21 Colà Di Lazise
VEINTIUNO
COLÀ DI LAZISE
VILLA DEI CEDRI
ERIN
Erin se dirigía a la habitación de Samantha cuando vio de reojo a Eliza bajar las escaleras. Tenía los ojos hinchados, parecía muy desgraciada. Corrió hacia ella, la abrazó.
—Siento muchísimo lo de Todd, cariño. Lo sabes, ¿verdad?
Eliza la miró con ojos húmedos.
—Pero ¿te caía bien?
Erin tragó.
—Apenas lo conocía —fue la respuesta evasiva—. Johnny y Todd no quedaban muy a menudo, por eso mi relación con él no era tan cercana, ¿entiendes?
Eliza asintió con la cabeza. La miró muy seria.
—Creo que aparte de mamá, papá y yo, nadie lo quería. Samantha siempre estaba peleándose con él y Julia… Creo que se alegra de que esté muerto.
Erin abrazó de nuevo a la chica, le acarició la espalda para calmarla.
—Julia no se alegra de que su marido esté muerto.
Le duele lo mismo que a ti lo que ocurre es que en su caso sale a relucir de otra manera.
Es mayor que tú, más fuerte. —Apartó a la chica de sí, sin soltarla.
La miró—. Julia no quiere perder los nervios delante de ti, ¿entiendes?
Es solo por eso que te parece que está fría y distante.
Eliza le devolvió la mirada, no parecía muy convencida.
—Todd no era muy amable con la gente, pero conmigo era diferente. Siempre fue mi hermano mayor, el más guay. Le quería tanto como a Johnny.
Algo en el interior de Erin se rompió al ver la desesperación reflejada en los ojos de la chica.
—John se encuentra bien, peque. Seguro —le mintió—. No sé dónde está ni por qué se ha ido, pero soy su esposa y noto en mi corazón que está bien, dondequiera que esté.
—A ti también te quiero —admitió Eliza con timidez—. Johnny es muy afortunado por haber encontrado una mujer tan genial como tú.
Erin no supo qué decir. Esta confesión de Eliza le había llegado al alma.
—¿A qué has bajado? —preguntó emocionada—. ¿No deberías estar en cama durmiendo?
—Mami ha tomado unas pastillas de dormir y papi no deja de llorar. No aguantaba más.
—¿Te apetece dormir con Samantha y conmigo?
Eliza titubeó un instante, pero asintió finalmente con la cabeza.
Cogió a la chica de la mano para subir las escaleras con ella cuando se les acercó el commissario.
—Señora Carrington —dijo—, quería hablar con usted.
—Blake —replicó ella—. Mi apellido es Blake.
—¿Blake? Creía que acababa usted de…
—He conservado mi apellido de soltera.
El hombre se la quedó mirando.
Al cabo de un rato, a Erin la situación empezó a incomodarla.
—¿Hay algo que quiera decirme?
El commissario miró a Eliza, luego de nuevo a ella.
Erin comprendió. Se dirigió a la chica.
—¿Por qué no vas subiendo? Yo voy dentro de un rato.
Volvió a dedicar su atención al policía.
—¿Hay alguna pista sobre dónde podría estar mi marido?
El hombre le devolvió la mirada, sin embargo, el gesto adusto con el que observó a Eliza yéndose no dejaba trasver qué estaba pasando en su interior.
—La última señal del móvil —dijo, dirigiéndose de nuevo hacia ella.
—¿Qué pasa con ella?
—Queremos geolocalizarla con más precisión —dijo él en tono evasivo, como si ya hubiera revelado de más.
Erin lo miró desconfiada.
—Me está ocultando algo.
—Tan solo procuro ceñirme a los datos que ya han sido confirmados. Sabemos que la relación entre el muerto y su hermano no era muy cordial. Sabemos que en general Todd Carrington no era alguien que le cayera especialmente bien a la gente.
—Cierto, pero sabe perfectamente que no me refería a eso.
—Hemos interrogado al cuñado de Todd Carrington, pero hemos tenido que soltarle.
—¿Se refiere a Harry?
El commissario carraspeó y asintió.
—Hemos encontrado huellas en el cadáver que no son de la víctima. El laboratorio está llevando a cabo un análisis de ADN. Por eso necesitamos muestras de algunos de los presentes.
Erin asintió.
—No hay problema. ¿Quiere que vaya con usted a algún sitio o lo arreglamos aquí?
El hombre negó con la cabeza.
—Aún no, señora Blake. Pero si hubiera algún cambiado, se lo haré saber.
—No lo entiendo —murmuró. Entonces vio cómo los ojos del hombre se fijaron en su cabello y lo comprendió sin necesidad de que él se lo explicara: las huellas encontradas en el cadáver de Todd tenían que ser cabello humano. Habían dejado libre a Harry. Y no necesitaban ninguna muestra de ella.
Así que, ese cabello no era ni rubio dorado como el suyo ni rojo como el de Harry, que era nativo de Escocia.
Eso solo podía significar una cosa… Miró asustada al hombre.
—Las huellas que han encontrado en el cadáver de Todd, era cabello, ¿verdad? ¿Rubio claro?
El hombre guardó silencio, la miró impasible.
En su cabeza se desencadenó un torbellino. Catherine y Eliza eran rubias, Jodie y Julia también – igual que John.
¡Era eso! Eso explicaba el comportamiento tan raro del commissario. ¡No se fiaba de ella! Y solo podía haber una única razón para ello: tenía a John en la lista de sospechosos. Y parecía creer que ella lo estaba encubriendo y que sabía dónde estaba escondido.
—Escuche —soltó furiosa—. Puede que John no le tuviera un cariño especial a su hermano, pero ¡no ha sido él quien lo ha matado! No fue él. Y puede que, mientras usted está aquí pensando que tal vez él sea el asesino, esté corriendo peligro su vida. Tienen que encontrarlo. ¡Se lo ruego!
El commissario esbozó una sonrisa que le heló la sangre a Erin.
—Querida señora Blake, lo haremos. ¡Se lo garantizo!