La noche de la tormenta (Trilogía de la Noche 3) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

Gabriel reconduce la conversación y va directo al grano.

—Hábleme de Kasia Nowak. Cuénteme lo que recuerde de su actitud los días previos a la desaparición.

Víctor suspira y aparta la vista como si le doliera escarbar en la memoria.

—Desde siempre había sido una buena alumna, ejemplar, de hecho. De esas que no dan problemas. Siempre puntual, respetuosa. Pero ese último año algo cambió. Empezó a faltar a clase. Al principio con justificaciones médicas, pero luego, simplemente, no venía.

—¿Lo comentó con ella?

—Varias veces. Pero no decía mucho. Se cerraba en banda o contestaba con evasivas.

La familia estaba al corriente, pero siempre justificaban que su hija no se encontraba bien y por eso no venía al instituto.

Noté que estaba más apagada. Parecía que se le había ido la luz por dentro.

Y estaba el tema de las calificaciones… —Víctor se detiene un segundo—. Ese año iba a repetir.

Gabriel lo observa con atención. No hay dramatismo en sus palabras, solo una resignación seca.

—Como imagino sabrá, durante la investigación que se realizó en 2014 se encontró una nota de suicidio. ¿En algún momento Kasia mencionó si tenía problemas?

—Nunca lo dijo abiertamente —responde Víctor bajando la voz—.

De haberlo hecho, yo habría activado el protocolo para esos casos.

Quizá ahora, volviendo la vista atrás, es posible que fuese algo que se notaba y no advertí.

Algo no iba bien. Se le veía en la forma en que caminaba por los pasillos, en cómo evitaba el contacto visual, incluso con sus amigas.

Un día la pillé llorando en los aseos, pero cuando le pregunté qué pasaba, solo me dijo que estaba cansada.

—¿Y lo dejó estar?

El director traga saliva.

—Sí. Supongo que pensé que era algo temporal. Me equivoqué.

Silencio. Bruno ni se inmuta. Gabriel repasa mentalmente los informes. La ausencia de señales claras. Las lagunas. La intuición fallida de todos.

—Sé que colaboró con la policía en su momento, señor Fábregas. —Hace una pausa—. Con las transcripciones de los chats entre Kasia y Thomas, el misterioso novio alemán. ¿Recuerda algo relevante?

Víctor asiente sin dudar.

—Claro. Me pidieron que los leyera por si podía identificar algo. La forma de escribir, el tono…, por si sonaba familiar.

—¿Y bien?

—Era… raro —dice el director inclinándose hacia delante—.

Soy profesor de Lengua Castellana, he leído miles de redacciones y sé identificar patrones.

Aquello era demasiado correcto. Ni una falta.

Ni un acento mal puesto. Muy elaborado. No me pareció el estilo de un adolescente extranjero que aprende español.

Era alguien con un dominio nativo del idioma.

Y no solo eso, sabía cómo escribir. Como un adulto educado.

Cuidado, preciso. Cada mensaje se notaba calculado.

—¿Lo comentó con los agentes al mando del caso?

—No tenía pruebas. Solo intuición. Pero sí, se me antojó muy extraño. Se supone que era su novio ¿y nadie lo conocía? Nadie lo vio nunca, ni siquiera Kasia, según me consta. Thomas era como un fantasma. Y, mientras tanto, ella se hundía poco a poco porque él la anulaba psicológicamente.

Víctor se frota la cara con las dos manos y luego mira a Gabriel.

—Me siento culpable, inspector. Vi las señales. Pero no supe actuar a tiempo.

Gabriel no dice nada al principio. Solo lo observa; es algo que hace por instinto.

—No eres el único que ha fallado con ella —interviene Bruno.

—¿Qué opina de Fabián Núñez, el profesor de Música de Kasia? Tengo entendido que no la trataba muy bien, que tenía fijación con ella —indaga Gabriel.

Víctor alza las cejas mostrando asombro.

—Me dio muchos problemas, si le soy sincero.

Es cierto que no le pasaba una a Kasia. Quizá era más firme con ella que con el resto y, sí, me llegaron quejas por su actitud en general.

Pero poco podía hacer; por aquel entonces, las inspecciones de docencia no eran tan eficaces como ahora y era casi imposible sancionarlo.

Además, le faltaba poco para jubilarse. Así que hablé con él un par de veces.

En cualquier caso, no me parecía nada grave.

—La semana que Kasia desapareció, Fabián asegura que estaba en Valencia y que tuvo un accidente doméstico, un golpe en la cabeza al salir de la ducha. ¿Recuerda algo de eso? —pregunta Gabriel.

—Sí. Me pidió unos días libres para ir a Valencia a ver a su hermano. Eso lo recuerdo muy bien. Lo del golpe en la cabeza… no me suena, la verdad. No digo que sea mentira, digo que no lo recuerdo.

—¿Algún comportamiento extraño por su parte después de la desaparición de Kasia?

—No que yo recuerde. Fueron días muy largos. Todos lo pasamos mal pensando que era cuestión de tiempo que Kasia apareciese muerta. Fue muy duro.

Gabriel se pone en pie.

—No quiero molestarle mucho, señor Fábregas, sé que está enfermo. Es posible que necesite volver a hablar con usted a medida que la investigación avance. En cualquier caso, si recuerda o quiere añadir algo, llámeme —dice el inspector Somoza sacándose una tarjeta del bolsillo.