La noche de los perdedores (Bermejo y Roncero 6) Una verdad incómoda #2
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Una verdad incómoda #2

Milene sonrió ante la ocurrencia de su nuevo compañero de fatigas detectivescas.

Como amante del thriller disfrutó mucho de la película El silencio de los corderos .

Pero como lectora del género debía reconocer que tras leer toda la saga de Thomas Harris, le había impactado casi más la novela titulada Hannibal , ambientada en Florencia. Así que decidió seguirle el juego.

—De acuerdo, Koldo. De momento no tenemos informe preliminar de los forenses, imagino que os lo facilitarán por los cauces oficiales.

En un primer examen ocular no parecía haber signos externos que permitieran delimitar las causas de la muerte, incluso en un principio yo llegué a pensar en un suicidio doble.

O tal vez que la anciana envenenó primero a su nieto y luego se quitó la vida, pero la escena no me cuadraba.

Y eso que más tarde nos encontramos con alguna que otra sorpresita.

—Nosotros solo vimos las fotos durante un segundo, así que estoy en franca desventaja. Cuando llegamos ya se habían llevado los cuerpos, tendremos que fiarnos de vosotros. Pero no me cuadra lo del suicidio, no sé. Ha tenido que intervenir una tercera persona al menos.

—Sí, es lo más probable. Y eso que los rostros de las víctimas parecían tranquilos y en paz, como si hubieran muerto mientras dormían.

—¿Y pudo suceder así?

—Creo que no. La forense se inclinaba más porque a la mujer le hubiera dado un infarto o algo similar.

No conocemos las patologías previas que tenía la anciana, se trataba de una señora de más de ochenta años.

Puede que le fallara algún órgano y falleciera de muerte natural, a saber.

Pero lo del nieto no fue natural. Por no hablar de lo que les hicieron post mortem …

—No me puedes dejar ahora con la intriga, Milene.

—Sí, ya, mucho quid pro quo pero tú no has soltado prenda. Si ya habían denunciado la desaparición de las dos víctimas en Bilbao, seguro que tenéis más datos.

—No te preocupes, ahora te lo cuento con detalle. Y prometo también explicarte la divertida reunión con Jesús Mari Labarrieta.

—Está bien, tú ganas. El chico tenía moretones en el pecho, además de un brazo fracturado y una rodilla destrozada. Y eso no fue lo peor.

—Veo que te gusta crear suspense. Ni que fueras una asidua lectora de thriller o algo así.

Milene no quiso entrar al trapo y contestó enseguida.

Solo deseaba que la revelación impactara a su interlocutor.

Tal vez más tarde tuviera problemas con sus mandos por facilitar datos de una investigación en curso, aun siendo su interlocutor un miembro de la Ertzaintza involucrado en el operativo, algo que no le arredró.

—Vale, te lo diré. Pero no puede salir de aquí. A las dos víctimas les cortaron la lengua y parece que lo hicieron después de muertos.

—¡Joder! Eso sí que no me lo esperaba.

Koldo no se pudo negar y compartió también alguna información con Milene.

Le contó la visita realizada al despacho de Labarrieta acompañando a su jefe, sin olvidar la presencia de Bermejo en la comitiva oficial, un nombre que también parecía sonarle a Milene.

Galarza rememoró una reunión que le hubiera gustado ahorrarse, aunque en su trabajo tuviera que tragar con aquel tipo de situaciones de vez en cuando.

Serían cerca de las ocho de la tarde cuando llegaron al emblemático edificio que el BIB posee en la Gran Vía, una de las arterias principales de Bilbao, cuyo nombre completo era Gran Vía de don Diego López de Haro.

Subieron a la última planta y salieron del ascensor, dejando a su espalda la escalera y parte de la estructura original del edificio antes de la reforma, con una pared de ladrillo visto que contrastaba con la modernidad del inmueble recién rehabilitado.

Atravesaron una enorme cristalera para llegar a la recepción de la planta ático, donde la secretaria del banquero les estaba esperando.

La asistente les dirigió por el pasillo a través de un espacio casi diáfano, repleto de ventanales que le daban a la vez calidez y luz al entorno.

Dejaron a la derecha la inmensa sala de juntas y les condujo hasta su destino final, el amplio despacho personal de don Jesús Mari Labarrieta, el poderoso consejero delegado del BIB.

—Como te puedes imaginar, Milene, fue una conversación muy tensa.

Galarza evocó la situación. El comisario Orbea desgranó ante el banquero los pocos datos que tenían sobre la desaparición de sus seres queridos.

Una cámara de tráfico y los testimonios de algunos transeúntes les permitieron averiguar que habían sido secuestrados en la calle, a plena luz del día, y subidos a una furgoneta negra sin distintivos.

