Llamada a larga distancia #3
Milene manipuló el ordenador y compartió una imagen entre ambos dispositivos. En ella se veía a dos hombres que caminaban entre los pabellones de Basurto. Uno de ellos parecía en mal estado y su acompañante le arrastraba hasta un vehículo aparcado algo más allá.
—No sé qué quieres que vea en esa imagen. Está muy oscuro y no se distingue bien.
La expresión de Ibai cambió por completo cuando le mostraron la siguiente imagen. En ella se apreciaba algo mejor su rostro y se distinguía perfectamente la ropa que llevaba. Quiso salir del paso como pudo, pero los investigadores no se tragaron el cuento.
—Yo, no sé… Ahí no se distingue nada, puede ser cualquiera. ¿Qué quieren de mí?
—Veamos otra fotografía. ¿Te suena de algo este coche?
Koldo había subido una imagen del Renault 19 saliendo del hospital con dos personas en su interior sobre las 5:40 de la madrugada de aquel día de marzo.
—No, lo siento. Podemos acabar de una vez, ya les dije que esto es una equivocación. Quiero hablar con mi padre, no pueden retenerme aquí contra mi voluntad, ¿verdad?
Milene desvió la mirada hacia su compañero y este asintió en silencio. Ya se estaban cansando del jueguecito, por lo que decidieron acabar con tantas contemplaciones.
—¿Y este tipo te suena de algo?
—Joder, ¡qué susto! ¿Quién es ese hombre?
El gesto inequívoco del muchacho al encontrarse de frente con la imagen a pantalla completa de su supuesto secuestrador fue la prueba definitiva de sus embustes.
—Disimulas bastante mal, Ibai, tenemos experiencia en esto. Anda, hazte un favor y deja de mentirnos para no meterte en más líos. Tenemos todas las pruebas que necesitamos, así que solo nos queda tu confirmación. ¿No le conoces?
El chico agachó la cabeza y se echó a llorar. La presión le estaba afectando demasiado, pero los investigadores no podían ceder ahora. No tan cerca de su objetivo. Necesitaban la prueba definitiva.
—Lo sabemos, Ibai, no te apures —dijo Koldo tirándose un farol—. Es el tipo que te secuestró, ¿verdad? Algo pasó después y tu padre no quiso que te metieras en problemas, de ahí que retirara la denuncia. Pero algo no cuadra y al final todo se acaba sabiendo, es ley de vida.
—Sí, la hostia, es él. Lo siento, yo no quería…
—Tranquilo, no pasa nada. Explícanos lo que sucedió paso a paso, nadie te va a juzgar. Y puedes ayudarnos a salvar a otros chicos como tú. Por favor…
Ibai explicó a los policías lo que sucedió en realidad en aquel banco solitario de Basurto cuando se acercó al hombre misterioso pensando que se encontraba en apuros.
Sintió entonces un pinchazo y después solo recordaba una especie de nebulosa mental hasta que despertó horas más tarde.
Guardaba imágenes inconexas en su memoria, justo antes de aparecer en un descampado desde el que se divisaba la inconfundible silueta del hospital de Cruces.
Llamó a su padre y fueron a recogerle en coche sin saber lo que le había sucedido.
—Lo estás haciendo genial, vamos muy bien. Nos tienes que contar lo qué pasó después, es muy importante. Creemos que ese hombre es un asesino y queremos capturarle antes de que le haga daño a alguien más. Estamos en tus manos, necesitamos tu ayuda —le imploró Milene.
El chico se derrumbó y acabó por confesar.
Le contó lo sucedido a su padre y este le dijo que debía olvidarse del tema.
Había recibido una llamada esa misma mañana con instrucciones muy claras que debían cumplir a rajatabla si no querían verse envueltos en problemas.
Por lo visto, el criminal exigió al señor Larrea que no hablara con la policía y que retirara la denuncia en caso de haberla interpuesto.
Que se olvidara del tema para siempre si no quería que para la próxima ocasión, en vez de un secuestro exprés, recibiera el corazón de su hijo por correo.
Un detalle que no pasó desapercibido para los investigadores.
—¿Mencionó expresamente lo del corazón en su llamada? —preguntó Koldo interesado.
Ibai asintió con lágrimas en los ojos. No quisieron importunarle más.
Le aseguraron que les había ayudado mucho y que no tendrían en cuenta el falso testimonio realizado meses atrás.
Milene le prometió que no le molestarían y podría retomar sus clases en Nueva York.
Ya se encargarían ellos de hablar con el señor Larrea en Bilbao si necesitaban alguna aclaración.
—Y no te preocupes —dijo Milene, esta vez con más cautela—.
Vamos a mantener esto bajo estricta reserva mientras dure la investigación.
No podemos garantizarte que no trascienda en el futuro si el caso llega a juicio, pero haremos todo lo posible por protegerte y que tu padre no tenga noticia inmediata de este contacto.
Tu prioridad ahora es terminar tus estudios y mantenerte a salvo.
Se despidieron del estudiante esperando que toda esa situación no le creara ningún trauma.
Pero no podían olvidar que el psicópata que buscaban, al parecer causante al menos de un brutal homicidio en pleno centro de Bilbao, había hecho sus primeros escarceos criminales con el joven.
Un secuestro que no llegó a término por una causa que desconocían y que quizá pudiera ayudarles a encauzar el resto de los casos que se traían entre manos en las diferentes dependencias policiales.
¿Por qué el hijo de Larrea se había librado de la muerte?
¿Qué relación guardaba el directivo de EuskoPetrol con el consejero delegado del BIB o el jefazo de la compañía hidroeléctrica del Cantábrico?
Muchas incógnitas, algunas luces y demasiadas sombras en unas investigaciones que les estaban llevando al límite.
—Esto pasa ya de castaño oscuro, Milene.
Si Orbea no me da su permiso, pienso presentarme en la oficina o en la casa de Larrea, se acabó el cachondeo.
Como si me lo tengo que llevar detenido, ya me atendré a las consecuencias después.
A este chaval lo soltaron por algo, igual su padre llegó a un acuerdo que desconocemos con el extorsionador.
Quizá sus acciones salvaron a una posible víctima y condenaron a otras.
Necesitamos saber lo que ocurrió en realidad y yo pienso averiguarlo.
—El cerco se estrecha, Koldo. Casi lo tenemos, lo presiento.
La afirmación de Milene se acercaba más a la realidad de lo que ella suponía. Pero en ese momento no era consciente de lo que los causantes de tanto dolor tenían pensado como siguiente fase de su diabólico plan.