Una pesadilla recurrente #2
—Yo que tú apagaba el móvil, por si acaso.
Ya hablarás con él esta tarde, aunque allí son seis horas más.
Ahora céntrate en el curso, que hoy me dijiste que era un día importante.
Yo me marcho también en un rato, he quedado con mi agente de Trade Group, al parecer quiere presentarme a unas personas.
—Ok, luego hablamos. Ya te contaré, espero que no sea nada grave.
Roncero se quedó con el runrún en la cabeza durante todo el día, pero hizo caso a Miriam y apagó el móvil; no le apetecía que le estuvieran llamando de manera insistente y no podía atender al teléfono mientras se encontraba ocupado en la sede del FBI.
Cuando pararon a mediodía se encontró con varias llamadas perdidas más de su jefe.
Pero lo que le llamó más la atención fue un mensaje de su compañera Milene Oliveira apremiándole para que se pusiera en contacto con ella lo antes posible.
Prefería hablar primero con la joven, seguro que el coronel también la había molestado a ella al no encontrarle disponible, aunque la cabo se encontrara igualmente de vacaciones.
Algo grave sucedía si Antúnez necesitaba localizarlos a la carrera.
Respondió por mensaje a Milene por si le venía bien una videollamada a esas horas, la una y media en Manhattan, las siete y media en España. La joven contestó afirmativamente en pocos segundos y Roncero marcó su número un instante después.
—¡Pablo! Me alegro de verte —lo saludó Oliveira nada más divisar su rostro en pantalla.
—¿Qué tal, Milene? Tengo un montón de llamadas perdidas de nuestro querido jefe, ¿qué pasa?
—Antúnez está que se sube por las paredes. Y como no te encontró a ti, pues me he quedado sin vacaciones y me ha enmarronado a mí.
—Joder, lo siento mucho. ¿Y qué es eso tan urgente que no puede esperar?
Oliveira le contó la secuencia de los hechos, desde que recibió la llamada de Antúnez hasta su desembarco en el cuartel de Santoña y los acontecimientos posteriores.
Incluyó el descubrimiento de aquella extraña performance en la cueva de La Ojerada, la identificación de los cadáveres y el conflicto político-judicial que se había formado alrededor con la intervención de la Ertzaintza y todo lo que conllevaba aquella investigación.
—¡Madre mía, menudo follón! Siento que te lo tengas que comer tú solita, Milene. Intentaré regresar a España lo antes posible.
—No te preocupes, jefe, aquí estoy en buenas manos.
Me han integrado en el equipo de la judicial de Santoña y no sé si al final trabajaremos también con la Ertzaintza, así que por ese lado está cubierto.
Pero tu opinión siempre es bien recibida, te has enfrentado a psicópatas similares en el pasado y me vendrá bien hablar contigo a lo largo del caso, aunque sea off the record .
¿Qué opinas sobre todo lo que te he contado?
Roncero se encontraba a miles de kilómetros de España, centrado en su participación en el evento policial en Nueva York, pero preocupado también por las repercusiones de la investigación de la que se acababa de enterar.
Si Antúnez quería contar con él era por las implicaciones de un caso que salpicaría a los altos mandos de muy diferentes maneras.
Si realmente se llevaba a cabo una investigación conjunta entre la Ertzaintza y la Guardia Civil, con víctimas relacionadas con uno de los empresarios más importantes del país, la situación podría desmandarse en cualquier momento.
Antúnez no tenía mano izquierda para esas cosas y Milene carecía de la experiencia suficiente para liderar la investigación, por lo que le parecía bien que participara en un operativo conjunto llegado el momento.
Tal vez el coronel no estuviera demasiado contento, pero al menos había colocado a alguien de la UCO en el caso.
Seguro que Oliveira dejaba el pabellón bien alto, Roncero conocía perfectamente sus cualidades y confiaba plenamente en su pupila.
—Buff, no sé, así a bote pronto… —respondió Roncero algo desubicado—.
Tendré que centrarme un poco y reflexionar sobre los detalles que sabemos hasta ahora.
No quisiera aventurar nada a priori, estáis con las primeras pesquisas.
Pero me parece a mí que esto es solo el comienzo.
Esa burda representación de La Piedad tiene algún significado y creo que pronto lo sabremos.
—¿Crees que se trata de un asesino en serie? —preguntó Milene.
—No me atrevo a pronunciarme tan pronto, pero sí creo que vais a encontraros con más sorpresas.
No se trata de un asesinato al uso, eso está claro.
Han matado a dos familiares de un importante empresario y no sé si eso es un aviso para navegantes.
Me escama la representación, le daré una vuelta esta noche, a ver si se me ocurre algo interesante al respecto.
—Me gustaría contar con tu ayuda, si lo crees posible y razonable. ¿Te parece si hablamos y te voy contando novedades?
—Claro, no hay problema. En cuanto me quede libre te doy un toque. Así se quedará más tranquilo el coronel si habla contigo o logra localizarme. Yo de momento no le voy a llamar, a saber por dónde nos sale.
—No, tranquilo, tú sigue a lo tuyo. Yo ya me he incorporado al equipo y tampoco ibas a solucionar nada por regresar precipitadamente. Iremos comentando la situación según avance el caso, a ver si encontramos algún hilo del que tirar.
—Por supuesto, eso por descontado. Imagino que ya le has dado el parte a Antúnez, ¿no?
—Sí, claro, no te preocupes. Le mantendré oportunamente informado, no quiero que se cabree más de la cuenta.
—De acuerdo entonces. Y ya sabes, cuenta conmigo para lo que sea. Mantenme informado y si necesitas cualquier otra cosa me avisas. Eso sí, ten mucho cuidado y ándate con ojo.
—Perfecto, eso está hecho. Hablamos entonces. Hasta pronto.
—Claro, Milene. Buen servicio, espero que atrapéis pronto a ese indeseable.