La noche de los secretos (Trilogía de la Noche 2) Capítulo 42
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Capítulo 42

La puerta de la cabaña se cierra y se oye el sonido metálico de un candado.

Álvaro contiene el aliento mientras los pasos del hombre de la máscara de payaso se alejan. Solo él sabe que es Ismael. Luego, el silencio. Un silencio que se asienta entre los tres chicos sin que nadie se atreva a romperlo.

Emma y Sonia permanecen inmóviles con los ojos muy abiertos en la penumbra y la respiración contenida, atrapadas en el miedo.

El aire de la cabaña está cargado de humedad y olor a madera podrida.

Álvaro, sin embargo, no está asustado, aunque finja estarlo.

Está furioso. Eso no debería estar pasando. El plan no era ese.

Se suponía que solo él y Emma estarían ahí, que sus familias pagarían y el supuesto secuestro acabaría en cuestión de horas.

Pero Sonia apareció de la nada y lo arruinó todo.

O tal vez no. Tal vez eso sea una oportunidad.

Tres rehenes significan más pasta. Más presión.

Más posibilidades. Sabe que el padre de Sonia tiene dinero; mucho, de hecho.

No le supondría un problema pagar el rescate.

El tiempo se dilata. Una hora, quizá más. Nadie habla. Álvaro se apoya en la pared, se cruza de brazos y finge calma.

—Todo saldrá bien —dice de pronto con una voz que pretende sonar firme—. La policía vendrá a rescatarnos.

Emma, hasta ahora en silencio, se gira hacia Sonia. En la tenue luz que se filtra por las rendijas de la madera, cuesta descifrar su expresión.

—¿Qué ibas a decir en la playa? —pregunta en voz baja pero incisiva.

Sonia no responde. Mira al suelo y mueve las manos en su regazo.

—Dímelo —insiste Emma, un poco más alto esta vez.

Álvaro interviene.

—Eso no nos va a servir de nada ahora. Centrémonos en salir de aquí —sugiere.

Pero, de pronto, Sonia levanta la cabeza y escupe las palabras como si le quemaran la boca:

—Llevo semanas viéndome con Álvaro. Me acosté con él.

Los tres se quedan callados. Sus palabras han golpeado donde más duele.

Emma parpadea, aturdida. Luego su expresión cambia. Su cuerpo entero parece en tensión antes de abalanzarse sobre Sonia.

La cabaña se llena de ruido: gritos, forcejeos, el sonido sordo de puños impactando en carne.

Álvaro trata de separarlas con la dificultad añadida de la penumbra, pero es tarde.

Sonia tropieza, se tambalea hacia atrás y, de repente, un porrazo seco resuena en la madera.

Se ha golpeado la cabeza contra la pared justo al caer.

—¡Sonia! —grita Álvaro, y corre hacia ella.

Emma no le permite llegar.

Ha estallado en cólera. Se lanza sobre él, le propina manotazos a diestro y siniestro. Álvaro retrocede. La cabaña está muy oscura y no ve el desnivel de una lámina de madera que le hace perder el equilibrio. También se golpea la cabeza al caer.

Oye el sonido del impacto retumbar en la cabaña.

Y luego, la oscuridad.