir al banco, extraer efectivo y, si Bastian pregunta, inventar que un vestido o un bolso costaron más de lo previsto.
Para Rafael, lo más importante es que nadie los descubra.
Convenció a Lisa de que debían encontrarse en un lugar neutral, lejos de miradas indiscretas.
Por eso eligieron una biblioteca pública en el centro social del Pueblo Acantilado, un barrio poco frecuentado a unos kilómetros de la Coveta Fumá.
Rafael se inventó que allí se impartían clases para personas mayores interesadas en ir a la universidad.
Lisa se encargó de hacer creer a su marido que quería retomar los estudios, lo que lo llenó de orgullo.
Ahora el propio Bastian la anima a no faltar a esas «clases».
Rafael reserva siempre la misma sala de estudio, recóndita y casi desierta, salvo por algún lector ocasional que hojea un periódico.
Allí disponen de un ordenador con conexión a internet, donde investigan detalles esenciales del plan.
Nunca usan sus teléfonos ni sus ordenadores personales; eso dejaría rastros, y no pueden permitírselo.
Durante esas sesiones, Rafael interroga a Lisa sobre Bastian.
Es imprescindible que conozca cada detalle de su pasado.
Lisa, que lleva poco tiempo casada, no está al corriente de muchas cosas, por lo que aprovecha las cenas románticas con su marido para sonsacarle información.
Creyendo que su mujer se interesa genuinamente por conocerlo mejor, Bastian se enamora aún más de ella.
Lisa también ha jugado su parte fuera de casa.
En su grupo de amigas, ha dejado caer que Rafael visitó a los Dubois y que tiene planes de mudarse a Samoa para emprender una nueva vida.
Fue idea de Rafael, pero a Lisa le pareció brillante.
Las amigas, curiosas y fisgonas, se encargarán de difundir ese rumor y así los ayudarán a cubrir posibles sospechas.
Los encuentros en la biblioteca siempre ocurren a las tres de la tarde, un momento en el que es poco probable que alguien los vea.
A menudo, durante sus charlas, surgen agujeros en el plan que Rafael tapa con maestría.
Cada vez que aparece un problema, encuentra una solución que refuerza la solidez de la trama.
Mónica era un obstáculo. Lisa intentó tenderle una trampa: dejó dinero en efectivo en el mueble del recibidor con la esperanza de que cayera en la tentación.
Pero no ocurrió. Mónica resultó ser una mujer honrada.
Sin embargo, su honestidad no le salvó el empleo.
Lisa convenció a Bastian para despedirla alegando que pretendía hacerse cargo de las tareas domésticas como una forma de retribuir su generosidad.
Bastian se resistió, no quería que Lisa asumiera esas responsabilidades, pero terminó cediendo, como siempre.
Mónica no se lo tomó bien, pero no pudo hacer nada al respecto.
Las semanas transcurren con aparente normalidad. En secreto, Rafael y Lisa afinan cada detalle del plan, memorizan sus coartadas y ajustan los flecos sueltos. Todo está listo. La fecha elegida está cerca: la noche de San Juan.