La noche de bodas 10 Colà Di Lazise
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10 Colà Di Lazise

DIEZ

COLÀ DI LAZISE

VILLA DEI CEDRI

SAMANTHA

Ya eran las cuatro de la tarde y seguían sin noticias ni de Johnny ni de Todd. Erin había vuelto al yate, con la esperanza de encontrar a John allí, pero nada.

Estando aún en el yate, le había mandado un mensaje desesperado a Samantha, el cual esta tuvo que leer dos veces antes de contestar.

Samantha, creo que aquí está pasando algo.

John no ha estado aquí y sigue sin reaccionar a mis mensajes.

Le habré mandado unos veinte. Me siento como si lo estuviera acosando.

Samantha tragó, luego tecleó:

¿Quieres que me acerque o prefieres venir tú?

Ni un segundo después, recibió la contestación:

Estoy en el taxi. Llego dentro de nada.

Samantha dejó el móvil en el regazo y suspiró. Erin tenía razón. No era propio de Johnny desaparecer sin más, sabiendo que había gente que se preocuparía por él.

Su hermano no era así.

Johnny estaba locamente enamorado de Erin. Jamás haría nada sin razón para preocuparla así, y mucho menos el día después de su boda. Tenía que haber pasado algo.

Se levantó de la cama para dirigirse a la habitación de sus padres. Pero, tras llamar varias veces, nadie abrió.

Frustrada emprendió su búsqueda. Primero miró en el comedor, luego preguntó a la encantadora recepcionista.

En vano.

Samanta soltó un gemido al darse cuenta de que solo le quedaba un sitio donde mirar: el parque. Y el parque era enorme.

Sopesó si mandarle simplemente un mensaje a su madre, pero era una situación demasiado seria como para comentarla al teléfono.

Salió, al exterior, recorrió el amplio parque con sus plantas y árboles exóticos y que tanto la entusiasmaban en circunstancias normales. Al contrario que en días anteriores, hoy apenas percibía la belleza del lugar. Solo podía pensar en sus hermanos. Ojalá estuvieran bien. Los dos.

Siguió avanzando deprisa, llevada por la preocupación y el deseo de hablar con sus padres.

Primero miró en la zona spa, luego en la piscina adyacente, finalmente en la pequeña piscina termal, a unos cien metros en el parque. ¡Nada!

Con un suspiro se dirigió a los lagos.

Debido a la celebración del día anterior, el gerente del hotel había cerrado el parque termal, pero hoy, los lagos volvían a estar abiertos al público. Para alegría de los demás huéspedes. Para ella, sin embargo, eso significaba tener que atravesar masas de visitantes para dar con sus padres.

Por fin vio a su padre. Vestido con traje de baño, se había acomodado en una hendidura del lago grande y de cuya pared salían burbujas calientes.

Le hizo señas espasmódicas con el brazo, lo llamó, pero él no reaccionó. Para llegar hasta él no le quedó más remedio que desvestirse y meterse en ropa interior en el lago.

Furiosa, nadó hacia él, le lanzó un buen cargamento de agua a la cara.

Él resopló, tosió, la miró consternado.

—Pero ¿cuántos años tienes, Samantha? ¿Cinco?

—Erin está loca de preocupación, padre. Johnny sigue sin aparecer y de Todd tampoco se sabe nada. Y tú mientras tanto, pasándotelo a lo grande. ¿Es que no estás ni un poquito preocupado?

Edward Carrington la miró, frunció el ceño.

—¡Por dios, Samantha! Tus hermanos ya son mayorcitos. Ya no me piden permiso para ir de caza.

—¿De caza? Todd y Jonathan están casados. No tengo ni idea de a qué te refieres.

—Me refiero a que tus hermanos son hombres mayores de edad que no tienen que rendir cuentas a nadie si deciden echar una cañita al aire. John se ha casado ayer y Todd es… bueno, Todd es Todd. Habrán salido a dar una vuelta por ahí a pasarlo bien. Estamos de vacaciones, cariño. ¡Relájate!

Samantha se quedó mirando pensativa a su padre, sacudió la cabeza.

—Has vuelto a demostrar lo poco que conoces a Johnny. Jamás dejaría a Erin sola sin responder sus mensajes. ¡Que son una pareja recién casada! ¿Por qué iba Johnny preferir la compañía de Todd en vez de la de su mujer?

—¿Tal vez porque Todd tiene algún tipo de problema? Supongo que te habrás enterado de que Harry lo ha atacado, conducta que tu madre y yo reprobamos sobremanera. Tu hermano mayor no aparece ni en una sola foto oficial de la boda, cosa que la prensa explotará al máximo. ¡Eso sí que me preocupa!

Samantha tuvo que controlarse para no soltarle una mala contestación, pero hacerlo no serviría de nada.

—¿Dónde está mamá? —preguntó.

—La última vez que la vi tenía pensado ir de compras a Lazise.

Samantha se quedó mirando a su padre y soltó una carcajada cínica.

—En serio, no os entiendo. Os preocupa el impacto que pueda tener el vestido de Erin de puertas para fuera, pero ¡os importa una mierda que vuestros hijos hayan desaparecido!

—¡Cuida tu vocabulario, Samantha! Y en cuanto a lo del vestido, el tuyo no era mucho mejor que el de Erin. A tu madre y a mí nos pareció más que cuestionable el modelito que llevabas ayer.

—¿Qué pasaba con mi modelito?

—¿Y aún lo preguntas? Hija, si con ese vestidito negro parecías una camarera más. Hubo algún que otro invitado que fue algo más explícito y dijo que parecías una ramera. ¡Tú! ¡Una Carrington!

Samantha miró perpleja a su padre. Ambos guardaron silencio durante unos segundos, hasta que su padre ladeó la cabeza y sonrió.

