La niña que soñaba con caballos Capítulo 20
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Capítulo 20

H alloween. La ruta escolar era más escandalosa y caótica que nunca.

Tressa se bajó varias paradas antes para hacer truco o trato con una amiga.

El disfraz de fantasma del año anterior iba embutido en una bolsa reutilizable del supermercado que le rebotaba en los tobillos.

No era más que una sábana vieja con agujeros para los ojos, decorada con rotulador y purpurina, y completada con un sombrero que mamá había llevado a una boda años atrás.

Merryn no entendía a qué venía el sombrero, pero Tressa insistía en que quería disfrazarse de «fantasma elegante», y a mamá no le habría importado si se hubiera enterado.

Los otros chicos se apearon con Liam y se dedicaron a empujarse y hacer el bruto por la carretera. Los berridos y las caretas grotescas de monstruo y de payaso los volvían más intimidantes que nunca. Merryn vio que Lowen se iba con ellos hacia los acantilados y la caravana vieja.

—¡ Eh, tú, caballista! —se burló Dexter—. ¿Hoy no te paras a relinchar con tu colega?

Merryn sintió una punzada de pánico. Luego cayó en que el chico se refería a la yegua torda, no a Acedero.

—Déjala, Dex —dijo Lowen—. Venga, vámonos a la caravana.

—Era broma, ¿a que sí, caballista?

Dexter se metió una mano en el bolsillo y, de improviso, Merryn sintió un sonoro estallido junto a sus pies, y luego otro, y otro más.

—Un petardo al año no hace daño —se burló el chico, lanzando otros dos petardos a los pies de Merryn.

A ella se le humedecieron los ojos y se le hizo un nudo en la garganta; tragó fuerte para contenerlo todo. ¿Por qué había gente tan borde? Miró a Lowen buscando ayuda, pero su hermana apartó la vista con vergüenza. A Merryn se le aceleró el corazón.

—Yo… me quiero ir a casa.

—Déjala que se vaya —dijo Lowen en voz baja, arrancando una hierba. Tocó a Merryn en el hombro con las yemas de los dedos y la hizo pasar por entre los chicos.

Merryn corrió hacia los árboles, con el eco de sus risas y burlas en los oídos.

A medida que se alejaba de los chicos y sus mofas, se fue serenando. Enseguida salió a su encuentro Acedero, y juntos empezaron a vagar sin rumbo por entre los árboles, sosegados por la paz de un bosque que ambos sentían como su hogar.

Poco después, lo bastante tranquila ya para volver a casa, Merryn se despedía de Acedero en la linde del bosque cuando oyó un ruido espantoso. Un alarido espeluznante que le heló el corazón.

Salió a la carretera y avanzó con prisa, pero cautelosa. Al doblar el recodo se dio de bruces con Lowen y Liam. Su hermana estaba pálida, incluso bajo el maquillaje naranja, y Liam parecía asustado.

—¿Qué pasa? ¿Qué hacéis aquí? ¿Qué ha sido eso? —preguntó, sin resuello.

Lo comprendió de pronto: era la yegua torda. Ocurría algo terrible.