La noche de bodas 14 Puerto Deportivo Desenzano
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CATORCE

PUERTO DEPORTIVO DESENZANO

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SAMANTHA

Erin la miró en shock.

—¿Qué quieres decir? ¿Acaso crees que Julia…?

Samantha rechazó las palabras con un gesto de la mano.

—No. Julia no le ha hecho nada a Todd. Carece de la fuerza y el valor necesarios para liberarse por sí sola de su matrimonio.

Solo quiero decir que no hay muchas personas en el entorno de Todd que lo quieran y que estén deseando que vuelva.

Aparte de nuestros padres, claro. Aunque es más bien nuestro padre quien lo tiene en un pedestal.

Lo adora. Mamá, sin embargo, está loca por John.

Johnny y yo tuvimos que aguantar lo suyo en el pasado, por culpa de cosillas en las que se había metido Todd, por decirlo de manera suave.

—Johnny no me ha comentado nunca nada de eso.

—Obviamente porque, a pesar de todo, siempre se posiciona de lado de mi hermano. Lo que quiero decir es que a veces la gente como Todd da con la persona equivocada, no dispuesta a tragar con todo.

—O sea, que volvemos al tema de la venganza —constató Erin.

—Bajo mi punto de vista es lo más obvio.

—¿Y John? ¿Él qué tiene que ver?

—Nada, a no ser que estuviera con Todd en el lugar y el momento equivocados.

Pero bueno, esto no son más que especulaciones —añadió Samantha, controlándose para no romper a llorar.

No quería que Erin le notara que, con cada hora que pasaba, crecía el temor de que a sus hermanos les había pasado algo malo.

—Todd nunca me ha caído bien —confesó Erin—. Es el tipo de persona que me hace sentir incómoda cuando estoy con él en la misma habitación.

—A eso es a lo que me refiero —respondió Samantha en voz baja—. Todd es igual que papá. Johnny, sin embargo, se parece más a mamá… a como era antes. Con el paso del tiempo nuestra madre también ha cambiado bastante, a peor, como has podido comprobar tú misma.

—Sí. Le da mucha importancia a la imagen y a lo que publica la prensa. Demasiada.

—Y por esa misma razón aplaudí para mis adentros tu precioso vestido de novia rojo. Me lo pasé pipa cuando vi la cara de mi madre.

—No lo escogí por eso.

—Lo sé. Sin embargo, sirvió para demostrar una vez más qué clase de persona es mi madre realmente. Sus intentos desesperados por dejar bien claro qué lugar ocupa nuestra familia, esa necesidad suya de reconocimiento cueste lo que cueste, resultan casi enfermizos.

—Acabas de decir que antes no era así. ¿A qué crees que se debe el cambio?

—Creo que a mi padre. Siendo yo pequeña, la vi llorar muchas veces porque papá la trataba mal.

Hubo una época en la que incluso pensé que mamá odiaba a papá.

Hasta que decidió darse por vencida y dejarse amoldar al gusto de papá y obtener su beneplácito.

Tu suegra tal como la conoces no tiene nada que ver con la persona que era antes de que papá entrara en su vida.

—¿Cómo sabes todas estas cosas?

—Me lo contó mi familia materna. La abuela, por ejemplo. Falleció hace unos años, pero hasta entonces no dejaba de repetir lo mucho que había cambiado su hija. Cada vez que iba a visitarla, surgía el tema.

—Para serte sincera, siempre he tenido la impresión de que John desprecia a su padre y a Todd.

Nunca lo ha dicho abiertamente, pero yo se lo notaba en su manera de comportarse cuando lo llamaban o se pasaban por casa.

De hecho, creo que detesta a su hermano más incluso que a su padre.

No lo puedo afirmar con certeza, pero creo que estando en compañía de su hermano, se siente igual de incómodo que yo.

Samantha la miró asombrada.

—¿En serio?

Erin asintió con la cabeza.

—Por esa misma razón me cuesta entender que los dos hayan desaparecido juntos.

A Johnny no le gustaba que Todd se pasara por casa.

A veces pasaban semanas, si no meses, en las que ni se veían ni hablaban por teléfono.

¿Y ahora, supuestamente, Johnny se larga de su propia boda para ayudar a su hermano Todd a saber en qué?

—No te convence.

—Pues no.

—¿Y dónde crees tú que está tu marido?

—Como ya he dicho, el día de la boda, ya estaba anocheciendo, los vi hablar en el jardín. No era una conversación normal. Estoy segura de que estaban discutiendo, incluso riñendo. Me pareció que uno de ellos había perdido los nervios.

Samantha se sobresaltó, se quedó mirando a Erin. ¿Qué decirle? ¿Que era una posibilidad que sus hermanos se hubieran partido la cabeza mutuamente? Llevó la mano a la boca para sofocar un jadeo de alarma.

—No sé, Erin. Eso me parece muy traído por los pelos —dijo finalmente—. Vale, no están muy unidos, pero tampoco creo que haya razón como para irse a la yugular.

—Pues yo diría que la rivalidad y la rabia son razones más que convincentes.

Samantha cerró los ojos. Sí, era cierto. Desde muy niños, Todd y Johnny no habían dejado de competir entre ellos. Tanto por el amor y la atención de sus padres como por quién de los dos se liaba con más mujeres y, más tarde, por quién de los dos lograba mayores logros profesionales.

Pero, esa rivalidad y esa competitividad ¿no era algo normal entre hermanos?

No, no lo era, admitió para sus adentros.

Lo de Todd y John era más serio. Había causado enganchadas fuertes en el pasado. En algunas de ellas incluso habían llegado a las manos cuando Todd intentaba manipular a Johnny para hacerlo cambiar de idea.

Volvió a abrir los ojos, vio a Erin mirándola con preocupación.

—No sé a dónde quieres ir a parar, Erin, pero ¡Johnny no es capaz de algo así! Es la mejor persona que conozco. Y da igual lo resentido que esté con su hermano, ¡jamás le haría daño!

Erin alzó la barbilla y la miró con dureza.

—En eso te doy toda la razón. Pero ¿podrías decir lo mismo de Todd?