La cena de conjura #4
—No me seas inocente, Koldo. Algún caso habrá, pero los tíos que pagan por estas chicas no quieren solo que les acompañen a una cenita.
No me hagas entrar en detalles. Ahí pone bien clarito en el perfil de la chica los servicios que ofrecía: «Francés natural» no se refiere a conversaciones en el idioma de los gabachos, alma de cántaro.
—Tengamos la fiesta en paz, chicos —terció Milene—.
En el interior de la web de la agencia de escorts no hemos podido entrar todavía, parece que han deshabilitado su perfil en cuanto se ha conocido la luctuosa noticia.
Imagino que alguien vio la foto de la crucificada en el puente, ató cabos y se curó en salud.
Lástima porque desde su correo también teníamos enlace a su perfil personal en esa página, que no sabemos si guarda mensajes o algún tipo de información como en las aplicaciones de ligoteo.
Así que nos tocará hablar con los responsables de la agencia, si es que logramos dar con alguien en concreto.
—Buff, suerte con eso. Imagino que no será tan fácil. Y eso que aquí aparece un teléfono y una dirección física en pleno centro de Santander —dijo Ander tras consultar en su móvil la web de la agencia —. Otra cosa es que os vayan a dar datos de la chica o de sus clientes.
—Eso se lo dejo a los compañeros de la Comandancia, seguro que sacan algo en claro, creo que es una buena opción. Puede que alguno de sus clientes adinerados, ya sea por celos, encaprichamiento u otro motivo, tenga algo que ver con el asesinato —afirmó Milene.
—¿En serio te crees eso? —preguntó entonces Koldo—.
No sé, me parece algo enrevesado. A mí no me cuadra que un tío cualquiera pague un dineral por una prostituta y después la secuestre, la mate y la cuelgue en un puente a la vista de todo el mundo.
¿Qué necesidad tiene de jugársela de esa manera? Y sobre todo, ¿qué gana con ello?
—Quizá se cabreó con ella por algo y se trate de un aviso para navegantes.
O ella le prometió dejar el oficio y ser suya completamente, yo qué sé.
Igual los caprichitos de la niña, como el coche que encontrasteis en el garaje, se los ha comprado el susodicho.
Y si luego ella no cumplió lo prometido pues se llevó el castigo.
Desde luego, si ha sido este tío, pudo secuestrarla de una manera mucho más fácil.
Marta conocía a su atacante y no sospecharía de él, podría subirse perfectamente a su vehículo —elucubró Carmen en voz alta.
—¿Un Renault 19 mugroso que está para el desguace? No me lo creo, por mucho que el tío quisiera ir de incógnito. Habrá que investigar la lista de clientes de Marta, si es que nos dan acceso a ella, pero imagino que se trata de tipos con alto poder adquisitivo.
—Bueno, no descartemos nada —sentenció Oliveira—.
Vamos a seguir todas las pistas y espero que demos con algo bueno.
Hablando de coches, todavía tenemos pendiente el registro del Audi que encontramos en su garaje, a ver si el juez espabila.
Y creo que tú, Koldo, tienes también alguna cosa que contarnos sobre lo encontrado en el puente, ¿no?
Milene miró directamente a Koldo a la cara para darle paso, mientras él se quedaba un momento bloqueado.
Tal vez la luz proveniente de los focos que iluminaban la terraza le había jugado una mala pasada, pero vio un reflejo singular en los extraordinarios ojos verdes de Milene y le costó salir del trance.
Se había quedado un instante obnubilado, atrapado en una mirada que lo dejó sin aliento.
Carraspeó para ganar tiempo, pensando en que debía hablar seriamente consigo mismo si no quería acabar muy mal durante esa operación.
Tenía un problema muy gordo delante de sus narices, quisiera admitirlo o no, por lo que disimularía lo mejor posible hasta saber qué demonios le ocurría.
—Sí, perdona, allá voy… Los compañeros de la científica tienen que cribar entre la gran cantidad de rastros encontrados en el puente de madera, tanto en el suelo como en la barandilla desde la que supuestamente descolgaron a la víctima.
De momento no han hallado nada digno de mención, por allí pasa muchísima gente y tendrán que ver si damos con alguna huella buena de alguien con antecedentes.
Por ahí me parece que hay poco que rascar, la verdad.
—Si no te conociera tan bien, amigo Galarza, quizá no esperaría mucho más. Pero me da a mí en la nariz que tú también te guardas lo mejor para el final ¿verdad?
Koldo le sonrió a su compañero, Aguirre llevaba toda la razón. Esa misma tarde le habían confirmado un dato que podía cambiar el signo de la investigación.
—Pues sí, no me haré de rogar. Los de la Universidad de Deusto son duros de roer, pero al final hemos conseguido que nos faciliten el acceso a una cámara que poseen en el edificio más próximo a la ría y que apunta de forma parcial a la pasarela de Pedro Arrupe.
No andábamos muy desencaminados y creo que os vais a llevar una sorpresa cuando os lo enseñe.
Koldo les mostró un vídeo sin sonido, muy granulado y con no demasiada buena definición de imagen.
La hora fijada eran las 2:33 de la madrugada, un rango de tiempo que confirmaba una de las opciones estudiadas al comprobar las cámaras del centro de Bilbao.
Transcurrieron unos segundos sin que ocurriera nada, con la mesa al completo en silencio mientras esperaban el momento adecuado, hasta que un coche gris apareció en el encuadre.
—¡Y voilà ! —exclamó Milene —. Tenías razón, Koldo. Se trata del maldito Renault 19.
—Espera un segundo, ahora viene lo mejor.
