13 Colà Di Lazise
TRECE
COLÀ DI LAZISE
VILLA DEI CEDRI
ERIN
—Va a aparecer, seguro. Por favor, no se preocupe e intente dormir un poco.
Erin miró dubitativa al policía más joven.
—Si mi marido pudiera comunicarse conmigo, lo habría hecho.
El policía asintió con la cabeza.
—Aun así, no hay por qué ponerse en lo peor. Hay un sinfín de explicaciones de por qué no lo ha hecho. Vamos a encontrarlos. Confíe en nosotros.
Erin notó la mano de Samantha cogiéndole la suya, lo que de inmediato le aportó consuelo.
—Me gustaría irme del hotel y pasar la noche en el yate, por si vuelve John. ¿Puedo? —preguntó al policía.
—Por supuesto. Nos ha proporcionado todo lo que necesitamos. Si hay novedades, la avisaremos.
Erin miró a Samantha.
—¿Te importaría acompañarme? Sola en el yate… no sé, no me parece lo correcto.
—Claro, cariño —fue la respuesta inmediata de Samantha—. Deja que coja un par de cosas y nos vamos.
En el taxi que las estaba llevando al puerto reinaba el silencio. No necesitaba mirar a su cuñada para saber que Samantha estaba igual de preocupada por Johnny que ella.
Cuando media hora más tarde se apearon del coche y cruzaron el embarcadero para subir al yate, a Erin se le aceleró el pulso. Había luz bajo cubierta. Eso solo podía significar que…
—Está ahí, tiene que estarlo —gritó nerviosa y se puso a correr.
Subió al yate con el corazón en un puño.
—¿Johnny? —lo llamó a gritos ya desde la escalera, jadeando de emoción. Una vez bajo cubierta, miró primero en el camarote, luego en la zona de cocina y en el baño.
Pero nada. Ni rastro de John.
—¿Habrás dejado la luz encendida? —sugirió Samantha al llegar cargando con su bolsa.
—Estoy segura de que no —dijo Erin convencida—. Procedo de una familia en la que siempre había que ahorrar. Lo sigo llevando en la sangre. Jamás saldría si sigue encendida una luz.
—O sea, ¡han estado aquí! —Los ojos de Samantha saltaron de un lugar a otro—. O al menos uno de ellos. —Dejó caer los bolsos y siguió mirando—. Oye, qué lujoso esto.
Erin se encogió de hombros.
—Johnny lo ha alquilado para mí, pero no hubiera sido necesario.
Samantha sonrió.
—No es fácil perder las viejas costumbres. Mis hermanos y yo no sabemos lo que es tener problemas económicos, de ahí que gastemos nuestro dinero tan alegremente y sin pensar.
—¿Una copa? —le ofreció Erin poco después, tras haberse recuperado algo.
Samantha asintió.
—Pero solo si lleva alcohol.
—Tu hermano llenó la nevera con botellas de champán.
Se encaminó hacia la cocina, sacó una botella de la mininevera y la abrió. Samantha mientras tanto había cogido dos vasos para zumo de una alacena.
—No es el momento de etiqueta ni estilo —justificó la elección de vasos.
Tras tomar el primer trago, Erin resopló.
—¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos?
—¿Esta noche? Pues poca cosa —dijo Samantha—.
Mañana, tan pronto haya amanecido, saldremos a recorrer el lago.
Les propuse lo mismo a los policías. Por esta zona hay unos cuantos sitios que significan mucho para Johnny porque albergan recuerdos de infancia.
Puede que él y Todd se hayan atrincherado en uno de ellos.
Erin estudió a su cuñada, luego sacudió la cabeza.
—¿En serio crees eso? Lo que no me entra en la cabeza es que, si de verdad han querido desaparecer, por qué ninguno ha dado todavía señales de vida.
Samantha se desanimó de repente.
—Bueno, en el caso de Todd no me extraña —soltó por fin—. Incluso tú has tenido que darte cuenta durante el ajetreo prematrimonial que Juls y él arrastran muy serios problemas desde hace tiempo.
Erin tragó.
—Es más que evidente. Pero digo yo que será consciente de lo preocupada que estará su esposa. Me cuesta imaginar que desaparezca así sin más. Y si es por los problemas de pareja, no van a esfumarse solo por salir corriendo. Tiene que haber algo más.
