La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) Las nuevas pistas
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Las nuevas pistas

La decepción se pintó en el rostro del subinspector, aunque intentó no dejarla traslucir al exterior. Se les había fastidiado el plan dominical, sin que ello significara que tuviera que abandonar la compañía de Milene en ese mismo instante.

—Tranquila, no te preocupes. Tenemos un pequeño trecho para bajar ahora, espero que les hayas avisado. Yo te llevo después hasta tu casa si quieres.

—Sí, les he dicho dónde me encontraba y que iría lo antes posible. Me viene bien que me lleves, así me cambio rápido y tiro para Santander. Oye, ¿por qué no te vienes conmigo? Bueno, quizá no es plan que te presentes así en el cuartel, perdona por habértelo mencionado.

—No te preocupes, tengo una muda limpia y ropa para cambiarme en el coche, siempre voy preparado por si acaso. Si a tu compi no le molesta, puedo subir al piso y vestirme allí. Luego montamos en el Focus y nos vamos a toda leche hasta Santander. ¿Te parece bien?

—Sí, claro, genial. Además, así te enteras de primera mano de las buenas nuevas, que para eso somos compañeros en este caso. Al parecer, han localizado al famoso JF, el misterioso amante de Marta que profirió esas amenazas cibernéticas.

—¡No jodas! Estupendo, a ver si pillamos a ese cabrón.

Aceleraron el ritmo para transitar a la inversa por el pequeño tramo ya recorrido, y alcanzaron el vehículo de Koldo en un cuarto de hora. Enfilaron hacia el apartamento de Carmen y llegaron en pocos minutos, dispuestos a arreglarse antes de acudir a la central de la Guardia Civil en Santander.

No había roto casi ni a sudar en un trayecto tan breve, por lo que Koldo simplemente se cambió en el baño mientras Milene se arreglaba en su habitación. Tardaron menos de cinco minutos en estar preparados para regresar a la carretera.

No creía que Milene se asustara porque le imprimiera un poco de velocidad a su viejo Focus, así que aceleró por la A8. Enseguida entraron en la sede de la Comandancia y se reunieron con uno de los oficiales veteranos del acuartelamiento, el teniente Garrido.

—Por cierto, Oliveira… —dijo Garrido—. Creo que ya le conocéis, pero está por aquí el tal Bermejo, el asesor enviado desde el ministerio para que no nos tiremos los trastos a la cabeza.

Milene miró en ese momento a Koldo y este le hizo un gesto ambiguo con la cabeza. El famoso Bermejo parecía tener el don de la ubicuidad, aparecía por todas partes.

—Era por avisaros, él ya está enterado de las buenas nuevas. Creo que ahora mismo se encuentra en el despacho de Lozano, hablando con el capitán y con alguien de la Consejería de Presidencia.

—¿De qué estamos hablando exactamente, mi teniente?

El oficial de la Guardia Civil les dio entonces unos datos interesantes sobre las pesquisas realizadas. Cuando supieron la identidad del sospechoso ambos se quedaron bastante sorprendidos.

—¿En serio? No me jodas, no esperaba que fuera un político —exclamó Koldo.

—Estamos seguros, ¿verdad? —preguntó entonces Milene.

—Al cien por cien, no hay ninguna duda. El tipo que escribió esos emails, el mismo que se ocultaba bajo el seudónimo de JF, que en realidad son sus putas iniciales, es el ojito derecho del consejero de Hacienda.

Un tal Juan Francisco Pernía, natural de Somo y residente en Pedreña junto a su mujercita, una tía de buena familia de la provincia, los Canales.

Al parecer, el político era el número dos de Hacienda en Cantabria, solía ejercer en la sombra y no era muy conocido.

Por lo visto, no querían quemarle ante los medios porque se rumoreaba que el consejero iba a dimitir por motivos de salud y el presidente nombraría entonces a Pernía como el nuevo jefazo de un departamento tan importante del ejecutivo cántabro.

—¡La madre que me parió! Habrá que ir a por él antes de que lo blinden. ¿Aquí son aforados los consejeros? Bueno, que se preocupen jueces y fiscales, primero hay que trincarle.

—El ertzaina tiene toda la razón, Oliveira.

Ya hemos enviado una patrulla a su casa y al club de campo que suele frecuentar los fines de semana, ya que hoy no se encuentra en su despacho.

Nada de sirenas ni de detenciones mediáticas de momento.

La idea es invitarle a venir a la comandancia como "persona de interés" para colaborar en una investigación urgente.

Si muerde el anzuelo y viene por su cuenta, no hay lectura de derechos inmediata y podemos tantearle.

—En cuanto huela que la cosa va por Marta exigirá la presencia de un abogado y se cerrará en banda —aseguró Milene—. Estos tipos no dan un paso sin un penalista al lado.

—Cierto, por eso el capitán quiere recibirle en su despacho, no en una sala de interrogatorios.

Un ambiente cordial, un café… Intentaremos que suelte alguna perla antes de que la situación se vuelva procesal.

Si le preguntamos por temas de la Consejería o por esos contratos que vigila la UDEF, igual se relaja pensando que solo venimos por el dinero y se descuida con lo de la chica.

—Espera, ¿has dicho la UDEF? —inquirió Koldo—. ¿Qué pinta la Policía Nacional en esto?

—En cuanto he metido su nombre en el sistema me ha saltado una alarma del CITCO, ya sabéis, el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado que coordina los operativos policiales —informó Garrido—.

La UDEF le vigilaba y he tenido que llamarlos para no joder una operación en curso.

Me ha costado trabajo dar con alguien hoy domingo, pero al final he conseguido algunos datos.

—¿Y bien?

—Menudo pieza está hecho el amigo. Los de la Unidad de Delincuencia andan detrás de él por un chanchullo con cuentas opacas en paraísos fiscales.

Dinero negro que ha servido para pagar mordidas y otros mamoneos de una urbanización de lujo que se está construyendo en Pedreña.

Y eso que su suegro es constructor, Dios los cría y ellos se juntan.

—Bueno, pero la UDEF tendrá que dejarnos hacer nuestro trabajo, ¿no? Un asesinato, y más si es uno tan mediático, debería prevalecer sobre cualquier delito de corrupción o blanqueo de capitales.

—No te equivocas, pero debemos andarnos con cuidado para no pisar ningún callo.

Como os decía, se trata del niño bonito del ejecutivo y su familia política tiene mucho poder en la región.

Hay que dejarlo todo bien atado antes de lanzarnos a por el pez grande, ya me entendéis.

Además, puede que las dos investigaciones se solapen.

¿Quién nos dice que esos abultados ingresos que efectuaba en metálico Marta Hinojedo en una de sus cuentas no provenían de esos paraísos fiscales?

—Eso sería fantástico, podríamos trincarle por cualquiera de los dos lados —dijo Koldo—.

Seguro que se aviene a largar por esa boquita y vender a su madre si hace falta por conseguir un buen acuerdo con el fiscal.

Y me parece a mí que si al final se demuestra que es el asesino de la chica no se va a librar de la prisión permanente revisable.

—Eso habrá que verlo todavía. De momento, vamos a prepararnos para su llegada. Acompañadme a la sala de reuniones, por favor.