Confidencias a medianoche
La semana había sido muy larga para las dos jóvenes guardias que compartían piso en Santoña durante aquel operativo tan particular.
Milene seguía ocupada con todo el asunto relacionado con la detención de Juan Francisco Pernía, el político cántabro sospechoso de matar a Marta Hinojedo, sin olvidarse de otras posibles pistas que los llevaran a resolver el crimen de la ría de Bilbao.
Por su parte, Carmen Ramos, la compañera de Oliveira, no había tenido tampoco su mejor jornada.
En la investigación que compartía con Aguirre, el subinspector de la Ertzaintza amigo de Koldo, no tenían demasiadas novedades al respecto.
Lo malo fue que ese mismo día le había caído otro problema considerable, por lo que estaba de muy mal humor.
—¡Joder, tía, no puedo más! Estamos hasta arriba de curro y encima nos endiñan este marrón. ¿Y yo ahora qué hago?
—Tranquila, Carmen. Todo está relacionado, ya lo verás. El último crimen se incluirá en la investigación conjunta, aunque de momento os haya tocado a vosotros pringar con él.
—Me parece estupendo, pero ¿no van a poner más medios? Aquí somos cuatro monos y no podemos hacernos cargo de todo, leches. ¿No iban a venir tus compis de la UCO? Por mí ya están tardando, que se queden con el caso al completo.
—Venga, no te agobies. Estoy al habla con Roncero, pero no creo que la UCO envíe a nadie más de momento, os tendréis que conformar con mi presencia.
Además, vuestra unidad es muy buena y tenemos ayuda de la Comandancia, aparte del operativo conjunto con la Ertzaintza.
Creo que tienen que confirmarlo todavía, pero juraría que la última víctima también es de origen vasco.
—Peor me lo pones, Milene. Y no me malinterpretes, me llevo bien con Ander y es un tío de puta madre. Pero esto nos queda grande, de verdad. Tanto asesinato junto en una región tan pequeña, esto no es ni medio normal.
—En eso estoy de acuerdo contigo. Los crímenes son similares, con pequeñas diferencias, y está claro que guardan algún tipo de relación que todavía no hemos averiguado.
Reconozco que todo esto me tiene totalmente desconcertada.
Los asesinatos son cada vez más bestias y las recreaciones más estrambóticas, esta locura criminal parece ir in crescendo .
La guardia Ramos no había trabajado en la UCO ni era experta en el tema, pero intuía por dónde quería ir su compañera.
Los asesinos en serie evolucionan, y dependiendo de la fase en la que se encuentren pueden cometer homicidios muy seguidos.
Conocían casos de criminales que solo buscaban notoriedad y que cada vez mataban con mayor frecuencia y sin tener en cuenta las posibles consecuencias, jugándosela en su lucha contra las fuerzas de seguridad.
¿El asesino pretendía que lo pillaran o progresaba hacia otro tipo de crímenes más macabros?
—Me has comentado antes que tenías pendiente una llamada con Roncero, ¿verdad? A ver si tu jefe nos orienta un poco, porque esto es un caos.
—Sí, me ha dicho hace un rato por mensaje que luego me daba un toque, cuando estuviera más tranquilo.
Por eso quiero tener claros todos los detalles y que no se me escape nada.
Ya sé que todos los casos están bajo secreto de sumario, pero no creo que haya problemas por comentarlo con mi superior en la UCO.
Lo malo es que también tendré que dar parte al coronel, que con tanto jaleo estoy procrastinando un poco en ese sentido y Antúnez me va a matar.
—A ver si es verdad y vemos un poco la luz en este asunto o vamos a acabar todos en la puñetera calle.
Yo no soy la única que piensa esto, los ánimos están muy bajos en la unidad.
El teniente Gálvez ya no sabe qué decirle al capitán y tienen al delegado del Gobierno en la chepa.
Por no hablar de la presión mediática, te puedes imaginar el revuelo que se ha formado en el parque de Mina Pepita, con todos esos críos por allí.
Menos mal que los compañeros de Solares se han hecho cargo de la situación enseguida.
Carmen le contó a Milene lo que había sucedido a escasos treinta kilómetros de Santoña.
No se podía imaginar el susto que se llevó ese matrimonio al encontrarse con la víctima ni el trauma terrible que podría haber supuesto para los niños el darse de bruces con semejante espectáculo.
Afortunadamente, los críos no vieron nada y los sacaron pronto de allí.
El puesto de Solares desalojó el lugar y acordonó la zona hasta que llegaron los refuerzos.
—Me gustaría saber cómo ha subido el cadáver ahí arriba este cabrón. No veas la movida con su señoría, el forense y los bomberos para descolgar el cuerpo desde esa altura. Han tenido que traer una escalera especial y montar un circo de narices en el dichoso parque mitológico.
—Por lo menos no tenemos imágenes subidas a las redes sociales, como en el crimen de la ría, ¿verdad? —preguntó entonces Milene.
—Eso parece de momento, a ver si hay suerte.
