La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) El hombre silencioso #3
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El hombre silencioso #3

Ambos contendientes superaron sin problemas las pruebas iniciales planteadas por el inductor de aquel plan: desde cometer pequeños hurtos a dar palizas a desconocidos o cualquier fechoría que se le ocurriera a un millonario que se lo pasaba en grande poniéndolos a prueba.

Hasta que llegó la hora de la verdad. Cuando el asunto se complicó, Cómodo pensó que tendría ventaja sobre su adversario y llevaba las de ganar.

A él le pareció una chapuza lo que hizo Aquiles en el hospital de Basurto.

Sin embargo, al jefe pareció hacerle gracia y le perdonó sus múltiples fallos.

Errores de novato que él no pensaba cometer.

Al parecer, el directivo de la petroquímica reculó a tiempo de cambiar su elección en la votación de un proyecto que perjudicaba a los intereses de don José María.

Este se enteró a primera hora de la mañana del día siguiente, cuando Aquiles ya había secuestrado al muchacho, sin tiempo para reaccionar.

Así que tuvieron que cambiar los planes a toda prisa.

Don José María decidió encargarse personalmente del desaguisado, con los riesgos que conllevaba semejante desatino.

Utilizó uno de los múltiples móviles prepago que tenía a buen recaudo, parte de una remesa llegada del extranjero imposible de rastrear que le servía para sus asuntos turbios, y efectuó una llamada con un programa que le deformaba la voz para que su viejo amigo Larrea, al que tenía en marcación rápida en su teléfono habitual, no le reconociera.

A Cómodo le pareció un error grave que podría dar al traste con todo lo planeado antes siquiera de comenzar la función, pero ya no había marcha atrás.

El patrón no se cortó e hizo la llamada delante de él.

—Has tenido suerte, maldito capitalista.

En unas horas te entregaremos a tu hijo en perfecto estado, sin un solo rasguño.

No puedes llamar a la policía, y si ya lo has hecho, tendrás que retirar la denuncia y olvidarte del tema.

Si incumples una sola de estas premisas, atente a las consecuencias.

Ya has visto lo fácil que ha sido secuestrar al chaval, no tientes a la suerte.

La próxima vez nos andaremos con menos miramientos y puede que te llegue por correo el corazón de tu hijo…

Pero él también había metido la pata en su primer gran encargo, detalle que don José María pareció obviar ante la performance que organizó en el interior de La Ojerada.

Una recreación que se ganó el aplauso de su jefe sin que Cómodo se encontrara satisfecho del todo por los fallos iniciales.

Errores que no pensaba cometer de nuevo si quería tener alguna oportunidad de ganar una competición que se le había puesto cuesta arriba.

Imperator había sido generoso tras su metedura de pata con los Labarrieta, ni siquiera le había castigado por su imperdonable error.

Sabía que partía en desventaja con su oponente tras perder el primer envite, pero eso no le preocupaba en exceso.

Sí, ahora contaba con menos puntos que Aquiles, pero seguía creyendo que el chófer no era rival para él.

Aunque no debía subestimarle, esa podría ser la puntilla que terminara por agotar sus posibilidades de éxito.

Tenía pensada una estratagema que podría congraciarle de nuevo con su benefactor, aparte de proporcionarle uno de esos momentos que el viejo anhelaba desde hacía bastante tiempo.

Todavía debía darle una vuelta, tanto a la idea como a su puesta en marcha, mientras los engranajes en su cabeza giraban a toda velocidad. Estaba seguro de su éxito, no fallaría.

Le quedaba algo muy importante qué hacer.

Nada menos que averiguar la solución al enigma planteado por don José María.

El muy cabrón les había puesto un día en su pantalla gigante de televisión, tras conectarse a la aplicación de la radiotelevisión pública española, un viejo capítulo de un concurso de preguntas y respuestas que le había encandilado treinta años atrás.

Aquiles parecía muy concentrado, tal vez intentando atrapar la esencia del programa para enfrentarse después a la prueba que dispusiera su dueño y señor.

Pero a Cómodo le costaba más seguir la temática del concurso.

Manejaba bien el castellano, pero no era su idioma original.

Y además, le causó tal sopor la mecánica del programa que perdió el hilo en varias ocasiones, por lo que tuvo que obligarse a concentrarse en la pantalla.

Primero, para no perder comba de lo que sucedía y poder afrontar la prueba siguiente, si es que tenía que ver con el concurso como les había prometido don José María.

Y segundo, para no decepcionar a un hombre que ya le tenía en el punto de mira tras su fracaso inicial.

Don José María tenía muy claro que era hora de atacar a los Lazcano, y tras discutir sobre el tema, decidieron que Egoitz sería la víctima más propicia.

Por un lado tenía sus ventajas, ya que era una persona solitaria sin demasiado contacto con la familia, por lo que su desaparición podía pasar desapercibida hasta que decidieran darlo a conocer al gran público con una puesta en escena digna del mismo Hollywood.

Dejaría a Egoitz a buen recaudo en la nave que utilizaban para sus operaciones, pendiente del día más adecuado para acabar con su vida y representar una escena inédita que causara un fuerte impacto.

Para ello debía resolver primero el enigma planteado por don José María, en el que debía buscar una ubicación concreta que después utilizaría en su beneficio.

Le dieron una semana para encontrar la solución, pero el fin de semana apareció en medio del plazo impuesto y creyó que podría adelantar trabajo.

Conocía las rutinas de Egoitz y pensó que sería más fácil apoderarse de él durante esas mañanas de fin de semana en las que subía al solitario monte de Cobetas.

Así que pidió permiso al patrón y ejecutó la primera fase del plan.

Todavía no había desentrañado el misterioso acertijo proporcionado por su mentor.

Para averiguarlo solo podría utilizar los libros que atesoraba la exquisita biblioteca de la mansión, sin utilizar el móvil ni ningún dispositivo con acceso a internet.

Para que pudiera continuar con la prueba debía demostrarle a don José María, enseñándoselo directamente del libro que lo sacara, la solución a ese enigma.

Si no, no podría continuar con la tarea, por más que ya tuviera secuestrado a Egoitz Lazcano.

O por lo menos sabía que no le contaría para la puntuación definitiva, aunque al final el joven acabara muerto de cualquier otra manera.

Durante esos días le pediría permiso al dueño de la mansión para poder visualizar de nuevo el programa del que se había perdido varios fragmentos.

Debía desentrañar la forma en la que aquellos concursantes de El tiempo es oro habían averiguado su propio enigma para ayudarle a enfocar mejor sus esfuerzos.

Don José María parecía disfrutar con sus tribulaciones y, mientras tanto, le aseguró que también prepararía un acertijo similar para Aquiles.

En su caso esperarían todavía un tiempo, por lo que la víctima estaría a salvo durante unos días más.

El millonario parecía encantado con su proyecto vital, como él lo llamaba, aún a costa de dos desgraciados como ellos.

Eso no le importaba a Cómodo, que solo quería satisfacerle y cumplir con su cometido.

Aunque la promesa del premio final tampoco le disgustaba, claro está.

Debía estar preparado para buscarse la vida una vez que don José María falleciera, por lo que una buena cantidad de dinero siempre le ayudaría a comenzar de cero en cualquier otro lugar.

Primero tendría que encontrar el quid de la cuestión.

Se encontraba totalmente bloqueado y no veía una puerta de salida.

Ignoraba la respuesta a la endemoniada pregunta planteada por el inventor de un juego que le estaba poniendo a prueba.

¿Qué demonios significaba aquello? Le quedaban pocos días para agotar el plazo que le habían dado, por lo que supo que aquella noche la pasaría en la biblioteca hasta dilucidar el misterio de una pregunta que no podía apartar de su mente ni un solo segundo.

«¿En qué lugar del norte de España se ubica un recóndito lugar cuyo nombre evoca a un abate francés que descubrió algo milagroso?».

Cuando consiguió averiguar la solución, supo que su momento había llegado. Hizo los preparativos necesarios para llevar a cabo su plan, seguro de su victoria. El final de la competición se encontraba muy cerca y él sería el único vencedor.