23 Colà Di Lazise
VEINTITRÉS
COLÀ DI LAZISE
VILLA DEI CEDRI
SAMANTHA
A Samantha le había llevado una eternidad calmar a su hermana pequeña. Hacer que se acostara e intentara dormir no había sido fácil.
Y eso que en el interior de Samantha reinaba el caos absoluto. Se preguntaba cómo había conseguido mantener la calma delante de Eliza. Le acarició la mejilla y la miró con ojos llorosos antes de ir de puntillas hacia la puerta.
Se sobresaltó al oír pequeños golpes en la puerta.
Abrió, se encontró con Erin allí de pie.
—Menos mal —susurró, salió a prisa al pasillo junto a ella y le pidió que no hiciera ruido—. Mi hermana se ha quedado por fin dormida. ¿Podrías quedarte con ella hasta que vuelva?
—¿A dónde vas?
—Quiero ir a hablar con mis padres. Pero no tardo. ¿Te importaría?
Erin asintió.
—Espera un momento… Hay algo que me gustaría comentar contigo en el yate para cambiar de aires y respirar. Pero, bueno, podemos hacerlo luego.
Samantha asintió.
—Si yo te acompañaría, lo que pasa es que Eliza no quiere dormir en la suite de nuestros padres, por lo que me veo obligada a tener que quedarme aquí.
—No pasa nada —respondió Erin—. De todos modos, me vendrá bien reflexionar un poco. A solas.
Samantha asintió de nuevo, abrazó a Erin.
—¿Estás medianamente bien? —La apartó un poco de sí para observarla.
—Estoy bien —respondió su cuñada, aunque su rostro no decía lo mismo—. Venga, vete. Yo me quedo aquí con Eliza.
—Tengo que hablar con vosotros —soltó Samantha nada más abrir su madre la puerta. La empujó hacia un lado para entrar, fue directa hacia su padre, sentado, casi hundido, en un sillón junto a la ventana tomando pequeños tragos de una copa—. ¿Cuántos te has tomado ya? —le preguntó con tono severo.
Su padre alzó la cabeza.
—No es asunto tuyo. ¿Y qué haces aquí a estas horas de la noche? —Su voz sonó pastosa, no supo decir si por culpa del alcohol o el cansancio.
—Hasta hace nada he estado ocupada calmando a Eliza. Está en mi habitación porque en la vuestra ya no aguantaba más.
Su padre frunció el ceño, se inclinó hacia delante, dejó la copa en la mesa auxiliar, con algo de ímpetu de más.
—Han asesinado a tu hermano —gritó con ojos sombríos—.
Alguien le ha partido la cabeza y ese alguien sigue libre por ahí.
Y tu otro hermano sigue desaparecido. Así que espero que disculpes que tu madre y yo no finjamos que aquí no ha pasado nada.
A sus catorce años, Eliza debería ser lo suficientemente mayor como para entenderlo.
Samantha suspiró, se sentó frente a su padre, esperó a que su madre también se uniera a ellos.
—Quiero hablar con vosotros de Steve —empezó—.
Digo yo que el nombre os sonará. Steve es mi ex dado que anoche cortó conmigo, así sin más.
—Miró primero a su padre, luego a su madre, pero ninguno parecía dispuesto a tratar el fastidioso tema en aquellos momentos.
La miraban como si estuviera hablando de algo que para ellos carecía de importancia—.
Quiero preguntaros una sola cosa: ¿Le habéis ofrecido dinero a Steve o le habéis amenazado de alguna manera para que se aleje de mí?
Su padre la miró fijamente, luego, resignado, cerró los ojos.
—¿Tu hermano ha muerto y a ti no se te ocurre nada mejor que a estas horas de la noche hablar con nosotros sobre uno de tus muchos hombres?
—No sobre uno de mis hombres, papá, sobre este en concreto. ¡Para mí es el único!
Los ojos de su padre se estrecharon.
—Si ese tal Steve es el hombre al que amas, ¿cómo es que no sabíamos nada? Nunca lo has mencionado.
—Ni lo habría hecho porque tú y mamá…
—¿Qué? —espetó con brusquedad su padre.
—¡Muy bien! Sé que ya me habéis estropeado alguna relación. Al tío antes de Steve le pagasteis para que se largara. Y creo que habéis hecho lo mismo con Steve.
Su padre se levantó y, sin decir ni una palabra, fue hacia la puerta.
—Esta conversación ha terminado, Samantha.
Ella lo provocó con la mirada.
—Habrá terminado cuando lo hayáis admitido.
—Cariño —lo intentó su madre con voz llorosa—. Todd ha muerto. Por favor, concédenos el espacio y la oportunidad de llorarlo. Ya hablaremos de todo lo demás cuando estemos de vuelta en Inglaterra.
