12 En El PasadoDoce
DOCE
EN EL PASADODOCE
HARRIET
Harriet entró al patio, cargada con las bolsas de lona repletas. Apenas quedaba luz y solo quería una cosa: descargar la compra cuanto antes. Le dolían los dedos y lo que más le apetecía ahora era tomarse un buen plato de pasta, darse una ducha muy caliente y descansar.
Ya casi había llegado a las escaleras que daban a su habitación, cuando lo vio.
Estaba a unos metros, apartado, en la sombra, los hombros apoyados con soltura en la pared, como si llevara algún tiempo ya esperándola.
—Vas cargada como una mula —comentó él.
Ella se detuvo.
—Ya casi he llegado.
Él no se movió, tan solo alzó ligeramente la barbilla. No apartó los ojos de ella, la miraba con calma y algo intenso de más.
—Quería hablar contigo.
De manera instintiva, ella retrocedió un poco porque aquella situación la estaba haciendo sentirse incómoda. ¿Qué quería de ella? ¿Precisamente él?
—Vale…
—No me digas que me tienes miedo —Comentó él, disfrutando con aquello.
—¿Debería? —preguntó ella, tratando de sonar relajada.
Ahora él sonrió, se apartó del muro.
—Es por nuestro encuentro el otro día en la cafetería. No tenía ni idea de que estás aquí con beca y que eres prácticamente novata en la uni. No pretendía insultarte.
—No pasa nada. Ya está olvidado —dijo ella.
—Estupendo. —Asintió con la cabeza, metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro—. Lo que pasa es que estoy acostumbrado a que la gente hable de Malcolm y de mí. Fingen estar bien con nosotros, pero luego, por detrás, nos ponen a parir.
Ella alzó una ceja.
—¿Y pensabas que yo también lo hacía?
—Por un instante. Pero ya no.
Un momento de silencio. Luego él carraspeó.
—Pero la verdadera razón por la que estoy aquí es que creo que le molas a Malcolm.
Ella bajó la mirada. Apretó el asa de las bolsas.
—A ti también te gusta, ¿no?
—Si apenas lo conozco.
—Pero te gustaría conocerlo mejor, ¿o no?
Ella guardó silencio.
Él la escrutó con la mirada.
—No eres la primera que cree que mi hermano es fascinante. Es un tío guay, ¿sabes? Amable, educado – en mi opinión, demasiado a veces. Y es un soñador. Eso es lo que trae locas a las tías. Da la impresión de estar siempre en las nubes. En otro planeta o algo así.
Ella no pudo evitar reírse. Era la misma impresión que tenía ella.
Él sonrió.
—Parece que he dado en el clavo.
Ella asintió, todavía sonriendo.
—Tiene su encanto en cierto modo, sí. Pero la nuestra fue una charla insustancial. Él se me acercó, me habló y yo no le di mayor importancia. Pensé que estaba siendo amable conmigo y que por eso me había hablado.
—¿Tienes novio?
La pregunta le molestó, abrió la boca, buscó demasiado tiempo una respuesta apropiada.
—¡Me parece que no! —contestó él en su lugar—.
Solo para que conste, Malcolm también está libre.
Al menos, de momento. Pero hay unas cuantas que están interesadas.
Aunque de momento, con poco éxito. Yo solo quería que supieras que ha estado hablando de ti – las veinticuatro horas del día.
Para ser sincero, está empezando a resultar cansino.
—¿Y? —preguntó ella.
—Pues que pensé que podía interesarte saberlo.
Ella no se inmutó, tan solo esperó a ver a dónde quería ir a parar.
—No sé si te lo ha comentado Malcolm, pero este fin de semana voy a dar una fiesta para celebrar el comienzo del nuevo semestre y el cumpleaños de mi novia.
Está estudiando en los Estados Unidos, solo viene para la fiesta.
Quiero que sea una sorpresa. He alquilado el hotel, el The Grand en Eastbourne.
Va a haber comida buena, música y copas.
Ya está todo organizado. Si quieres, ven.
—No sé —dijo ella indecisa.
—Oye, no te preocupes. Sé que andas mal de pasta y que no puedes permitírtelo. Me lo dijo Malcolm. Pero las habitaciones están pagadas. Tendrás una habitación para ti sola. Tráete a tu amiga si te sientes más cómoda. Nadie espera nada de ti. Solo quiero hacer feliz a mi hermano.
Ella lo miró. Tenía una voz profunda, calmada, y parecía estar siendo sincero.
—Lo cierto es que a Malcolm no le apetece venir —prosiguió el tras unos instantes de silencio—. Pero tiene que hacerlo. Voy a pedirle matrimonio a mi novia. Van a venir nuestros padres. ¡Va a ser una noche morrocotuda!
Ella no dijo nada.
—Vale, está bien. Hay algo más. Segundas intenciones, por así decirlo.
—¿Que son…? —preguntó ella con recelo.
—Pensé que, si tú vienes, Malcolm también vendrá.
Una ráfaga de viento arrastró unas cuantas hojas secas por el patio.
—Me lo pensaré —dijo ella finalmente.
—Hazlo. Disfruta de lo que queda del día. —Se despidió con un gesto de la cabeza, dio un paso atrás, media vuelta y se fue hacia la calle. Sus pasos eran silenciosos, casi no se oían.
Harriet permaneció allí quieta, viéndolo alejarse. Las bolsas parecían estar tirándole de los brazos. Entró en el edificio y subió despacio las escaleras que daban a su cuarto.
Una vez arriba, suspiró decepcionada al ver que Jessie aún no había vuelto. Así que guardó ella sola la compra en la nevera y las alacenas. Pero su mente estaba en otro sitio. Sus ganas de pasta, ducha y cama se habían evaporado. Todo su ser pedía a gritos hablar con alguien.
¿Qué opinaría Jessie sobre esta sorprendente invitación? ¿La acompañaría?
Con aire soñador, echó la cabeza atrás y cerró los ojos.
Le gustaba Malcolm. Cada vez que se topaba con él, sentía un hormigueo traicionero en la boca del estómago. Era amable, servicial. Desde luego que no tan seguro de sí mismo como su hermano, no del tipo chulo, más bien reservado. Al menos era la impresión que tenía de él.
Su hermano, sin embargo… Resultaba frío, demasiado controlador, puede que incluso interesado. Era guapo, sí, pero algo en él le resultaba repulsivo. Un tío al que mejor no perder de vista y al que mantener lejos, a ser posible.
Le vino a la cabeza la conversación de la otra noche en el Nosebag, con las chicas de la mesa de al lado. Que era un demonio y peligroso, dijeron. De golpe se le puso piel de gallina.
Harriet no había indagado aún si era cierto lo que habían dicho las chicas, pero seguía con la conversación metida en la cabeza.
¿Y lo de hoy? ¿Qué había sido eso?
Había intentado ser amable con ella. Se había disculpado por su comportamiento del otro día. ¿Era solo fachada?
No tenía ni la menor idea.
Pero ¿qué más daba? Si decidía ir a la fiesta no sería por él, sino por Malcolm.