La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) Conversaciones a deshoras #2
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Conversaciones a deshoras #2

Esa misma noche, tras cenar frugalmente y relajarse tomando una copa de vino, decidió que había llegado el momento de efectuar una llamada transoceánica.

A escasos minutos de las doce de la noche en España, cerca de las seis de la tarde en la costa Este norteamericana, pensó que podía ser un momento igual de bueno que cualquier otro.

Buscó el número de Roncero y lo marcó sin más dilación.

—¿Bermejo? —respondió al instante Roncero, al parecer sorprendido—. No esperaba su llamada tan tarde, creo que en España ya es hora de retirarse a descansar.

—Estamos casi en verano, Pablito, y aquí no rigen los horarios norteamericanos —replicó Bermejo—. ¿Te pillo bien ahora? No quería molestarte, espero no haber interrumpido nada importante. Por eso te he llamado a estas horas…

—Tranquilo, por hoy ya hemos acabado en la sede del FBI. La verdad es que están siendo muy interesantes estas jornadas, aunque imagino que no me llama solo para interesarse por mi experiencia en Nueva York.

—Has dado en el clavo, chaval. Creo que ya conoces mi papel en todo este follón organizado en el norte y necesito hablar contigo sobre estos casos, a ver qué opinas —reconoció el antiguo policía—.

Hay cosas que no me encajan, y pensé que tu perspectiva podría ayudarme.

Además, tu pupila anda metida en el ajo y Antúnez creo que también mariposea alrededor, así que en el fondo, tú deberías estar enterado.

—¿Se refiere a la cabo Oliveira? —preguntó Roncero—.

Sí, estoy al tanto de la investigación, he charlado un par de veces con Milene.

Y de Antúnez mejor nos olvidamos, trae por la calle de la amargura a todo mi equipo, ya le conoce.

Incluido el pobre Andrade, y eso que está de baja.

Como yo no le suelo coger el teléfono y Milene está ocupada, parece que se desfoga con el gallego mientras despotrica a voz en grito.

Menos mal que Andrade es también perro viejo y no entra al trapo.

—Efectivamente, la cabo Oliveira, me parece una gran profesional.

Me habías hablado bien de ella en más de una ocasión, pero ahora la estoy viendo trabajar in situ .

Ha formado un buen equipo con el subinspector Galarza de la Ertzaintza, un tándem algo particular.

Sé que están poniendo toda la carne en el asador, al igual que el resto, pero todos andamos algo perdidos.

Quizá tu mente preclara pueda echarnos una mano.

—Entiendo que la situación es insostenible. Crímenes brutales en escenarios espectaculares, con el hándicap de encontrarnos ante casos que se vuelven más mediáticos por el parentesco de las víctimas con grandes empresarios de la zona.

—No me hables del tema, Mardones está que muerde y quiere que espabilemos.

Encima, te puedes imaginar los encontronazos entre la Guardia Civil y la Ertzaintza, no pasa un día sin que se monte una nueva trifulca.

Y yo en medio, mientras nadie parece tragarme y les incomoda que ande siempre revoloteando alrededor de las investigaciones.

—Espero que la chica se esté portando, al menos, yo intentaré ayudar en la medida de mis posibilidades. Creo que sería contraproducente adelantar mi llegada a España y presentarme allí, ya hay demasiados gallos metidos en el mismo corral. Pero mucho me temo que los crímenes van a continuar…

—Eso creemos también por aquí —afirmó Bermejo—. En cuanto a Oliveira, no te preocupes, lo está haciendo muy bien. Se ha integrado perfectamente y creo que tiene un feeling especial con Galarza, o eso me parece a mí. A veces se lanzan unas miradas que derretirían un iceberg, no sé si me explico.

—Creo que me he perdido, inspector, no sé a qué se refiere.

—Nada, tonterías, no me hagas mucho caso —soltó Bermejo con una sonrisa traviesa al percatarse de que su amigo no había captado la indirecta—.

Aunque la parejita tiene una teoría en la que habría que ahondar.

No sé si te han comentado algo relacionado con un supuesto secuestro en el hospital de Basurto.

—Sí, algo me dijo Milene, pero le insistiré para que me lo cuente con detalle y lo investiguen a fondo si les parece una buena pista.

—Perfecto, gracias. Aunque yo sigo sin ver el patrón, por mucho que se parezcan los escenarios de los crímenes. Creo que los de Erandio han conseguido algún video del asesino con la víctima en el entorno de la ría, a ver si logro acceder a esas imágenes y comienza a aclararse este sinsentido.

—No sabía nada, le preguntaré también a Milene en cuanto hable con ella. ¿Y cómo va la presión mediática? Se me ponen los pelos de punta solo con acordarme de nuestros viejos casos.

—Calla, calla, no me lo recuerdes —dijo Bermejo sin querer reabrir heridas del pasado—.

Los medios al acecho, ya sabes, no nos dejan en paz.

Ojalá estuvieras aquí para ayudarnos, creo que este psicópata es de los tuyos, de esos a los que te encantaría diseccionar el cerebro y meterlo después en formol.

¡Menudo animal! Aunque hay algo que no me cuadra en estos crímenes…

—Sí, a mí tampoco. Le estoy dando vueltas a una idea, ya se la comentaré cuando lo tenga más claro, debo estudiarlo con calma.

—Cualquier idea es bienvenida, Pablo, no te cortes.

Siguieron charlando un rato más, derivando hacia temas personales que Bermejo no quería tratar con su amigo en ese preciso momento, y menos por teléfono a miles de kilómetros de distancia real.

Así que decidió dar por finalizada la conversación poco después, con la promesa de mantenerse en contacto por el bien del caso.

Aunque también por su propio beneficio, eso estaba claro.