Samantha hizo una mueca.
—No me hables como si yo no formara parte de esta familia. Todd era mi hermano y a mí también me duele que haya muerto. Aun así, quiero saber qué os importa a vosotros mi relación con Steve.
Su padre sacudió la cabeza, vino hacia ella y se paró delante de su butaca.
—¿Es que no ves lo que le estás haciendo a tu madre? ¡Acaba de perder a un hijo, maldita sea! ¡Igual que yo!
Samantha le sostuvo la mirada.
—Vuestro otro hijo lleva días desaparecido. ¿Eso no os preocupa?
—¿Cómo puedes pensar algo así? —le recriminó ahora su madre—.
Claro que nos preocupamos por John. Pero es al pobre Todd al que tendremos que enterrar en breve porque alguien lo ha matado a sangre fría.
Y el asesino sigue libre. Podrías empezar siendo de una vez parte de verdad de esta familia en vez de ponerte constantemente en nuestra contra.
Las palabras afiladas de su madre la hicieron retroceder. Durante un rato no dijo nada, reflexionó antes de responder.
—Hace mucho que hemos dejado de ser una familia de verdad —espetó por fin—.
¡Solo somos un montón de esnobs ricos a los que les resbalan los problemas de los demás!
Y ahora, que le ha pillado a uno de nosotros, menudo dramón.
Yodo el mundo sabía que Todd estaba hasta arriba de mierda.
Si no fuera quien era, hacía mucho que lo habrían condenado por sus actos.
Pero vosotros siempre habéis conseguido sacarle las castañas del fuego y ocultarlo todo bajo la alfombra.
—¿Qué estás insinuando? —La voz de su padre sonó como un témpano de hielo y tembló de rabia.
—Estoy diciendo que Todd no era la pobre víctima por la que vosotros…
La bofetada salió de la nada.
Rápida, dura y ardiente.
Samantha se encogió, puso la mano contra la mejilla dolorida y miró a su padre.
—¡A ti es a quien más odio! Siempre haciéndote pasar por el más grande de todos. Como si hubiera que agradecerte a ti nuestra situación privilegiada. Cuando no fuiste tú quien construyó todo esto. ¡Fue tu padre!
—¡Lárgate! —La voz de su padre sonó peligrosamente baja.
—¿Qué pasa? ¿Vas a volver a pegarme si no lo hago?
—Por favor —intervino su madre—. Esto no va a acabar bien…
Un sollozo apenas audible la detuvo. Era Eliza, que había entrado sin que nadie se hubiera dado cuenta y que parecía haberse enterado de todo.
—Ya ves lo que has conseguido —gritó su padre—. Tu hermana ya estaba traumatizada por todo lo ocurrido y ahora vienes tú y ¡lo empeoras todo!
Samantha se levantó, se paró a pocos centímetros de su padre.
—Ni te atrevas a culparme a mí de nada de Eliza, ¿me has entendido?
Mamá y tú sabéis perfectamente a lo que me estoy refiriendo.
—Se detuvo, soltó una risa sarcástica al ver la expresión de espanto en el rostro de su padre—.
¿En serio creíais que somos todos tan imbéciles como para no reconocer lo evidente?
Miró a Eliza, luego a su padre, por último, le escupió a la cara.
—¡Te odio, cabrón de mierda! Y estoy convencida de que Johnny siente lo mismo que yo.
Puede que sea por eso por lo que haya desaparecido…
Que haya comprendido lo que le ha hecho a su mujer al convertirla en parte de esta familia de mierda.
Estará escondido en algún sitio lamentándolo.
Porque al contrario que tú y Todd, ¡él todavía tiene conciencia!
Esperemos que vuestra falta de ella no haya sido su perdición.
Pasando junto a Eliza y saliendo por la puerta, chocó con Julia. Su cuñada, blanca como la cera, temblaba de arriba abajo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Samantha, todavía sin resuello por culpa de la discusión con su padre.
—Ha llegado la policía y está hablando con Erin. Creo que deberíamos bajar. Todos menos Eliza. Si queréis, me quedo con ella.
Samantha sacudió la cabeza, confundida. Entonces lo comprendió. Por eso había aparecido Eliza por sorpresa en la habitación de sus padres. La policía la había despertado.
—¿Y ahora qué pasa que no pueda esperar hasta mañana por la mañana?
—Han geolocalizado el móvil de John. La última señal se emitió en el lugar donde encontraron el cadáver de Todd.
Samantha se apartó de Julia, era como si las piernas ya no la sostuvieran.
—Han venido porque quieren una muestra suya, ¿entiendes? Su cepillo de dientes o un peine. Me parece que creen que ha sido John quien ha matado a mi marido.