La imagen no era muy buena y no captaba el mejor ángulo, pero observaron cómo un hombre, vestido con unos vaqueros y jersey oscuro, aparcaba el coche en la salida de emergencia de la universidad, junto a uno de los extremos de la pasarela.
Se bajó del vehículo, se colocó un pasamontañas y se dirigió hacia el maletero.
De ahí sacó un enorme bolso de deporte de color oscuro que cargó con algo de esfuerzo, y después desapareció del objetivo de la cámara.
—¡Hostia puta! —soltó Aguirre —. El muy idiota ha tardado unos segundos en ponerse el pasamontañas, pero no se le ve muy bien en esos fotogramas. ¿No se puede mejorar la imagen?
—Nuestros chicos están con ello, pero no tienen demasiadas esperanzas, por lo que me han comentado.
Tampoco podemos asegurar que sea el mismo tipo que secuestró a los Labarrieta con la furgoneta, la imagen es de mala calidad.
Por lo que intuimos, el tipo cargó con el cuerpo en el ascensor, cuya entrada está debajo de la pasarela, junto a la Universidad, y después lo colgó de esa manera tan llamativa en medio del puente sobre la ría.
—Entendemos que dentro del bolso llevaría el cadáver y tal vez las cuerdas con las que colgó a la chica del puente, ¿no? —apuntó entonces Ramos.
—Sí, los forenses han encontrado en la piel de la chica rastros compatibles con el fondo interior de un bolso de deportes de nylon. El criminal debió esmerarse al limpiar el cuerpo, pero luego lo introdujo desnudo en el macuto y aparecieron esos rastros. Pero no tenemos nada más.
—¿Y las matrículas? —preguntó Milene.
Koldo comprendió lo que quería insinuar su compañera y puso en antecedentes al resto sobre lo sucedido en el hospital.
La imagen en esa ocasión tampoco era perfecta, y sin embargo parecía que el coche que apareció en Basurto aquella tarde de marzo podría ser el mismo que el que acababan de divisar en Deusto.
Las matrículas no coincidían, pero habían averiguado que ambas salieron de un desguace de las afueras, otra vía que deberían investigar.
—¡Maldita sea! No tenemos nada concreto, hay pequeños indicios, pero nos queda mucho por aclarar. Ni siquiera sabemos si las dos víctimas tenían algún tipo de relación entre ellas o no tienen nada que ver. Esto solo acaba de comenzar y ya estamos de mierda hasta el cuello.
Aguirre llevaba razón, según opinaba Koldo. Milene también pensaba que existía algún tipo de conexión entre ambas víctimas, solo les faltaba encontrar ese nexo de unión.
—Fijaos en los detalles de ambos homicidios —continuó Milene—.
Tal vez la secuencia sea similar: secuestro, asesinato y puesta en escena, pero hay algunos rasgos diferenciados.
En el primer crimen parece haber matado sin querer y luego colocó los cuerpos de forma primorosa, casi con mimo, para representar la escena de La Piedad .
Y más tarde, sin embargo, hace algo tan brutal como cortarles la lengua.
—Y en su siguiente actuación cuelga a la chica de una forma tan inhumana, desnuda, humillándola de la peor manera tras partirle el cuello sin miramientos.
Quizá está evolucionando o volviéndose más salvaje, lo ignoramos —intervino Koldo—.
Eso sí, tanto La Piedad como la crucifixión, en este caso femenina, tienen que ver con la religión cristiana o directamente con Jesucristo.
—Bien visto también, habrá que apuntarlo —comentó Milene—.
Solo espero que no vuelva a actuar, aunque en otro nuevo crimen pueda cometer errores que nos ayuden a atraparlo.
La secuencia de asesinatos me tiene desconcertada.
Y por si no os habéis dado cuenta, en el primer caso secuestra a las víctimas en Bilbao y aparecen muertas en Cantabria.
Y en el segundo hace lo propio con la chica en Santander y horas más tarde aparece crucificada en Bilbao.
—Ya me he fijado, y eso no tiene ningún sentido —habló entonces Carmen Ramos—. No sabemos si juega con nosotros o simplemente deja pistas falsas para volvernos locos. Además, unas víctimas son familiares de un ricachón y la otra una pobre estudiante.
—Sí, una estudiante que se relacionaba con gente de pasta. ¿Y si Labarrieta utilizaba los servicios de la agencia de escorts ? Habría que investigarlo también —aseguró Aguirre.
—Joder, no lo había pensado de ese modo, Ander, menudo brainstorming que estamos montando aquí.
Yo no se lo voy a mencionar a Orbea, eso está claro, o nos colgará del pino más alto y ya te puedes imaginar de qué manera.
A ver si la Guardia Civil obtiene la lista de clientes de Marta y por ahí podemos acotar la búsqueda.
—Insistiré con el tema, parece importante. A ver si los compañeros de la Comandancia consiguen hablar con los de la agencia. Y mientras tanto, tendremos que seguir investigando los pocos hilos de los que disponemos hasta el momento —afirmó Milene.
—Me parece que por hoy ya hemos tenido bastante, ¿no creéis? Nos han dado las mil aquí hablando y estos chicos querrán cerrar. ¿Os apetece tomar la penúltima en un local que conozco aquí cerca?
Carmen ofreció una tregua que el resto de investigadores aceptó de buen grado.
La cena había dado sus primeros frutos, y eso que todavía se encontraban en la primera fase de las investigaciones.
Habría tiempo de seguir con el trabajo al día siguiente, había llegado el momento de relajarse y olvidarse un poco de tanto asesinato.