Capítulo 24
— ¿Q ué hay de cena? —preguntó Tressa, dejando de rebuscar dentro de su bolsa de golosinas de Halloween cuando Merryn entró en la cocina.
—¿A mí qué me dices? Tú sabrás qué piensas cocinar —respondió, cortante. A Tressa se le humedecieron los ojos y Merryn suspiró—. Perdón. He tenido un… Nada, estoy cansada. ¿Tostadas con queso fundido?
—Vale. ¡Las mías con mucho queso!
Merryn abrió la nevera y sacó el cheddar.
— ¿ Les untamos kétchup para que parezcan pizzas? —propuso Tressa.
—Si añadimos orégano, quedarán riquísimas.
Las dos niñas se giraron con sorpresa al oír la voz de mamá, que se detuvo un momento en el umbral antes de acercarse a la alacena de las especias.
Las pizzas de tostada calmaron un hambre canina. Las niñas se sentaron juntas a la mesa, pero no hablaron mucho.
— ¿A dónde dijo Lowen que iba? —preguntó mamá al cabo de un rato, mirando por la ventana hacia la negrura.
—Está con… Laura —respondió Merryn, fingiendo normalidad.
— ¿Quién es Laura? —intervino Tressa, confusa.
Merryn la fulminó con la mirada.
—Una niña nueva del colegio. Muy maja —mintió. No sabía muy bien por qué, pero, por muy antipática que le resultara Lowen de un tiempo a aquella parte, no quería que se la cargase por su culpa—. Dijo que luego la trae la madre de Laura, creo —añadió.
La mentira pareció tranquilizar a la madre, que retiró los platos y volvió a salir de la cocina.
Tressa se mordía las uñas. Qué cansada parecía. Y qué cambiada. Era como un pajarito cantor al que hubieran cortado las alas, pensó Merryn. La comparación la entristeció más que nunca.
— ¿Por qué ahora Lowen hace cosas tan raras? —preguntó Tressa.
Merryn suspiró.
—No las hace. Ha salido a airearse un poco.
Pero ya era noche cerrada y Lowen no volvía.
Merryn aguardaba junto a la ventana, apoyada en el alféizar, mirando hacia el bosque, hacia el mar. Incluso en aquella oscuridad distinguía los remolinos de unas nubes negras que se acercaban por momentos.
Se avecinaba tormenta.
¿Estaría bien Lowen? ¿A salvo?
Una tormenta había traído a Acedero. ¿Sería capaz de llevarse a alguien? ¿De llevarse a Lowen? ¿Igual que se había llevado a papá?
Silenciosa, Merryn salió al porche y se calzó las botas, aún empapadas.
Aguardó un momento, escuchando. De los dormitorios de Tressa y de mamá no llegaban sonidos.
Abrió la puerta, procurando no hacer el menor ruido, y corrió hacia el bosque.
No miró atrás y, en medio del creciente vendaval, no oyó a su madre llamándola.