15 Colà Di Lazise
QUINCE
COLÀ DI LAZISE
VILLA DEI CEDRI
JULIA
—Julia…
Alguien la llama, una y otra vez. El corazón le va a salir por la boca.
¿Es él?
¿Todd?
Su voz no suena como siempre. Suena suave y cariñosa, no la reconoce. No puede ser real. Es para engañarla, que se crea segura, atraerla.
Y, sin embargo, no es capaz de resistirse.
Aparta la manta, se levanta, sale de la habitación y baja corriendo.
—¡Julia, por favor, te necesito!
La voz parece llegar desde el fondo del jardín.
Recorre el camino de grava a toda prisa. Es entonces que se da cuenta de que va descalza. El suelo está frío, pero no resulta desagradable. El frescor la ayuda a mantenerse despierta y atenta.
Al oír una risita maliciosa a sus espaldas, se gira de golpe. No ve a nadie. Luego una brisa, leve pero suficiente para ceñirle el camisón a las piernas.
Le gustaría volver a la cama, taparse con la manta y esconderse, pero la voz no se lo permite.
Está completamente convencida de que es Todd quien la ha llamado. Quiere pedirle algo. Sabe que no va a rendirse hasta haberlo conseguido.
Apenas consigue orientarse en la oscuridad, tropieza con las raíces y las ramas tiradas en el suelo. Pero tiene que seguir. Y entonces lo ve…
Hay algo tirado en la hierba.
¿Es una persona?
¿Un hombre?
Se acerca lentamente hasta que con la punta de los pies toca algo blando.
Al arrodillarse, intenta adivinar qué es eso en el suelo.
Y de repente, lo sabe…
¡Es él!
Todd.
Su marido.
Está tumbado boca arriba, la cabeza ladeada, el brazo en un ángulo antinatural. Parte del rostro yace en las sombras. A pesar de la oscuridad, distingue la palidez anormal de su piel.
Titubeante presiona dos dedos contra la parte del cuello donde debería notar su pulso.
Nada.
—¿Todd? —Su voz no es más que un susurro apenas audible.
Se sorprende de no estar desesperada, de no haber entrado en pánico.
Lo que ocurre es que ya no tiene miedo, no siente dolor – ¡tan solo un alivio enorme!
Se le escapa un sollozo que se transforma en una risa incontrolada.
¡Por fin libre!
Despertó de golpe con el camisón húmedo pegado al cuerpo. Su respiración era agitada y se parecía más a un jadeo. Como si acabara de correr una maratón.
¿Qué había sido eso?
¿De verdad solo había sido un sueño?
¡Era jodidamente real! Los músculos de Julia se tensaron y le costó cada vez más respirar.
¡Todd!
Su cadáver había sido tan real. ¿Sería una especie de premonición?
Entonces recordó el alivio que había sentido al ver el cuerpo. Jadeó consternada. ¿En serio le deseaba la muerte a su marido? ¿Quería que se quedara dondequiera que estuviese?
Tragó, dejó la pregunta pululando por su cabeza, luego resopló.
Si así era, ¿en qué la convertía eso? ¿En una mala esposa? ¿En una mala persona?
Hacía media eternidad que se conocían ella y Todd. De hecho, había habido un tiempo en el que lo había amado de todo corazón. Pero hacía mucho de eso. Pero entonces, ¿qué era lo que sentía por él? ¿Quedaba algún retazo de amor?
No consiguió formular qué era lo que sentía por su marido. Amor desde luego que ya no, se admitió a sí misma. No después de todo por lo que la había hecho pasar. Todas esas otras mujeres, el dar por hecho que ella le perdonaría una y otra vez sus infidelidades y mentiras.
Suspiró al darse cuenta de que sus aventuras no eran para nada lo peor.
Julia inspiró hondo para combatir el llanto que amenazaba con salir.
Demasiado tarde. Aparte de lo que le hacía a ella, Todd tenía muchos más trapos sucios.
Cosas de las que no quería hablar, ni siquiera pensar.
Tras haber revelado uno de sus secretos, se había visto obligada a enfrentarse a la realidad: Todd era una mala persona que arrastraba a los demás a su lado oscuro.
La había obligado guardar silencio sobre todo aquello que sabía.
Ella no estaba al tanto de la historia al completo, pero lo que había descubierto era más que suficiente. Sabía que Todd haría lo que fuera con tal de encubrir las cosas que había hecho.
¿Le había llegado el momento de rendir cuentas?
Durante todos aquellos años, ella se había aferrado a su matrimonio porque se negaba a aceptar la realidad: que hacía mucho que había fracasado.
Su padre se había alegrado muchísimo cuando Todd le había pedido su mano y su madre lo quería como a un hijo. Un divorcio les hubiera partido el corazón, de eso estaba convencida.
¿Y tú qué sabrás?
La voz en su cabeza la asustó. Si ni siquiera han venido a esta boda…
Se estremeció al ver también a sus propios padres con otros ojos. ¿Y si estaban al tanto de que su matrimonio con Todd no era más que una farsa?
Y sí, Johnny los había invitado, pero sus padres habían preferido irse de crucero, y eso que podían haber aplazado el viaje.
¿Por qué razón no lo habían hecho? Su madre había sonado rara cuando le había comunicado por teléfono que no irían a la boda.
Y la última vez que había ido a visitarlos, su padre se encontraba supuestamente mal y no había querido que lo molestaran.
¿Y qué pasaba con Jodie, su hermana?
¿De verdad estaba liada con Todd?
De repente fue consciente de que lo de Todd y su hermana tenía que ser otra cosa. Jodie se había enfadado muchísimo con ella y Harry. Había dicho cosas horribles. Estaba muy dolida, casi desesperada.
Eres una experta en meter la cabeza en la arena para no ver los problemas e ignorarlo todo con tal de protegerte.
Al percatarse de que solo una persona en el mundo podía aclarar todas estas incógnitas, le empezaron a temblar las manos. Cogió el móvil, buscó el número de Jodie, a punto de darle al botón de llamada se fijó en la hora. Era plena noche. Tiró frustrada el móvil sobre la cama y rompió a llorar.
Sopesó si llamarla de todos modos y cedió. Volvió a coger el móvil, marcó y ni siquiera se sorprendió que tras el primer tono de llamada sonara un «qué quieres» furioso.
Julia se armó de valor, inspiró hondo para, acto seguido, volver a soltar el aire.
—Quiero hacerte una sola pregunta, Jodie. ¿Mi marido… Todd... te ha violado?