—No te hagas la ofendida, cariño. Mira a tu alrededor y disfruta de este paisaje. Relájate. El resto ya se arreglará solo.

Samantha abrió la boca, pero no consiguió emitir ningún sonido. Finalmente, dio media vuelta, nadó hacia la orilla, recogió su ropa del suelo y emprendió el regreso al hotel. Ni siquiera se molestó en vestirse.

Cuando hubo llegado a su habitación, se vistió, sin importarle que la ropa interior todavía estuviera húmeda. Salió disparada del cuarto para seguir buscando. Pero a medio camino oyó que alguien la llamaba.

Se giró y vio a su madre saliendo de un taxi.

Respiró aliviada, fue rápidamente a su encuentro.

—Te estaba buscando.

—¿No te ha dicho tu padre que había bajado al pueblo?

—Sí, pero tengo que hablar contigo.

Su madre asintió, esperó a que el taxista se hubo apeado y abierto el maletero.

Al ver la cantidad de bolsas, Samantha hizo un gesto de reprobación con la cabeza.

—¿Te lo has pasado bien yendo de compras mientras que dos de tus hijos están desaparecidos y no hay rastro de ellos?

Catherine la miró sorprendida.

—¿Todavía no han vuelto?

Samantha negó con la cabeza.

—Erin está preocupadísima. Y creo que Julia también.

—¿Me ayudas con las bolsas?

Samantha agarró un par de bolsas, esperó a que su madre le hubo entregado una propina generosa al taxista y juntas emprendieron el camino a la planta superior. Acababan de llegar a las escaleras cuando vieron a Julia y Erin venir a su encuentro.

—¿Y? —preguntó Erin nerviosa—. ¿Os habéis enterado de algo?

Samantha suspiró.

—Papá está dándose un baño y dice que no nos preocupemos. Pero ver tampoco ha visto a ninguno de los dos.

La mirada de Erin se dirigió a Catherine.

Esta tan solo se encogió de hombros, sin darle mayor importancia.

—Yo estaba en el pueblo y tampoco tengo la menor idea de dónde pudieron haberse metido, pero estoy segura de que aparecerán de un momento a otro.

No te preocupes. Todd siempre desaparece cuando hay problemas.

Puede que en esta ocasión necesite a su hermano y que a John no le quede tiempo para avisarnos.

—¿Entonces tú también piensas que su desaparición tiene algo que ver con lo que pasó anteayer entre Harry y Todd?

—Es posible —dijo su madre—. No me cuesta imaginarme lo enfadadísimo que estará Todd con Harry y que no quiera cruzarse con él.

—¿Sabes qué problema tienen esos dos? —quiso saber Erin.

Catherine negó con la cabeza.

—¿Por qué iba a saberlo? Mis hijos son adultos. No acuden a su madre por culpa de una fruslería.

—¡Si no lo han hecho nunca, madre! —soltó Samantha, incapaz de reprimirse—. Para eso estaban las niñeras, ¿o ya te has olvidado?

Catherine apretó los labios y la miró fijamente.

—¿Y si avisamos a la policía? —propuso Erin.

Samantha miró a su cuñada y asintió.

—Yo también lo he pensado.

—Y yo también me sentiría mejor —convino Julia—. Al menos, tendría más sentido que estar aquí sentadas esperando.

—Pero ¿os habéis vuelto locas? —las recriminó Catherine—. ¡Tanto lío por nada! ¡Que solo llevan unas cuantas horas desaparecidos! —Se calló para mirar a Julia—. No es la primera vez que Todd desaparece para desconectar.

Julia retrocedió, miró a Catherine con tanta ira en los ojos que por un instante Samantha temió que fuera a atacarla. Sin embargo, dejó caer los hombros, negó con la cabeza.

—Esta vez es diferente. Lo noto, no sé por qué. Solo sé que Todd… está en peligro. Y puede que Johnny también. Por eso será mejor pedir ayuda. La policía sabe mejor que todos nosotros juntos qué hacer en estos casos. Tienen otros recursos y mucha más gente para dar con ellos.

Samantha se fijó en que el rostro de su madre pasaba de un tono pálido británico a uno escarlata. No cabía la menor duda de que estaba a punto de perder su famosa compostura. Soltó un siseo y explotó.

—¡Eso es del todo inapropiado! Bajo ningún concepto vais a llamar a la policía, ¿entendido?

¡Imaginaros qué ridículo si se entera la prensa de lo exagerado de nuestra reacción!

Por no mencionar que semejante acción asustaría a nuestros invitados, o los molestaría incluso.

¡Y solo porque mis dos hijos habrán bebido como cubas y estarán durmiendo la mona a saber dónde!

Samantha se fijó en que a cada palabra que su madre pronunciaba, Julia se tensaba cada vez más. Temía que ahora sí fuera a perder los estribos.

Sin embargo, su cuñada rompió a llorar y se dejó caer en el suelo.

Erin se arrodilló junto a ella y trató de calmarla un poco. Luego miró a Catherine con una mezcla de indignación e ira desenfrenada.

—¿En serio? —soltó por fin—. Nuestros esposos llevan media eternidad desaparecidos y lo único que a ti te preocupa es la maldita reputación de esta familia de mierda… ¿Cómo se puede ser tan insensible y obcecado?

Samantha se sobresaltó ante las duras palabras de Erin, sin poder dar crédito, miró a su madre, que parecía en shock, igual que ella. Pareció, por fin, percatarse de la gravedad del asunto.

—Vale —soltó Catherine tras un momento de silencio—. Si John y Todd no aparecen más tardar a la hora de la cena, llamaremos a la policía. ¡Pero ni un minuto antes!