La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) Confidencias a medianoche #2
58%

Confidencias a medianoche #2

—Vimos un faro de pasada y hubiera jurado que se llamaba de otra manera. La excursión estuvo bien, corta pero chula. Ya sabes que me llamaron por teléfono y tuvimos que suspenderla.

—Mira que te gusta darle vueltas a las cosas… Total, para luego no decir nada. ¡Desembucha de una santa vez! ¿Hay tema con el muchacho o no?

—¡Pero qué dices! Se te va la pinza, tía. Somos amigos y compañeros de investigación, nada más.

—Vale, lo que tú quieras. Por eso el otro día casi te lanzas a su cuello mientras bailabais.

—Eso solo fue un lapsus, un calentón tonto. Me debo a mi trabajo y tenemos que sacar adelante el caso, tú mejor que nadie lo sabes. No caben distracciones en estos momentos, nos jugamos mucho. Por no hablar de que no quiero que me abran un expediente.

—Lo que yo te diga, te has pillado hasta las trancas del ertzaina. Menos mal que yo soy una tumba y no voy largando por ahí, tienes suerte.

—Perdona, tengo que atender esta llamada. A ver si Roncero nos puede echar una mano.

—Sí, claro, qué casualidad. Excusas nada más. Hacía tiempo que no nos veíamos pero te conozco como si te hubiera parido. Joder, estoy fatal, parezco mi madre. Bueno, luego me cuentas.

Milene ya no le hacía caso a su amiga, porque en verdad tenía una videollamada de su mentor, compañero y jefe directo en la UCO, el capitán Pablo Roncero. Se alejó unos metros de Carmen y entró en su dormitorio para hablar con más calma.

—Pablo, ¡dichosos los ojos! Vaya horitas de llamar a una casa decente —bromeó—. ¿Qué tal todo por Nueva York?

—Buenas noches, Milene. Perdona por llamar tan tarde, llevo un día de locos. Entre la diferencia horaria, las ponencias y demás, nunca encuentro el momento adecuado para llamarte.

—Tranquilo, me hago cargo. Aquí tampoco es que hayamos tenido ni un momento de descanso, la verdad.

—Sí, menuda tenéis montada por allí, ya me ha puesto al día Antúnez de las últimas noticias.

Le he intentado dar largas, pero al final tuve que cogerle el teléfono y me cayó una buena bronca, te puedes imaginar.

Creo que logré tranquilizarle un poco, asegurándole que dejarías el pabellón de la UCO bien alto.

Espero que no nos falles, estamos en tus manos.

—Joder, qué presión. Tenemos muchos frentes abiertos, Pablo, esto es un caos. Y necesitamos ayuda, a ver si tú lo ves más claro que nosotros.

—Sí, hasta aquí han llegado las noticias de los asesinatos en Cantabria, pero me tienes que explicar algunos detalles que se me escapan.

Tal vez pueda orientarte en algo o lleguemos juntos a alguna conclusión aun sin tener los expedientes delante.

La experiencia es un grado y yo me he enfrentado a más de un psicópata en mi carrera, ya lo sabes.

—Muy bien, por mí encantada. ¿Tienes tiempo ahora? Lo digo porque tengo mucho que contarte, ponte cómodo.

—Sí, claro, dispara. Ya hemos terminado por hoy en la sede central del FBI, así que estoy libre.

—De acuerdo entonces, recapitulemos. A ver, comencemos por el principio…

Milene le contó a su modo lo que había sucedido durante los últimos días entre Cantabria y el País Vasco.

Hizo especial hincapié en los datos de los que disponían hasta ese momento y las pistas que estaban siguiendo en los casos abiertos, aunque el asesinato de Mina Pepita estuviera todavía muy reciente y no hubieran podido avanzar con él.

—Buff, no me extraña que los mandos vayan como pollo sin cabeza. Menudo marrón os estáis comiendo, no tiene nada que envidiarle a alguno de mis operativos más complicados.

—Joder, eso ya lo sabemos, menudos ánimos los tuyos. ¿Eso es todo lo que me tienes que decir? Creí que podrías orientarme algo sobre el perfil psicológico de este tipo o ver qué estrategias podemos seguir para atraparle.

—A ver, no, déjame explicarte. No es una intuición, Milene, es una disonancia técnica.

He estado comparando los informes de la cueva con los de la ría.

En el caso de La Piedad , la manipulación de los cuerpos es algo tosca, casi errática, con un exceso de violencia innecesaria al arrancarles la lengua.

En cambio, en la crucifixión de la ría, el cuerpo presenta una precisión milimétrica en la sujeción, sin hematomas de arrastre.

No es la misma psicomotricidad, estoy casi seguro.

Un criminal puede evolucionar en su modus operandi , pero no cambia su firma motriz de un día para otro.

Me juego la paga a que hay dos manos distintas ejecutando el mismo guion.

—No termino de verlo…

—Incluso te diría que estos tipos no actuaron solos, habrá que comprobarlo.

