La noche de bodas 28 En El Pasado
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28 En El Pasado

VEINTIOCHO

EN EL PASADO

HARRIET

—No quiero hacerlo, Jess. ¿De qué serviría?

Su amiga se detuvo y la miró sin poder dar crédito.

—¡El tipo ese te ha violado y para colmo de males te ha dejado preñada! Así que, si eso no te parece razón suficiente para pedirle ayuda a Malcolm, entonces ya no entiendo nada.

—¿Qué va a hacer él, Jessica? ¿Acaso crees que con solo chascar los dedos va a poder dar marcha atrás a todo? Porque eso es lo único que me ayudaría de verdad.

Jessie sacudió la cabeza, con firmeza, la cogió de la mano y tiró de ella para hacerla seguir andando.

Al detenerse delante de la residencia en la que vivían Malcolm y el hijo de puta, Harriet cogió aire. Luego se armó de valor y se soltó de Jessica.

—Vale, voy. Pero deja que lo arregle yo sola. Tú espera aquí. Ven solo si necesito ayuda y te llame.

—¡Ni de coña! —protestó Jessie, aunque enmudeció al ver la expresión de su rostro—. ¿Se puede saber dónde estaba metido ese espíritu de lucha tuyo?

Harriet se encogió de hombros, avergonzada, dio media vuelta y abrió la puerta. Cuántas más escaleras subía, peor se encontraba. ¿Y si el idiota ese también estaba?

¿Y si Malcolm perdía los nervios con la noticia?

Tragó.

—Hazlo sin más —se dijo, subió los últimos peldaños y llamó decidida a la puerta.

Malcolm tardó un rato en abrir. Al verlo, soltó un grito de susto y retrocedió unos pasos.

Su rostro mostraba una paleta de colores, desde el azul hasta el lila pasando por el rojo. Daba miedo. Tenía el ojo izquierdo inyectado en sangre, el labio superior roto e hinchado y llevaba la nariz cubierta con un vendaje aparatoso. Tenía peor aspecto que su hermano. Mucho peor.

—Bah, no es nada —dijo, esbozó una sonrisa para acto seguido soltar un quejido de dolor—. ¿Has visto a Todd? Él también se ha llevado lo suyo, ¿no te parece?

—Sí, le has dado una buena tunda —dijo ella, aunque era evidente que la victoria se la había llevado el hermano.

—¿Estás bien? —quiso saber Malcolm.

—No precisamente —respondió ella—. Malcolm me estuvo esperando ayer delante de mi residencia y cuando llegué, me atacó. Me tiró al suelo y me escupió. Pero eso no fue lo peor. Dijo delante de todo el mundo que soy una mentirosa que solo quiere hacerlo quedar mal.

Malcolm asintió, sin sorprenderse demasiado.

—Sí, eso suena muy a Malcolm. —Se apartó un poco—. ¿Quieres pasar? Mi hermano no está.

—No. Solo he venido porque Jessie considera que debería hablar contigo. Lo que pasa es que… —Titubeó, rompió a sudar—. Estoy embarazada —dijo por fin y rompió a llorar.

Durante una eternidad sentida ninguno de los dos dijo nada.

Cuando Harriet se hubo calmado un poco, miró a Malcolm.

—Es suyo, ¿entiendes? Y eso es un desastre descomunal.

Él se acuclilló, dejó caer la cabeza, parecía no poder con el alma. Por fin alzó los ojos, tragó.

—Voy a ayudarte, ¿vale? Si quieres te acompaño al médico. Yo correré con los gastos, obviamente.

Harriet lo miró perpleja, no consiguió articular palabra.

—No estarás sola, prometido. Pasaremos por esto juntos.

La rabia inundó de repente a Harriet.

—¿Crees que con un médico se soluciona este problema? ¿Cómo? ¿Abortando? —Soltó una risa sarcástica, sacudió la cabeza—. Este hijo también lleva mis genes, Malcolm. ¡Y no tiene la culpa de que su padre sea un sádico hijo de puta!

—¿Qué estás insinuando? —soltó Malcolm a duras penas.

Harriet se cuadró.

—Ya sé que es una decisión estúpida, ingenua, sentimentaloide y no sé qué más.

Jessie no deja de machacarme con eso una y otra vez.

Me ha dicho un sinfín de veces que estoy tomando la decisión equivocada.

Lo que pasa es que no puedo. ¿Entiendes?

No puedo abortar, no puedo permitir que maten a este niño.

—¿Quieres tenerlo?

Harriet suspiró.

—Claro que no quiero tenerlo, pero tengo que hacerlo.

Es lo que estoy intentando decirte. A mí no se me educó así, no se puede tomar a la ligera la vida de un ser inocente.

Soy consciente de que el aborto es una decisión muy personal que cada mujer ha de tomar por sí misma.

Pero sé que yo no sería capaz de hacerlo.

No me lo perdonaría en la vida. Ni siquiera siendo las circunstancias de la concepción las que son. ¡El bebé no tiene la culpa!

—¿Cómo te imaginas que va a ser? Un análisis de sangre confirmará que es hijo de Todd, pero eso no cambia nada. Jamás lo reconocerá, jamás te apoyará. Estarás completamente sola. ¿Cómo quieres encargarte de un bebé y a la vez acabar los estudios?

—No lo sé —gritó Harriet—. No he sido yo quien ha decidido estar en esta situación, ¿ya lo has olvidado?

Tengo que aclararme primero, saber qué quiero y qué opciones de futuro tendré.

Yo… yo ni siquiera quería venir. Ha sido Jessie, que no ha dejado de insistir hasta que he tenido que ceder.

¡Ha sido un error! ¿Cómo se me pudo pasar por la cabeza que por lo menos tú estarías de mi parte?

Tenía que haber sabido que no lo entenderías.

—Eso no es verdad, Harriet. Te entiendo perfectamente porque, al contrario que mi hermano, yo todavía tengo corazón y conciencia. —Se detuvo, parecía estar reflexionando. Luego la miró y ya no se le veía tan pesimista—. Puede que haya dado con una solución. Pero tienes que confiar en mí, ¿vale?

Ella se rio.

—¿Fiarme de un Carrington? No, gracias.

Malcolm dio un paso adelante, la agarró por los hombros.

—Quiero ayudarte, Harriet, de verdad. Te lo juro. —Inspiró hondo, la soltó—. Dame un par de días. Te llamaré cuando sepa algo.