Capítulo 20 #3
Gabriel acaba de entrar en su casa inundado por un sentimiento de soledad.
El mismo que, hasta hace poco, le resultaba agradable y ahora se le hace insoportable.
Se ha acostumbrado a la compañía de Patricia, quien ha logrado mantener su mente alerta en todo momento, sin dejarle caer en la espiral de autodestrucción que estaba acabando con él.
Por un instante, cuando se ha despedido de ella, ha estado a punto de sugerirle que se quedara a dormir; al fin y al cabo, era tarde y podrían haber seguido trabajando en el caso.
Pero se ha controlado. Sabe que no habría sido apropiado.
Su marido se habría enfadado mucho, y con razón.
No siente nada por su compañera en ese aspecto; solo respeto y admiración, nada más.
De hecho, no está preparado para sentir nada por ninguna mujer.
No sabe si será capaz de volver a hacerlo alguna vez.
El viaje de Patricia a la Coveta Fumá ha sido en vano en esa ocasión.
Ernesto no ha colaborado y ella ha tenido que regresar a Alicante con las manos vacías.
«Mañana será otro día», piensa Gabriel. La negativa de Ernesto a hablar con ellos no cambia nada, lo citarán en comisaría, y esa vez no le resultará tan fácil escaquearse.
Se ha abierto una cerveza y la bebe sentado en el sofá.
Hace frío fuera y se está mucho mejor dentro.
Ha salido un momento al jardín trasero en busca del gato negro, pero no lo ha visto.
Intenta vencer su sensación de soledad ocupando la mente en el caso.
Está seguro de que Ernesto esconde algo.
Su actitud ante la policía lo deja bastante claro, aunque no sabe qué puede ocultar.
Lo más lógico es que él y Rafael Sierra estafaran a algunas personas con pequeñas cantidades de dinero.
Gabriel no cree que se trate de algo muy importante; de ser así, no habría sido solo Cole Kane quien intentara recuperar su dinero, y no tiene constancia de nada más.
Considera que Ernesto sería capaz de asesinar, pero le cuesta imaginarlo llevando a cabo un plan tan meticuloso sin dejar cabos sueltos.
Quizá algo más temperamental no sería descartable.
Su mujer, Aurora, le ha dado la impresión de ser mucho más inteligente que él.
Podría ser una hipótesis digna de estudio, que Ernesto fuese el brazo ejecutor, en un arrebato, y que su mujer se ocupase de solucionarlo.
Oye unos maullidos detrás de la puerta principal y sonríe al reconocer a su amigo.
Se apresura a abrir y encuentra al gato negro con la cola levantada, buscando mimos.
Sin pensarlo dos veces, lo invita a pasar y el minino, cauteloso, pone las patas dentro de la casa.
Algo llama la atención de Gabriel cuando va a cerrar la puerta: sobresale una carta del buzón.
La coge, comprueba que no hay más correspondencia y, ahora sí, entra.
El sobre lleva el sello del Hospital General de Alicante y va dirigido a Rafael Sierra. Gabriel lo abre y lee su contenido. Es un mensaje del servicio de farmacia hospitalaria:
Debido a la pandemia, nuestro horario de entrega de medicación se ha modificado.
Si tiene medicación pendiente de recoger, puede acudir para retirarla al mostrador de la primera planta del edificio de laboratorios de lunes a viernes, de 13.
00 a 14.30 h. Es obligatorio el uso de mascarilla y tomar las medidas de seguridad oportunas. Disculpe las molestias
Gabriel lee la carta dos veces más. Se pregunta qué medicación recogía Rafael Sierra y si podría ser útil para la investigación conocer ese detalle. Dobla la carta y se la guarda en el bolsillo interior de la chaqueta.
Se dirige a la cocina y prepara un cuenco de comida para el gato, que lo acepta encantado.
También le sirve un pequeño plato hondo con agua.
Cuando vuelve a relajarse en el sofá, el animal se toma la libertad de subirse y acurrucarse a su lado ronroneando.
«Si va a quedarse, tendré que buscarle un sitio para que haga sus necesidades», piensa Gabriel.
En ese momento suena su teléfono móvil. Ha recibido un mensaje de Blanca. Lo abre:
Hola. No hemos vuelto a hablar y me he enterado de todo lo que ha pasado en tu casa. Espero que estés bien. Pienso mucho en ti. Me gustó conocerte en persona, aunque solo hablásemos un rato. Quiero decirte que, cuando todo esto acabe, si te parece bien, podríamos tomar un café
A Gabriel le duele el mensaje. Respeta que Blanca haya planteado la posibilidad de tener una cita, pero se detesta por haber generado ese sentimiento en ella.
Se siente sucio y, de algún modo, herido por haberle fallado a su mujer.
No es culpa suya; sin embargo, así es como lo vive.
De repente, se echa a llorar y siente desasosiego.
El dolor, que parecía controlado, ha vuelto con más fuerza que nunca.
Se lleva una mano al pecho y aprieta mientras sacude la cabeza.
Sigue roto por dentro y acaba de liberar toda la pena que no ha dejado salir durante esos días de aparente mejoría.