La noche de bodas 11 Colà Di LaziseOnce
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11 Colà Di LaziseOnce

ONCE

COLÀ DI LAZISEONCE

VILLA DEI CEDRI

JULI

Pasaba mucho de las diez ya y todas las excusas y explicaciones acerca de la desaparición de los hermanos Carrington habían enmudecido.

La dirección del hotel había decidido encender los reflectores para inundar de luz toda la propiedad.

En la entrada había dos coches patrulla que añadían al ambiente, ya en por sí tenso, más dramatismo.

Convertían lo ocurrido en algo oficial.

Dos personas habían desaparecido sin dejar rastro.

Dos hombres.

Uno de ellos, el esposo de Julia, el otro, el hermano de este y cuya esposa estaba cada vez más desesperada.

Julia miró hacia el jardín. Los huéspedes del hotel iban nerviosos de un lado para otro, hablando entre sí cuando no los interrogaba uno de los dos policías.

El mayor, Commissario Silvano Trevisan, se movía de manera concienzuda entre la multitud alterada, haciendo una pregunta tras otra, mientras que el compañero más joven, Inspettore Luca Montelupo, anotaba las respuestas diligentemente en una libretita.

Ya habían hablado con Erin, Samantha y con ella, al igual que con el resto de los Carrington. De momento estaban ocupados, sometiendo a Harry a un tercer grado, después de que Samantha y Julia les hubieran contado lo de la pelea entre él y Todd.

Julia lo observaba gesticular como loco mientras hablaba con los policías. En una de esas, dirigió su mirada hacia ella. Había algo suplicante en esa mirada. Harry sacudió despacio la cabeza, ahora tenía el aspecto de estar completamente desesperado.

A raíz de la insistencia de los policías, alzó la voz con lo que Julia pudo oír cada una de sus palabras.

—Sí, Todd y yo discutimos, ¡joder! Pero eso no significa que yo tenga algo que ver con su desaparición. Además, ¿qué tiene que ver con Jonathan? Porque él también ha desaparecido. Con él me llevo bien.

Harry sacudió la cabeza. Alzó las manos, vino hacia ella.

—Julia, por favor, puedes confirmarlo. ¡Me conoces!

Ella le devolvió la mirada y tragó.

—Eso creía, Harry —dijo finalmente—. Pero perdiste los estribos y le pegaste a mi marido. Jodie pensaría lo mismo que yo si fuera al contrario y fueras tú el desaparecido y no Todd.

Harry se encogió de hombros.

—Julia, te juro que ni sé dónde está tu marido ni le he hecho nada. Todd es un cabrón – ¡sí! Eso lo sabemos todos. Pero ¡no voy a matarlo por eso! ¿No lo comprendes?

—Un momento —intervino el commissario empleando un inglés impecable—. El primero que ha hablado de asesinato y homicidio ha sido usted, Harry. ¿Podría explicarme eso? ¿De dónde saca la idea de que tras la desaparición de estos hombres tiene que haber un crimen?

Harry palideció, parecía estar a punto de perder los nervios.

—Solo… solo era una manera de hablar —balbuceó—. Mire a su alrededor: todo el mundo me mira como si yo fuera el responsable de esta miseria.

—¿Miseria? —La ira se apoderó de Julia—.

¡Mi marido y el de Erin han desaparecido y tú hablas como si se tratara de un reloj robado!

De todos modos, no entiendo qué está pasando.

Todd se comportaba como si no hubiera ocurrido nada, y eso que tenía la cara hecha un cromo y no era capaz de mirarme a los ojos.

Y luego desaparece sin más, igual que Johnny, que acaba de casarse ayer.

¡Quiero saber ahora mismo qué está pasando aquí!

Harry carraspeó, dejó caer los hombros.

—Si ya lo sabes, Julia. ¡Lo que pasa es que no quieres reconocerlo!

—¿De qué está hablando? —pregunto Erin, que había aparecido con Samantha a remolque y acababa de oír esta última parte.

Los policías también le dirigieron miradas interrogantes.

Julia negó con la cabeza, aunque le sostuvo la mirada a Harry.

—Ya lo he dicho una vez, pero no me importa repetirlo: ¡Yo sé una mierda, Harry!

Su cuñado retrocedió afectado, cerró los ojos un instante. Al volver a abrirlos, Julia distinguió algo tenebroso en ellos. Dolor, decepción pura y dura y también una buena porción de rabia.