Demasiadas variantes que se te pueden escapar en un momento así, habrá que hilar fino.

¿Y si además cuentan con apoyo logístico de alguna clase?

Sería algo extraño, ya sabes que los asesinos de este estilo suelen actuar en solitario, pero no lo descarto del todo.

—No me cuadra, la verdad, demasiado cogido con pinzas. ¿Y no podría ser un serial killer itinerante? Conoces casos similares, creo que el famoso Jasón era uno de ellos. Y también recreaba escenarios inquietantes en sus crímenes, me parece recordar, en su caso con un leitmotiv particular, ¿no?

—Bueno, Jasón era bastante peculiar. Y técnicamente creo que no podría considerarse un asesino itinerante.

Tenía una base de operaciones fijada y luego actuaba en un territorio muy amplio, con un diámetro de unos trescientos kilómetros alrededor de su guarida.

Y el muy cabrón regresaba siempre a su cubil, un lugar infame que recordaré siempre.

—Sí, perdona, no quería traerte malos recuerdos de vuelta.

¿Y lo de que secuestren a alguien en Bilbao y lo maten en un pueblecito cántabro o viceversa?

Eso me tiene completamente descolocada, y no solo a mí.

Las cabezas pensantes de la unidad o de la Comandancia tampoco dan con la tecla adecuada.

Ni tu amigo Bermejo, por cierto, que anda también enredando entre Bilbao y Santander, al parecer bajo las órdenes directas del secretario Mardones.

—Sí, estoy al tanto. De hecho, tuve una conversación interesante con mi buen amigo y me habló bien de vuestra labor policial en el caso. Nos quedamos un poco a medias, a ver si le llamo en otro momento y así le sonsaco un poco, por si eso os sirve para seguir avanzando con las pesquisas.

—Vaya, no sabía… —respondió Milene azorada—. Espero no haber metido la pata, jefe.

—Tranquila, está todo bien. De todas formas, sobre lo que comentábamos antes…

—Adelante, a ver si tú lo ves más claro que nosotros. Aquí está todo empantanado y en cualquier momento va a saltar la chispa en una investigación tan compleja, con tantos integrantes de por medio queriendo llevar la razón.

—Tú a lo tuyo, céntrate en el caso y olvídate de politiqueos.

Y sobre lo que comentas entre Bilbao y Cantabria, es también curioso.

Mira el mapa y la trayectoria de los cuerpos: el sujeto del primer crimen exportó el escenario desde Bilbao hasta el corazón de Cantabria, a la cueva de Ajo.

Pero el segundo ha hecho el camino inverso con una limpieza técnica que parece un desafío; ha golpeado en territorio cántabro para ir a plantar el cadáver en pleno centro de Bilbao.

¿No lo ves? Es una simetría antagónica. Se están respondiendo entre ellos a través de los escenarios, invadiendo el campo del otro para demostrar que pueden hacerlo mejor.

—¿Como si compitieran entre ellos? Joder, lo que nos faltaba.

Mejor que no se enteren los jefazos. Por no hablar de los medios, nos iban a lapidar.

¿Lo dices en serio? Mira que me cuesta comprarte algo así sin una sola prueba de ADN que lo respalde, Pablo.

Suena más a una de las novelas de Miriam que a un informe de la UCO.

—Es la única explicación técnica que justifica ese patrón. No se preocupan por nosotros, Milene; se están respondiendo entre ellos a través de los escenarios.

—Hombre, eso no te lo compro. Si no se preocuparan de nosotros no se andarían con tanto cuidado: limpiar todo tipo de huellas o rastros, ponerse pasamontañas y guantes, atacar en horas intempestivas o en lugares apartados, etc.

—Sí, eso sí, tienes razón. Me refiero a que su fin principal no es evitar que les pillemos, aunque evidentemente no quieren acabar en la cárcel porque se les jodería la diversión.

Me da en la nariz que esto es algo más personal, de ahí esa especie de escalada criminal.

Parece como si quisieran demostrarle al otro que cada uno es el mejor en lo suyo, sea lo que sea.

—¿En serio?

—Sí, fíjate bien. Yo ahí veo una especie de evolución, está muy claro.

El primer secuestro y asesinato fue una auténtica chapuza.

Tuvo que montar una buena para llevarse a las víctimas en pleno centro de Bilbao, eso para empezar, con un montón de testigos presenciales.

Ya sé que según las imágenes el tipo se movía con cierta soltura y agilidad, como un profesional, eso es otro tema.

No sabemos el orden en el que murieron las víctimas, pero no creo que lo sucedido formara parte de su plan original.

Y después les corta la lengua para despistar, no tiene mucho sentido.

Se le fue completamente de las manos, no estaba preparado para enfrentarse a esa situación.

—O sea, que se trataba de su primer crimen y los Labarrieta fueron sus conejillos de Indias. Pobre gente, también es mala suerte cruzarse con un cabronazo de tal calibre.