Samantha quiso decir algo, pero titubeó. Parecía reflexionar.
—Tampoco me quito de la cabeza lo de Harry y Jodie —siguió hablando Erin—. No encaja.
Samantha asintió vehemente con la cabeza.
—Llevo todo el rato dándole vueltas a eso. —Sacudió la cabeza—. Es todo muy raro… Jodie engaña a Harry con Todd, supuestamente, y al final es Jodie la que se cabrea con todo el mundo. ¿No tendría que ser al contrario?
Erin asintió.
—Julia tenía todo el derecho a poner a parir a su hermana y a su marido, pero Jodie se ha puesto tan… no sé cómo decirlo.
—¿Desesperada?
—Sí, como si le costara creer que su propia hermana la pudiera tener por adúltera. —Samantha cerró los ojos, suspiró—. Cuando en Abano comenté la suerte que tienes con Johnny, lo decía en serio. Es una buena persona. Espero que lo sepas.
A Erin se le encogió el corazón. Asintió despacio.
—Soy muy consciente de ello, si no, no me hubiera casado con él.
—Julia también se casó con Todd porque pensaba que era un buen partido.
—¿Y no lo es?
Fue la primera vez que desde que se conocían Samantha no consiguió mantenerle la mirada.
—Quiero a Todd, al fin y al cabo, es mi hermano, pero en cuanto a tu pregunta…. —Se calló, pareció titubear—. Supongo que a estas alturas te habrás dado cuenta de que Todd es un narcisista. Pero no es solo eso lo que me cuesta tanto admitir. Me temo que Todd tiene una vena sádica.
—¿De dónde sacas eso? ¿Ha ocurrido algo?
—Sí, varias veces. Es como si Todd disfrutara haciendo sufrir a los demás.
No es una buena persona. Siempre he tenido muy claro que llegaría el día en el que se enfrentaría con la persona equivocada, alguien que le pusiera límites y lo hiciera pagar por lo que les hace a los demás.
Sin embargo, espero estar equivocada y que la desaparición de ambos no tenga nada que ver con una venganza.
Erin carraspeó.
—¿Crees que Todd está metido en asuntos turbios y que ha arrastrado a John con él?
—Cabe esa posibilidad. Y mira que me cuesta admitirlo. Cuando se trata de la familia, John es muy leal. Aunque la relación entre Todd y él no sea la mejor, es muy posible que quiera ayudarle. Lo cual pudo haber sido su perdición.
A pesar del calor, Erin empezó a sentir frío por lo que se frotó los brazos. El corazón le latía tan deprisa que era como si fuera a salirle por la boca de un momento a otro.
—¿Qué quieres decir exactamente? —susurró con voz ronca.
Samantha la miró con ojos sombríos.
—Todd ha causado mucho daño, ha herido a muchas personas. Consecuentemente, por ahí fuera hay un sinfín de gente que preferiría verlo antes muerto que vivo.
—O sea, ¿crees que alguien con deseos de venganza ha escogido el día de mi boda para castigar a Todd?
—¿Por qué no? Un crimen es mucho más fácil de perpetrar cuando la gente está de fiesta y ha bebido unas cuantas copas. Él o ella tan solo tendría que mezclarse entre los invitados. O puede que fuese uno de los propios invitados. Alguien de nuestro entorno.
—¿Alguna idea de quién pueda odiar tanto a Todd como para llegar tan lejos?
—Más de una, incluso dentro del entorno familiar. Mira cómo le dejó la cara Harry. ¡O el comportamiento de Jodie ayer! No sé muy bien qué pasó exactamente entre ella y Todd, pero yo diría que fue algo más que una simple aventura. Y luego está Julia…
—¿Qué pasa con Julia?
—No lo tiene nada fácil. Desde que es la esposa de Todd y ha entrado en esta familia, ha cambiado por completo.
Antes era una persona fuerte, dinámica y segura de sí misma.
Ahora no es más que la sombra de lo que fue.
Por culpa de Todd. Él le miente y la engaña.
No la respeta. No me extrañaría nada si esas lágrimas de desesperación que derrama por su desaparición no son más que puro teatro.