CAPÍTULO DIEZ
Sokolov y Bennie le dieron las gracias a Decker y bajaron las escaleras hasta salir del edificio.
—Todo lo que dijo corrobora lo que nos contó su supervisor y lo que vimos en la cinta —dijo Bennie antes de sentarse en el vehículo—. No veo motivo para dudar de él. ¿Tú qué piensas?
—Estoy de acuerdo, pero...
—La maleta.
Sokolov gruñó.
—Si desde el principio lo trataron como un caso de abandono de menor, no habrán recogido ninguna prueba de la escena.
—Bueno, está la maleta. Deberían haberla precintado. Aparte de eso, está el kit de agresión sexual, pero por lo que tengo entendido, el retraso en el laboratorio de criminalística es de espanto.
—Ahora está mejor. Antes tardaban unos nueve meses en generar un perfil de ADN. Ahora, tres.
—Joder, eso sigue siendo mucho tiempo.
—Todo el laboratorio lo pasó muy mal hace unos años cuando se descubrió que habían manejado mal las pruebas de ADN.
—¿Qué? ¿Del tipo que invalida casos?
—Sí. Se auditaron más de mil casos.
—Al menos lo están arreglando.
—Hay muchas cosas que arreglar en esta ciudad.
Bennie se removió en su asiento.
—Escucha, cuando volvamos a la comisaría, comprobaré si le tomaron huellas a la maleta. Como mínimo, servirá para personas desaparecidas.
—Creo que deberíamos enviar a los de la Científica a inspeccionar la escena.
—Probablemente ya esté contaminada.
—Probablemente, pero la maleta... Algo no me cuadra.
Sokolov se lamió los labios.
—Creo que es nuestra reacción natural. Maleta igual a crimen.
—Quizá tengas razón.
Bennie se dio una palmada en los muslos.
—Resumiendo: la niña no está muerta y no parece que le hayan hecho daño. Como mucho, es un caso de abandono. Esto es cosa de personas desaparecidas y de Protección de Menores. Nosotros somos de Homicidios.
Sokolov miraba fijamente la carretera, con una mano apoyada en el volante.
—Cuando el técnico revise la maleta en busca de huellas, que pase también por el hospital a tomarle las huellas a la niña.
—Hecho. Ya sabes que si el capitán se entera de lo que estamos haciendo, no le va a hacer ninguna gracia.
—Ahora mismo cree que estamos trabajando en un homicidio —dijo Sokolov.
—Sí, pero enviarnos fue un error. Me sorprendería que esta niña siguiera en la pizarra cuando volvamos. Apuesto a que ya han pasado el caso a personas desaparecidas.
—Están hasta arriba de trabajo y faltos de personal. Créeme, aunque lo hayan hecho, todavía ni se habrán enterado.
—Vale, y si se convierte en un problema, diremos que estábamos echando una mano... cerrando flecos.
—Nos dará un día. Quizá podamos ayudar a esta niña. Si sus padres no aparecen, acabará en el sistema y su vida estará jodida.