Por lo visto el señor que encontró el cuerpo, un tal Ricardo Alonso, lo hizo todo de lujo.
Sacó de allí a su familia, llamó al 062 y se puso de acuerdo con los empleados del parque para desalojarlo antes de que ningún otro niño pudiera verlo mientras llegaban los nuestros. Un ciudadano ejemplar.
—Ojalá tengas razón y nadie haya sacado una foto. Reconozco que yo soy la primera a la que le gusta ganar notoriedad en redes sociales con algún post, aunque espero que a nadie se le ocurra subir la imagen de ese pobre chico ahí destripado.
—Si solo hubiera sido destripado…
—¿A qué te refieres?
—A que la causa de la muerte parece ser una más concluyente: le arrancaron el corazón.
—¡La madre que me parió! Joder, qué animal. Espero que fuera post mortem …
—Eso lo dirá la autopsia, se han llevado el cuerpo al Instituto Legal de Santander.
Y ya estamos otra vez con el rollo de las jurisdicciones, si encima el chico es vasco tendremos de nuevo jaleo.
Imagino que se hará cargo de la instrucción el mismo juez de Santoña que lleva lo de La Ojerada, aunque al final todos los crímenes converjan en el mismo psicópata.
—El asesino juega con nosotros. No solo parece conocer las técnicas forenses, también sabe que nos complicará mucho la existencia con trabas legales al aparecer cadáveres de ciudadanos vascos en territorio cántabro.
—Por no hablar de que la tiene tomada con las grandes familias bilbaínas, los que manejan el cotarro en la región e incluso más allá.
—Ese detalle no lo conocía yo todavía. ¿Ya se ha confirmado?
—Sí, el chico llevaba la documentación encima.
Se llamaba Egoitz Lazcano y era el nieto del patriarca de la Hidroeléctrica del Cantábrico, la gran compañía energética.
La familia ya ha sido informada y han pedido la máxima discreción.
A ver si esta vez tenemos más suerte y la noticia no salta a los medios tan rápido para que podamos hacer bien nuestro trabajo.
—Joder, el tío apunta fuerte. No es que sean grandes empresarios vascos, es que ha ido a por dos de las empresas más importantes del Ibex-35: el banco BIB y la compañía eléctrica del Norte. Igual ese es el hilo conductor del que tenemos que tirar.
—Pues no lo sé, quizá tengas razón. Esas compañías tendrán infinidad de enemigos: desde cualquier contrincante empresarial con contactos al más alto nivel, hasta políticos, directivos o empleados descontentos.
Por no hablar de gente a la que han desahuciado por una hipoteca en ese banco o le han hecho cualquier perrería en sus contratos energéticos.
Una auténtica locura, los posibles candidatos pueden ser miles y no tenemos capacidad para acometer una investigación de tal envergadura.
Nos faltan medios y tiempo, eso como poco.
Milene reflexionó un momento sobre la última intervención de su compañera, hasta que le detalló su particular idea.
—Yo estaba pensando en algo más personal, como darte una lección que nunca olvidarás al asesinar a tus seres queridos.
Ya sabes, si te cargas de ese modo a los familiares de Lazcano y Labarrieta es por algo concreto.
Aparte de que mandas también un aviso para navegantes.
¡Joder, no me había dado cuenta! Ahora, aparte de investigar estos crímenes, vamos a tener que vigilar a las familias de otros posibles candidatos.
El Ibex-35 es muy grande y todavía quedan otras empresas importantes que tienen intereses en el norte de España.
—Buff, mejor nos preocupamos de los que ya están muertos. Si los jefes quieren avisar a otras familias que se encarguen ellos y pongan a otros compañeros con la tarea. Nosotros no damos más de sí, es lo que hay.
—Sí, tienes razón, perdona. Yo le sigo dando vueltas en voz alta, me ayuda a concentrarme en el caso. Pero entonces me surge otra duda.
—A ver, suéltalo. Igual entre las dos vemos algo que se nos escapa.
—Pues que no sé dónde encaja el asesinato de Marta Hinojedo y la hipótesis se tambalea un poco. Tendremos que darle una vuelta todavía, a ver si lo hablo también con Gálvez para conocer su opinión.
—Tienes razón, habrá que seguir devanándose los sesos para encontrar la solución. De todas formas, estoy muy harta de todo esto, la verdad. Y todavía no ha empezado el verano, se me va a hacer muy larga este año la temporada estival. Oye, y por cambiar de tema. ¿Qué tal con tu compi de patrulla?
—¿Con Koldo? De momento bien, no me quejo.
Tendré que comentarle a él también esta idea, a ver si podemos sacar algo más en claro.
Él anda todavía emperrado con el tema del supuesto secuestro de Basurto, y eso que no ha conseguido avanzar por ese lado.
El señor Larrea está muy ocupado y no tiene tiempo para atendernos y su hijo, casualmente, anda de vacaciones fuera del país.
—Sí, sí, muy bien… Yo me refería a otra cosa, no te escaquees. Al final no me contaste qué tal la excursión por el monte Buciero. ¿Fuisteis al faro del Salto del Caballo?