26 En El Pasado
VEINTISÉIS
EN EL PASADO
HARRIET
—¡Por dios! ¡Mira! —siseó Jessie, la agarró del brazo y la hizo detenerse.
Harriet siguió la mirada de Jessie y retrocedió asustada.
—¿Y a ese qué le ha pasado?
—Yo diría que el hermano de Malcolm se ha topado por fin con su karma. Un karma con dos puños furiosos —soltó una risita malvada—. Da gusto verle de esa guisa, ¿no te parece?
Harriet se encogió de hombros y creyó que iría a vomitar de un momento a otro.
Desde la tarde en la que Jessie le había insistido a Malcolm para que fuera a ver a Harriet para aclarar las cosas, habían pasado unos cuantos días.
No había vuelto a saber más de él. Menos mal porque durante ese tiempo había surgido una novedad que aún no había compartido con Jessie.
—Sigamos —murmuró al sentir otra arcada.
—¿Estás bien? —preguntó Jessie preocupada—. Tienes muy mala cara.
—Cada vez que veo al gilipollas ese se me revuelven las tripas —mintió Harriet—. Subamos y ya.
Había logrado tranquilizar a la amiga lo suficiente como para no oírla hablar todos los días de ir a la policía a poner una denuncia contra Todd.
Malcolm le había asegurado que hablaría con su hermano.
Y viendo cómo le habían puesto la cara a Todd, parecía haberlo hecho – usando algo más que palabras.
Por desgracia, ver la cara magullada de su violador no le transmitió satisfacción alguna, sino que avivó en ella el deseo de no haber conocido nunca a aquellos dos hermanos.
Jessie y ella ya casi habían llegado a su bloque cuando notó que la agarraban del hombro para acto seguido tirarla al suelo. Sintió un dolor fuerte en el coxis al caer, oyó gritos.
—¡Déjala en paz, pedazo de mierda! —chillaba Jessie mientras intentaba apartar de ella al hermano de Malcolm. Este, que era bastante más fuerte que su amiga, se deshizo de ella como si se tratara de un insecto molesto.
—¿Qué le has dicho a mi hermano, maldita puta? —gritó, cogiendo a Harriet por las solapas del abrigo y tratando de levantarla del suelo.
Harriet estaba tan conmocionada que no fue capaz de decir nada.
De reojo alcanzó a ver a Jessie sacando una botella de la bolsa de la compra, alzarla y lanzarse con ella en alto contra su atacante.
—¿No te ha bastado con drogarla y violarla que aún quieres más? —gritaba Jessie fuera de sí, se acercó, decidida a agredirle con la botella.
Pero él se adelantó. Soltó a Harriet, se giró hacia Jessie y con un único movimiento le arrancó la improvisada arma.
—No queremos hacerle daño a nadie, ¿a que no?
—siseó él y apartó a Jessie—. Así que va por ahí diciendo que la he violado.
—Soltó una risa malvada. Luego se giró de nuevo hacia Harriet, que seguía tirada en el suelo, le dio una patada en las costillas y la miró lleno de odio—.
Ya sabía que eras una furcia a la que solo le importaba la pasta de mi hermano, pero que fueras capaz de llegar tan lejos…
Calló, sacudió la cabeza asqueado. Luego se fijó en los curiosos que habían ido apareciendo y estaban mirando.
—No he drogado ni violado a nadie. ¡Que quede claro!
¡Como si me hiciera falta! —Escupió al suelo con desdén—.
Y para que lo sepáis: fue esta puta quien se me tiró encima y hay testigos de ello.
Estaba tan salida que no le importó que estuvieran mis amigos presentes y lo vieran todo. ¿Os lo podéis creer?
Harriet quiso decir algo para defenderse, pero el descaro de aquel tío la tenía como petrificada.
Sintió los ojos de Jessie sobre ella y se le hizo un nudo en la garganta. ¿Acaso veía un atisbo de duda en los ojos de su amiga?
Se estaba esforzando por no romper a llorar delante de aquel animal. No iba a concederle esa satisfacción. Así que se limitó a mirarlo con desprecio.
Él le sostuvo la mirada durante un segundo, pero luego la desvió, le escupió encima y se rio con desdén de ella.
—Con tus mentiras podrás engatusar al imbécil de mi hermano, pero para de contar. Te aconsejo mantenerte alejada de mi familia, puta, ¡o te arrepentirás!
—¿Quieres que llame a un médico? —preguntó Jessie un cuarto de hora más tarde cuando estaba metida por fin en su cama con la manta hasta la barbilla, a pesar de seguir con la ropa puesta. Tan solo había sacado el abrigo y las botas.
—Ya estoy mejor —fue su respuesta apagada, luchando aún por no llorar.
Harriet seguía sin poder mirar a Jessie a los ojos, por miedo a encontrar desconfianza en ellos. Se dio la vuelta hacia la pared, cerró los ojos y trató de apartar de su cabeza lo que acababa de ocurrir.
Notó el peso de Jessie sobre el colchón y su mano en la espalda.
—Mírame, cari, por fa.
Harriet no se movió.
—Venga, mujer. Quiero que me mires a los ojos para que veas que te creo, ¿vale?
Lo que acaba de hacer ese tío es la típica maniobra de inversión de roles.
Está intentando manipularte, meterte miedo y presionarte para que no vayas a la policía.
Pretende que dudes de ti misma. ¡Y bajo ningún concepto debes hacer eso, Harriet!
El cerdo es él y tú eres su víctima, ¡no al revés!
Asintió con la cabeza, todavía incapaz de girarse.
—¿Te has fijado en cómo me miraban los demás? —preguntó con un halo de voz—. Creo que Malcolm y tú sois los únicos que me creen.
—¡Qué les den! —dijo Jessie alterada—. Además, creo que te equivocas. Mucha gente aquí en el campus sabe que conviene andarse con ojo con esos hermanos. ¿Ya has olvidado la conversación de aquellas chicas en el Nosebag?
Harriet asintió con la cabeza.
—Ya sé que estás harta de oírmelo decir, pero sigo pensando que la policía sigue siendo la mejor opción.
—Ya es demasiado tarde para eso.
—Puede que no quede rastro de la mierda que te metieron, pero la violación sigue ahí. Que se encargue un tribunal de comprobar si es culpable o no.
—¿Y luego qué? —preguntó Harriet, girándose por fin—.
Tiene dinero, puede permitirse contratar a los abogados más caros del país.
Yo, sin embargo, solo cuento con mi capacidad de persuasión.
Como mucho le caería una reprimenda porque las personas como él siempre se salen con la suya.
¿Y yo qué gano con todo eso? ¡Mi vida se habrá ido igualmente a la mierda!
Jessie frunció el ceño.
—¿Que tu vida se ha ido a la mierda? Pero ¿de dónde sacas eso?
—Sacudió la cabeza, la cogió de las manos y se las apretó con suavidad—.
Aprenderás a vivir con ello, Harriet. Lo lograrás como lo hice yo en su día.
Tienes que seguir tu vida y cumplir tus planes y sueños.
Tienes que levantarte, ¿me oyes? Y no me refiero solo a levantarte de esta cama en la que te gusta enterrarte.
Harriet intentó esbozar una sonrisa.
—Haces que parezca fácil.
Jessie la miró muy seria.
—Sé que no lo es, pero no te queda otra que conseguirlo.
—Ojalá, Jessie, de verdad, pero hay un pequeño inconveniente: ¡estoy embarazada!