—¿En serio me lo haces tener que decir en voz alta? —le espetó—. Pues muy bien. Pues para todos aquellos que aún no se han enterado: tu esposo, Julia, se ha follado a mi mujer. Eso es lo que pasa. ¡Tu maravilloso marido y mi esposa son unos jodidos adúlteros!

—¿Qué tonterías son esas? —soltó Julia, aunque fue consciente de que Harry acababa de pronunciar la verdad. Sin embargo, no fue capaz de admitirlo. Prefirió seguir cerrando los ojos ante la realidad.

Ante lo que no pudo cerrarlos fue ante lo que ocurrió a continuación. Notó las miradas de Samantha y Erin pasar a su lado. Sin tener que darse la vuelta, supuso que se estaba acercando su hermana.

Así que ahí estaba, la mujer con la que había follado su marido.

Cuando por fin logró girarse hacia Jodie, explotó. Soltó un gruñido de asco.

—Felicidades, hermanita. Acabas de ascender oficialmente a la categoría de puta —le escupió sin poder controlar su ira—.

Espero que tengas claro que no eres la única.

¿Te ha prometido que se va a separar de mí?

Por supuesto que lo ha hecho. Pues siento decepcionarte: es la técnica que emplea siempre.

Una técnica que ha usado un sinfín de veces y que nunca se toma en serio. Está hablando la voz de la experiencia.

Eludió la mirada de lástima que le lanzó Samantha, ignoró el siseo asustado de Erin, tan solo quedó mirando fijamente a su hermana.

—¿Cómo pudiste, joder? ¿Cómo pudiste hacerme tanto daño?

Sin embargo, no fue Jodie quien reaccionó, sino Harry, con una carcajada llena de cinismo.

—Permíteme que conteste —soltó—. ¡Mírala! ¡La personificación misma de la mala conciencia! ¡Tu hermana es una maldita furcia! ¡Igual que el cabrón de tu marido!

—Calla, Harry —lo amonestó Samantha al oír los sollozos de Jodie.

Julia, sin embargo, estaba furibunda. Ver a su hermana llorar lágrimas de cocodrilo hizo querer abofetearla, pero se controló.

La relación entre Jodie y siempre había sido muy estrecha, hasta que todo había cambiado unas semanas atrás. Jodie casi nunca la llamaba, no contestaba tampoco a sus llamadas ni mensajes.

Había muchas similitudes con la desaparición de Todd, con la diferencia de que en el caso de Jodie había sabido dónde estaba. Se había escabullido entre sus cuatro paredes, alejándose de todos. Incluido de Harry, su marido.

Lo cierto era que ya se había imaginado que estaba pasando algo, había contado con cualquier cosa, excepto con esto. Inspiró hondo.

—¿Cuánto lleváis así?

Jodie echó la cabeza atrás y se rio. Al volver a mirarla. Lo hizo con furia en los ojos.

—Eres la persona más lista que conozco, Juli, pero eres tan ingenua que no entiendes lo que está pasando de verdad aquí.

Se fijó en que a Jodie le temblaba la voz, siempre lo hacía cuando estaba a punto de explotar.

—¿A qué te refieres?

—A mí también me gustaría saberlo —dijo el policía más joven.

Sin embargo, Jodie lo ignoró. Siguió taladrándola con la mirada.

—Me refiero a que estás tan atrapada en este mundo de color rosa, en los mundos de Yupi de esta jodida familia, que te has vuelto ciega a todo lo demás. —Se detuvo, miró a Harry—. Y tú...

—¿Qué pasa conmigo? ¡Venga, suéltalo ya!

—¡Bah! No tengo palabras. Lo único que puedo decir es: ¡Que te jodan! —Se le escapó una sonrisa—. Voy a volver a casa en el primer avión que encuentre y ni se te ocurra seguirme, ¿entendido?

Harry alzó una ceja.

—No creo que podamos —respondió con tono cortante mientras les echaba una mirada interrogante a los policías.

Jodie hizo un gesto de desprecio.

—Puede que tú no…. —Se giró, dio unos pasos, se detuvo, volvió a girarse y le echó una última mirada a Julia—. Y tú: no quiero que me llames, ¿entendido?

Julia, todavía atónita ante el estallido de su hermana, se sobresaltó, asintió completamente sobrepasada. Al mirar a Erin y Samantha, se dio cuenta de que ellas pensaban lo mismo que ella: no tenía sentido ninguno que fuera Jodie la cabreada.

¡Si había sido Jodie la que les había arrancado el corazón a Harry y a ella!