Los técnicos de Tráfico habían podido seguir el recorrido del vehículo tras salir de la ciudad, pero le habían perdido la pista en uno de los muchos polígonos industriales de las afueras de Bilbao.

—El banquero se encontraba muy furioso, y encima, el idiota de Rentería metió la pata con alguno de sus comentarios fuera de lugar.

El comisario tuvo que templar los ánimos, asegurándole a Labarrieta que íbamos a poner todos los medios a nuestra disposición para resolver ese caso.

Y eso que todavía no le habíamos asestado el golpe definitivo.

Koldo recordó como entonces tragó saliva y tomó el relevo de su jefe, comunicándole al banquero que tenían nueva información gracias a la Guardia Civil de Santoña.

—El pobre hombre no entendía nada y su rostro de cabreo se transformó en una máscara inexpresiva que no dejaba traslucir sus emociones —dijo el ertzaina—.

Por un lado tenía la esperanza de que fueran buenas noticias, pero entonces nos echó un vistazo a los tres y ató cabos.

Se desplomó sobre su asiento, totalmente desolado, y se aprestó a recibir la estocada final por parte del comisario.

Galarza continuó recordando la reunión, en el punto álgido en el que la tensión se mascaba en el ambiente, instantes antes de que Orbea tomara la palabra.

—Señor Labarrieta, siento comunicarle que han aparecido los cadáveres de dos personas que parecen coincidir con las descripciones de sus familiares.

Los cuerpos se encuentran ahora mismo en el Instituto de Medicina Legal de Santander a la espera de la autopsia.

Deberá acudir mañana por la mañana sin falta para identificarlos antes de proseguir con las diligencias.

El comisario había eludido añadir que tenían la documentación del chaval en su poder, ya que hasta que no contaran con una identificación positiva de un familiar directo no podían dar nada por sentado.

Labarrieta se derrumbó y comenzó a llorar desconsoladamente para rehacerse poco después.

Los miembros de la Ertzaintza esperaban que la cólera del consejero delegado cayera sobre ellos por no haber hecho su labor antes de que ocurriera aquella tragedia.

Sin embargo, el hombre de negocios se levantó de su asiento, se estiró el traje italiano de impecable factura y se transformó en el tiburón de negocios que todos conocían.

—Fue algo increíble, nos pilló a todos en fuera de juego —le aseguró Koldo al regresar a la realidad—.

Ni siquiera nos cayó una bronca por no haber adelantado nada con la investigación tras el secuestro.

El empresario nos hizo algunas preguntas más y se puso a nuestra disposición para lo que hiciera falta.

A Koldo le había sorprendido la templanza del banquero.

Labarrieta se percató enseguida de las posibles consecuencias al aparecer los cadáveres en Cantabria, con la Guardia Civil de por medio y fuera de la jurisdicción de la Ertzaintza.

Les rogó que se hicieran cargo de la investigación, o por lo menos, que tuvieran voz y voto en lo que sucediera durante las pesquisas.

Orbea le explicó el operativo conjunto que se había organizado, incluyendo la asesoría de Bermejo como hombre fuerte del ministerio, y el hombre pareció quedarse más tranquilo.

—Incluso nos aseguró que haría algunas llamadas para facilitar nuestra labor —le dijo a Milene al evocar la conversación—. De algo le servirían sus contactos, aunque ya no pudiera hacer nada por salvar la vida de su hijo ni de la abuela del chico, o eso nos dijo con el rostro descompuesto.

El banquero entendió que se encontraban ante dos asesinatos y no quisieron darle más explicaciones hasta tener datos concluyentes sobre lo sucedido.

Le prometieron mantenerle informado y trabajar hasta la extenuación para capturar a los responsables de aquella salvajada.

Labarrieta les rogó encarecidamente que atraparan al culpable.

Y como no le iban a dejar a solas con el asesino o asesinos, ni en nuestro país existía tampoco la pena de muerte, les pidió que por favor lograran que los criminales se pudrieran en la cárcel por el resto de sus días.

—Y allí le dejamos, más tranquilo después de recibir el varapalo.

Incluso se puso a realizar llamadas profesionales al marcharnos.

Debe preparar un plan de contingencias ante la avalancha que se le viene encima, sobre todo cuando los medios se hagan eco de la noticia.

De momento se ha declarado el secreto del sumario, pero los enemigos de Labarrieta o del BIB estarán al acecho para pescar en río revuelto.

Lo nuestro será complicado, pero tampoco me gustaría estar en su pellejo.

Koldo se despidió poco después de Milene, a la espera de volver a verse en persona unas pocas horas más tarde.

Y eso que a veces el destino tiene marcadas las cartas y juega con los pobres mortales a su antojo.

Tiempo tendrían de darse cuenta, a lo largo de una investigación que los llevaría a todos al límite de sus fuerzas.