La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) La tentación vive muy cerca
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La tentación vive muy cerca

La investigación avanzaba a trompicones en todos los casos abiertos desde el descubrimiento de los cuerpos en La Ojerada, pero parecía que tanto esfuerzo realizado comenzaba a obtener sus frutos.

No es que les fueran a dar la medalla al mérito, pero al menos el gesto del teniente Gálvez se notaba un poco menos avinagrado.

Algo que Milene agradeció, ya que parecía que siempre le caían a ella las broncas por ser la novata en la unidad.

Esa misma tarde habían tenido una reunión en el edificio principal de la policía judicial de Santoña a la que solo asistieron miembros de la Guardia Civil.

Con la Ertzaintza tenían comunicación directa a través de los diferentes mandos a cargo de los operativos, pero no veían apropiada una reunión conjunta con todos los investigadores implicados, por lo menos durante esa semana.

Esas eran las directrices de los que mandaban y ella no iba a cuestionarlas.

De todas formas, Milene se pasaba el día con Koldo y convivía con Carmen, por lo que estaba también bastante informada sobre los avances de la pareja que formaban la guardia Ramos y el subinspector Aguirre.

Solo le faltaba conocer los entresijos de más alto nivel, los relacionados con la alta política, que era dónde realmente se tomaban las decisiones importantes.

—Muy bien, voy a hacer entonces una recapitulación y asignaré tareas para continuar en la brecha. Todavía nos llevan ventaja los malos, pero estamos más cerca. Y no quiero incidir en lo que ya sabéis: los vascos no nos pueden comer la tostada.

Milene sabía que lo del operativo conjunto no funcionaba exactamente como un reloj.

Sí, habían formado parejas de un ertzaina con un guardia civil y a veces trabajaban juntos, pero en muchos momentos del día cada uno se preocupaba de reportar a su jefe inmediato.

Y esos jefes tenían a su vez otros superiores que les apretaban las clavijas.

De ahí que hubieran dispuesto medios adicionales, tanto en la Comandancia de Santander como en la Compañía de Santoña, para que ayudaran a los investigadores principales en su tarea.

Era consciente de que en la comisaría principal de Erandio hacían lo mismo.

Todos los técnicos que cribaban las imágenes de las cámaras de tráfico o buceaban en registros telefónicos hacían horas extras para satisfacer la ambición de sus responsables.

Ambos cuerpos de seguridad querían arrogarse el mérito de descubrir a los culpables y habían puesto toda la carne en el asador.

Y más les valía, tanto en Cantabria como en el País Vasco, antes de encontrarse con un problema mayor.

El mismo que mencionaba en ese momento el teniente Gálvez.

—No voy a ponerme a chillar de nuevo, ya tuve bastante ayer cuando me enteré del desastre. Tengo el colesterol por las nubes y el médico ya me ha avisado. No quiero que me pegue un chungo si me sube de golpe la tensión, así que me lo voy a tomar con algo más de calma.

Se escucharon murmullos sofocados con rapidez por la siguiente intervención de Gálvez.

—Pero no os equivoquéis conmigo. Os juro que acabaré pillando al hijo de puta que ha filtrado la noticia y os aseguro que le pondré de patitas en la calle yo mismo.

Eso si no se lleva primero dos hostias bien dadas de mi parte, sobre todo por jodernos la investigación.

Y me da igual que sea hombre o mujer, podéis llamarme machista o lo que os salga de ahí mismo.

Me la suda todo ya, me cago en la puta. ¿Ha quedado claro?

Nadie se atrevió a hablar en voz alta y solo se escuchó el zumbido de las moscas en la sala.

Milene echó un vistazo alrededor y únicamente divisó gestos compungidos y cabezas agachadas.

Todos conocían el carácter volcánico del teniente, que se exacerbó el día anterior al enterarse de la mala noticia: los periódicos abrían portadas con el asesinato del nieto de Lazcano, el gran jefe de la mayor compañía eléctrica española, y se estaban ensañando con ellos.

Los medios acusaban a las autoridades de ocultar la verdad, a sabiendas de que la sociedad demandaba saber lo que ocurría.

Un asesino en serie estaba acabando con la vida de los familiares de algunos de los hombres de negocios más importantes del país y nadie parecía tomar las riendas de la investigación.

