9 Boscastle #2
Mientras atravesaba Boscastle en dirección al hotel, pasó junto a un restaurante que desencadenó un vago recuerdo en ella.
Estaba segura de haber entrado en él en el pasado.
El edificio que recordaba más a un cottage que a un restaurante estaba rodeado de un jardín de hierbas aromáticas al estilo silvestre a la vez que romántico.
Los propietarios anunciaban en una pizarra publicitaria que en los platos que ofrecían solo utilizaban verduras regionales y, en parte, de cultivo propio.
Sienna recordaba que su madre siempre se había preocupado por llevar una alimentación sana, por lo que no le costó imaginar que años atrás hubieran comido aquí durante unas vacaciones.
Dejándose llevar por un pálpito, estacionó el coche en el único aparcamiento libre que quedaba.
Agarró el bolso y se apeó, se dirigió al local.
En el interior olía a comida recién hecha.
Al llegarle esos aromas, se dio cuenta de lo hambrienta que estaba.
Pidió pescado y una taza de té, sacó el móvil del bolso.
No se quitaba de la cabeza el incidente con Serafina en el hospital. Le había arrancado y arrojado el colgante enfurecida, sin embargo, Sienna no encontraba una explicación para ello.
¿Sería por su madre? ¿Por la última visita que le había hecho a Serafina? ¿Le había dicho algo que le había parecido mal?
¿O se trataba más bien de una confusión general que no había que tomarse demasiado en serio?
Fuera cual fuese el motivo, lo cierto era que Sienna hablaba muy en serio con lo que le había dicho a Serafina. Quería encontrar a su padre. No solo por Serafina, para que encontrara por fin la paz mental, sino también por ella. Y por su madre.
Sienna tenía tantas preguntas que hacerle, quería escuchar la verdad acerca de la separación de su madre.
Pero ¿cómo iba a hacer para dar con él?
Su madre ya lo había intentado y fracasado estrepitosamente.
¿Qué debía hacer ella de manera diferente?
Al menos sabía que la última postal se la había mandado desde Londres. Así que, aunque fuera por poco tiempo, había estado en la vieja patria.
¿Para impedir que averiguaran a dónde iba ir a continuación?
¿Había su padre cortado definitivamente todos los lazos? ¿O cabía la posibilidad de que estuviera viviendo en Londres? ¿Era incluso posible que su madre se hubiera reunido con él antes de seguir con su viaje a la costa?
Se sobresaltó cuando un camarero trajo la comida y la bebida, le deseó buen provecho. Empezó a comer con ansias, pensando a la vez cuáles eran sus opciones.
Su padre era fotógrafo, y por lo que recordaba, bastante famoso incluso.
Lo mejor sería empezar por ahí. Dejó el tenedor a un lado, introdujo unas cuantas palabras en el buscador de Google.
Pero aparte de unos pocos artículos con fotos suyas, apenas encontró nada.
Siguió buscando y buscando y a punto de rendirse, dio en la tercera página con una entrevista hecha a una fotógrafa cuyo nombre le resultó conocido.
Googleó el nombre, encontró un artículo sobre una exposición en la que también había participado su padre.
La fotógrafa debía de tener la misma edad que su padre y Sienna decidió que llamarla a ella primero sería un buen punto de arranque.
Acabó de comer, llamó al camarero para que le trajera la cuenta.
Poco después de vuelta en el coche, decidió no esperar más.
Cogió el móvil, introdujo el nombre de la mujer – Ria Stevens – en el buscador y dio con su página web que contenía información de contacto, entre otras cosas, su número de teléfono.
Marcó el número, esperó. A los pocos segundos, descolgó una mujer. Sienna soltó mentalmente un suspiro de alivio.
—¿Estoy hablando con Ria? —preguntó—. ¿Ria Stevens?
—¿Quién diablos quiere saberlo? —fue la respuesta brusca, pero hizo que a Sienna aquella mujer le cayera de inmediato simpática.
—Soy Sienna Aschenbrenner —explicó—. Nacida Ward. De pequeña viví con mi familia en Londres. Aunque de eso hace más de veinte años. Mi padre debió de colaborar con usted por aquel entonces.
—¿Eres la hija de Allen?
—La misma. Mi madre… falleció hace poco… y por eso estoy intentando dar con mi padre. Considero que, igual donde se encuentre, debería saber que… bueno, pues eso, que ya no está viva.
Ria guardó silencio durante unos instantes.
—Lo siento, cariño. Conocí a Marlene, de vez en cuando colaboraba con ella.
Sienna inspiró hondo, decidió jugársela todo a una carta:
—¿Sabe dónde está? Me refiero a mi padre.
La mujer volvió a guardar silencio y cuando Sienna empezó a pensar que le había colgado, oyó su respiración.
—¿Es que no mantienes ningún contacto con él?
—Pues no. No sé si sigue vivo ni qué hizo en estos veinte años. Solo quiero dar con él para decirle que mi madre ha muerto.
—Pero si vosotros dos… quiero decir… —La mujer se interrumpió, suspiró—. Recuerdo que tú lo eras todo para él. No paraba de hablar de ti, estaba completamente loco por su niñita. ¿Qué demonios pasó?
Sienna tragó.
—Resultó ser un cabrón. Eso es lo que pasó. Un día sin más, desapareció, mandaba de vez en cuando una postal ridícula por mi cumpleaños y Navidad.
—He de admitir que esto me ha dejado anonadada —dijo Ria—.
Por supuesto, tu padre no era perfecto, sé por ejemplo que lo de la fidelidad le costaba, pero nunca me hubiese imaginado que abandonaría a su princesita.
—Otro suspiro—. Lo cierto es que no sé si puedo ayudarte, mi niña.
Hace muchos, muchos años que no veo a tu padre ni sé nada de él.
Fue como si se lo hubiese tragado la tierra, ¿entiendes?
En el fondo sé lo mismo que tú en lo que respecta a su paradero.
—Aun así, me gustaría hablar en persona con usted. Usted lo conocía, trabajó con él. De hecho, creo que hubo algo más. ