La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) Confidencias a medianoche #3
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Confidencias a medianoche #3

—Ya sabes que hay estudios que demuestran que algunos asesinos en serie tuvieron sus primeros escarceos criminales acabando con la vida de animales domésticos.

Prueba, ensayo y error, el método científico, no tenían otra manera.

En nuestro caso el tipo se vio en una complicada tesitura y no supo solventarla a la perfección.

Por lo menos en cuanto al secuestro y el asesinato.

He de decir que la escenita que montó después en la cueva sí me impresionó.

Esa Piedad estaba muy lograda; impactaban las imágenes y eso que solo las he visto en fotografía.

—Ya te digo, fue un shock. Y todo en medio de un enclave tan idílico, frente al mar y rodeado de rocas. Tienes razón, el tío ganó puntos con esa recreación, era muy impactante. Como diciendo que la había cagado al principio pero que remataría a lo grande su función.

—Exacto, algo así. No podemos meternos en su cabeza, pero me suena plausible.

Sin embargo, en el otro crimen todo parece llevar una pauta distinta.

Creo que podría tratarse de una persona diferente, sobre todo si nos fijamos en matices no tan evidentes para el ojo poco avezado.

Eso sí, la preparación y puesta en escena han sido mucho más concienzudas.

—Vale, apoyo la moción por un momento. El segundo caso ha sido un poco más profesional, puede ser. Y quizá pueda comprarte la idea de que la mano ejecutora sea otra, no lo tengo yo tan claro.

—Sí, fíjate; se ve una evolución, un patrón de mejora entre ambos casos. El secuestro del segundo homicidio es más profesional, en una zona más apartada, sin testigos inoportunos. Y te quiero plantear dos posibles teorías a partir de ese momento.

—Adelante, no te cortes.

—El tipo se la juega a continuación y nos deja un regalito envenenado en pleno centro de Bilbao.

Eso podría deberse al afán de notoriedad, como si quisiera decirnos en nuestra jeta: «Aquí estoy yo».

No sé, como si fuera el preludio de lo que está por llegar.

Nos deja bien claro y meridiano que no nos tiene miedo y muestra al mundo su obra.

—Ya, pero eso no cuadra con lo que estábamos diciendo hasta ahora. ¿Y la otra teoría?

—Que la rivalidad entre ellos es el verdadero motor. Cada crimen es una respuesta técnica al anterior.

—Ya echaba de menos tus famosas teorías. ¿Son dos psicópatas o dos psicóticos? O uno de cada, tal vez. Y si en verdad tienes razón esto va mucho más allá, no quiero ni pensarlo.

—Ni lo uno ni lo otro, esto parece otra cosa, no sabría explicarte.

Tengo que seguir documentándome en mis ratos libres, me tiene muy confundido.

Por un lado parece un crimen algo tosco, me refiero al de la ría.

Y por otro lado lo ejecuta casi a la perfección, sin dejar apenas pistas.

Su conciencia forense es muy buena o alguien le ha aleccionado casi a la perfección.

Por lo menos según lo que me has contado, recuerda el fotograma en el que muestra su rostro un segundo.

—¿Y si ambos se retroalimentaran? No sé, es una locura, pero por buscarle un sentido a todo esto…

—afirmó Milene mientras explicaba su teoría—.

Supongamos entonces que sí guardan algún tipo de relación, me refiero a los dos supuestos asesinos.

El primero mete la pata en determinados detalles del primer caso hasta dejar los cuerpos en La Ojerada y el otro intenta mejorarlo con el siguiente crimen.

Hasta los dos escenarios tienen algo que ver con la religión, ¿no?

Nos dejaron una representación de La Piedad y luego una mujer crucificada.

—Sí, puede que tengas razón, no lo sabemos a ciencia cierta. Tengo pendiente leer un estudio que guardo en algún lugar sobre las crucifixiones en la Antigua Roma. Creo que lo han recreado así, a los reos los ejecutaban desnudos y les daba igual hombre que mujer.

—Ya está el friki con sus historias raras…

—Sí, anda, déjame continuar con la otra idea que te quería comentar, a ver si te cuadra.

Imagina por un momento que uno entra en el territorio del otro, comete una barbaridad y luego el otro se venga a su modo.

No puede ser casualidad que aparezca un cadáver en Bilbao viviendo la víctima en Cantabria y viceversa, hay que tirar de ese hilo.

—¿Se pican entre ambos a ver quién es más bestia?

Joder, es demasiado rocambolesco. ¿Una lucha de zumbados en el Cantábrico?

De todas maneras, sea de un modo u otro, algo se nos escapa todavía para completar el puzle.

¿Y cómo encajaría ahí lo de familiares de potentados vascos con la chica de la ría?

—No lo sé, la verdad. Es solo una hipótesis loca, tengo que seguir pensando en ello.

Y a mí no me parece tan descabellado. Si te fijas, el último crimen parece seguir también esa evolución.

Ni siquiera teníamos constancia de la desaparición del muchacho y mira la recreación que ha hecho en ese parque, un trabajo mucho más profesional.

Por no hablar de lo del corazón, el criminal evoluciona hacia algo mucho más inquietante.

—¿Y quién sería el culpable del último asesinato?

Tendrán que revisar las cámaras en Solares y alrededores para ver si encuentran algún indicio.

Y hablar con la compañía telefónica para poder rastrear la última ubicación del móvil de la víctima y de ese modo acercarnos un poco al lugar en el que le secuestraron.

Y luego… Buff, menos mal que no estoy en ese caso.

Por cierto, ¿vendrás por aquí cuando acabes en Nueva York?

—No creo, Milene. Me quedan aún algunos días en la Gran Manzana, pero creo que sería contraproducente que me presentara yo allí. Imagino que con tu presencia en Santoña y la investigación conjunta con la Ertzaintza ya tienen bastante, no calentemos más los ánimos.

—Y no te olvides de tu amigo Bermejo… Puede que tengas razón, Pablo.

A mí me miraron un poco raro al llegar, pero parece que me han aceptado más o menos.

Como ya conocía a Carmen y eso, creo que me toleran algo más.

Mejor no meter más ingredientes en la tarta, tienes toda la razón. Otra cosa es que seamos capaces…

—En cuanto a la investigación en sí, eso os lo dejo a vosotros, sabéis hacer perfectamente vuestro trabajo y el esfuerzo dará al final sus frutos.

Lo que necesitamos ahora es otra cosa, estamos intentando elaborar un perfil del asesino o asesinos por si os puede orientar en las pesquisas.

Si conseguimos meternos en sus cabezas tendremos más cerca la victoria final.

—No es tan fácil, Pablo, te lo aseguro. Nos llevan mucha ventaja, andamos muy perdidos en estos momentos.

—No te preocupes, al final los atraparemos. Siempre cometen un fallo y entonces, zas, caemos sobre ellos sin piedad. Y me refiero a los dos, porque ahora mismo me jugaría la paga de este mes a que son dos asesinos diferentes. Cada vez lo tengo más claro.

—Muy seguro pareces, yo no lo veo así de momento. Ah, una preguntita para el experto. A ver, según tu hipótesis, que antes no me has contestado, ¿quién ha cometido el último asesinato?

—El de la cueva, sin duda, fíjate en la extracción del corazón.

En la primera escena dejaron los cuerpos intactos, pero aquí, para ganar el envite técnico, han pasado a la exéresis de órganos.

Es una progresión de la puesta en escena.

Si el primero dejó una recreación artística, este ha tenido que responder con una recreación visceral para marcar territorio.

Y si te fijas, incluso podemos seguir con la teoría de las recreaciones o alegorías religiosas.

—¿A qué te refieres?

—A que ha recreado a los caballucos del diablo. Y el diablo era un ángel caído, ¿no? La representación puede asemejarse a un ángel que vuela sobre nuestras cabezas o algo así, no sé.

—Joder, se te va la pinza. Se lo mencionaré a Carmen, de momento no me voy a meter en ese berenjenal. Y entonces, ¿debemos esperar a que el supuesto tipo de la ría cometa una salvajada de mayor calibre?