Eso es lo que se mencionaba en artículos de opinión o lo que decían en tertulias de tres al cuarto los periodistas que se recreaban con la noticia.

Nadie hablaba durante esos días de la pandemia o de la guerra en Ucrania, ya no había otro tema de conversación más interesante que tratar.

Y claro, las presiones se intensificaron.

—Por lo menos no han publicado fotos del muchacho ahí colgado con las tripas al aire.

Si llega a suceder, igual hasta nos cierran el chiringuito, los ánimos están muy caldeados.

Nos han llamado de la central y están que trinan, no os hacéis una idea.

Y eso no es todo. El ministro viene de visita desde Madrid y no piensa marcharse hasta que se solucione todo.

Os podéis imaginar lo bien que se lo han tomado los jefes.

Solo nos falta tener aquí al político ejerciendo de juez de instrucción y organizando nuestro trabajo.

Así que más nos vale ponernos las pilas.

Gálvez continuaba con su soliloquio y su audiencia comenzó a ponerse nerviosa.

Todos eran conscientes de la situación, no hacía falta tratarlos como a niños.

La profesionalidad de los allí presentes se daba por supuesto y todos se dejarían la piel para atrapar a los culpables.

Por lo menos Milene se había conjurado para darlo todo, intuía que estaban más cerca de la solución y no podían desfallecer tan cerca de la meta.

—Tenemos ya los resultados de la autopsia.

Al parecer, le arrancaron el corazón cuando todavía se encontraba vivo, menudos hijos de perra.

Por lo menos, a este cadáver no lo limpiaron después de muerto con el mismo producto que a las anteriores víctimas y los forenses andan buscando huellas o rastros de ADN que nos puedan servir.

El oficial desgranó otros datos que interesarían a los investigadores allí reunidos.

Al parecer, el chico vivía solo y no tenía mucho trato con su familia, por lo que nadie alertó de su desaparición en Bilbao.

Desde Erandio hablaron con su empleador y este les mencionó el mensaje que recibió como excusa de Egoitz para ausentarse unos días por asuntos familiares.

—La Ertzaintza está investigando ese WhatsApp y nos mantendrán informados.

Al parecer, también presionan a la compañía telefónica para conocer los últimos mensajes y llamadas de la víctima.

Eso sí, han conseguido ya la última ubicación con la triangulación del móvil antes de que lo apagaran.

Creen que al chico lo secuestraron en lo alto de un monte a las afueras de Bilbao, en una zona llamada Cobetas, que fue donde se perdió la señal del teléfono y apareció malherido su perro, un border collie . Así que ahora nos toca a nosotros.

—Ejem, perdone, teniente… Lo del compuesto químico —le interrumpió Merino.

—Ah, sí, se me olvidaba. Los forenses han encontrado una sustancia extraña en el organismo de la víctima.

A ver, un momento, tengo que consultar mis notas.

Sí, eso, se trata de una neurotoxina. Por lo visto, han aparecido trazas de ese compuesto en el análisis toxicológico.

Creo que es algo así como un bloqueante muscular que se utiliza a veces en medicina, pero que también sirvió al criminal para dejar a la víctima completamente a su merced.

Milene recordó haber leído algo parecido en algún sitio, pero relacionado con el curare, sobre una persona que quedó paralizada, sin poder hablar ni moverse, mientras se enfrentaba a otro tipo de criminal.

Sintió entonces una especie de escalofrío al intentar ponerse en la piel de la víctima, tratada peor que a un animal en el matadero.

El asesino le había inyectado esa sustancia para evitar que se resistiera, pero también para mantenerla consciente y alerta mientras le arrancaba el corazón.

Una crueldad sin límites que no podía comprender.

Decidió guardarse para sí misma dicho pensamiento, no quería interrumpir al teniente durante su exposición.

—Quiero a todo el mundo en marcha. Tenemos que averiguar dónde se puede conseguir esa sustancia del demonio, no creo que sea tan fácil obtenerla si no eres médico o trabajas en hospitales o farmacéuticas. Removed cielo y tierra, me da igual. Si damos con el comprador tendremos a nuestro hombre.