—Yo no lo descartaría. Bastante tenéis con investigar los crímenes como para intentar prevenir otros, pero creo que esto no ha acabado todavía. Nos queda mucha mierda por tragar.

—¡Madre mía! Mejor no lo pienso, esto me sobrepasa. Dos psicópatas enfrentados en un duelo a muerte en la cornisa cantábrica y los muertos son otros, no ellos. Lo siento, Pablo, es que ya no razono bien a estas horas. Estoy muy cansada, tendrás que perdonarme.

—Creo que más que fijaros en los entornos de las víctimas, como se suele hacer normalmente en cualquier asesinato para buscar culpables, creo que tenéis que buscar la relación entre los cabezas de familia.

Tiene que haber algún nexo ahí, aparte del obvio en cuanto a temas empresariales y bursátiles, entre Labarrieta y Lazcano.

Por no hablar de Larrea, que también habría que investigarlo.

Ya sabes, el de Basurto. Creo que esa madeja habría que desenrollarla también, por si las moscas.

—¿Aparte de que los tres apellidos comienzan con L?

Vale, ya me callo, que estoy desvariando.

Ok, le insistiré también a Koldo para que no abandone el hilo de los Larrea.

Hay que presionarlos e interrogar si hace falta al chaval.

Esa denuncia por desaparición que luego retiraron de forma tan extraña suena demasiado sospechosa.

El patriarca no quiere atendernos y el chico se ha esfumado, algo huele mal en Dinamarca.

—A ver si me entero yo de algo con mis contactos en la Interpol, no abandonéis esa senda. Y tirar también por el lado del político ese de Cantabria, el gurú económico. Puede que también tenga relación con los empresarios vascos.

La joven cabo de la Guardia Civil intentó hacerse una composición de lugar con todos los datos que había soltado el capitán Roncero, les faltaba el clic definitivo para que todo cobrara verdadero sentido.

Sus neuronas ya no funcionaban con claridad y esa charla le había abierto otras posibilidades que no habían tenido en cuenta hasta ese momento.

—¿Tú crees? Claro, podría ser… —pensó Milene en voz alta—.

Las víctimas vascas son una especie de castigo para esos grandes hombres, pero la universitaria nos descolocó por completo.

¿Y si el asesino lo que pretendía era que fuéramos a por el tal Pernía?

En los primeros casos actuó como ejecutor para infligir dolor a los culpables y en el otro nos pone en la senda de un indeseable para que lo hagamos nosotros.

—Todo eso unido a lo que hemos hablado hasta ahora, un plan en toda regla con múltiples aristas que todavía desconocemos. Y con ese tufillo personal que todavía no sé cómo explicar.

—Bueno, ya tengo algo en lo que pensar, ahora mismo no me rigen bien las neuronas. ¿Un duelo al sol entre dos serial killer para castigar a los ricos y poderosos? Mejor no le hablo a Gálvez de nuestras descabelladas teorías si no quiero acabar encerrada en un manicomio.

—Suena muy retorcido, pero yo no descartaría nada. Y menos a estas horas de la noche, tendremos que dejarlo para otro momento.

—Tienes razón, Pablo, me va a estallar la cabeza. Mejor nos vamos a descansar y mañana será otro día.

—Ah, otra cosa. Tenéis que buscar el corazón de ese chico. Puede que el criminal se lo haya llevado como souvenir , igual que hicieron en su momento otros famosos asesinos en serie, pero tal vez el órgano aparezca en otro sitio.

—Quizá tengas razón, se lo comentaré también a Carmen. Creo que esto no ha acabado todavía, ojalá encontremos la pista correcta para dar con los culpables.

—Pues sí, más nos vale. No te entretengo más, hablamos en otro momento si lo necesitas. Yo acabaré aquí en unos días y a lo mejor cuando regrese a España ya habéis cerrado el caso.

—No caerá esa breva… Bueno, ya hablaremos, muchas gracias de nuevo por tu ayuda. Igual estamos más locos que los psicópatas, pero me has dado muchos detalles en los que pensar.

—Buenas noches, Milene.

—Buenas noches, que descanses.