Gálvez siguió asignando tareas. Habría que continuar revisando cámaras que pudieran haber captado alguna imagen del asesino o su víctima, interrogar a posibles testigos, investigar en el entorno de Egoitz Lazcano y cualquier otro detalle que se les ocurriera.

Aparte de seguir en contacto con la policía autonómica vasca para no solaparse en sus acciones.

—Y quiero que los del SECRIM vuelvan si hace falta a la puñetera cueva en la que apareció el corazón.

Tiene que haber algún indicio, maldita sea, que la peinen centímetro a centímetro si es necesario.

Y buscadme también qué coño significa eso de Imperator.

El muy cabrón se cree que puede jugar con nosotros, pero vamos a cazarle como a una alimaña.

El día se hizo muy largo, pero por fin pudo salir del edificio de la Benemérita y respirar un poco de aire fresco.

Milene decidió dar una vuelta y se acercó hasta el paseo marítimo para despejarse.

La noche era agradable y no quería encerrarse en casa, a pesar de saber que al día siguiente madrugaba para afrontar otra jornada de campeonato.

Mientras caminaba por el pueblo sin prestar atención a su recorrido, la joven llegó a la plaza principal, el verdadero epicentro de Santoña, como le aseguró Carmen el día que salieron a cenar.

Eso le hizo rememorar aquella noche, uno de los pocos momentos buenos que había vivido desde que comenzó la pesadilla de unos asesinatos sin sentido que habían sembrado el caos a su alrededor.

Por inercia, siguió sus pasos recordando el camino que trazó en compañía de su amiga y los dos ertzainas.

Una sonrisa triste apareció en su rostro al evocar su baile y ese momento en el que perdió la compostura y estuvo a punto de estropearlo todo.

¿De verdad sería capaz de arruinar su vida por un hombre?

Milene valoraba mucho su carrera, por lo que apartó esos pensamientos de su cabeza.

Solo fue un momento de debilidad, un lapsus fugaz en el que se dejó llevar por el alcohol y las hormonas revolucionadas.

Igual lo que necesitaba era un buen revolcón para oxigenar la piel y relajarse un poquito.

Pero no con Koldo. O no por lo menos mientras continuaran trabajando juntos.

Y no solo por ella, tampoco quería meter en un lío al pobre chico, recién reincorporado a su puesto después de pasar por momentos tan difíciles.

Le daba cierta ternura al pensar en él y presentía que existían otros sentimientos involucrados.

¿Por qué no dejaba de pensar en el dichoso subinspector?

Poco después llegó al paseo marítimo, que se encontraba también a tope de actividad en una noche que invitaba a disfrutarla al aire libre.

Caminó con tranquilidad mientras la acariciaba la brisa marina y dejó atrás el embarcadero del que salían los barquitos que unían ese punto con la cercana villa de Laredo a través de su playa de El Puntal.

Un corto recorrido atravesando la bahía que a simple vista parecía poder realizarse incluso a nado con el mar en calma.

Milene era ajena al bullicio de los parques colindantes a ese paseo de Pereda por el que transitaba.

Al fondo, la imponente estructura del Fuerte de San Martín custodiaba Santoña desde su atalaya con varios siglos de historia a sus espaldas.

Pretendía sobrepasar ese edificio y continuar más allá para descubrir qué había al final de ese trayecto tan frecuentado por los habitantes del pueblo, sin que le llegara a dar tiempo antes de ser interrumpida de nuevo.

La vibración de su teléfono le avisó de la llegada de un WhatsApp.

Estuvo a punto de ignorarlo y seguir paseando, pero no pudo resistirse.

No quería ilusionarse al pensar que se trataba de Koldo para no llevarse una decepción.

Abrió la aplicación de mensajería y por un instante rogó para que no hubieran encontrado un nuevo cadáver en cualquier otro punto turístico de la comarca.

Al fin pudo respirar tranquila al comprobar que solo se trataba de Carmen invitándola a tomar algo con ella en una terraza cercana.

No pudo negarse y aceptó la invitación. Sabía que sería contraproducente para su salud mental, porque los detalles más escabrosos ocurridos en los últimos días saldrían de nuevo en la conversación, pero no tenía a nadie más con quién compartir sus desdichas.

Solo esperaba que no les diera por ahogar sus penas en alcohol, ya que al día siguiente les esperaba otra jornada igual de complicada.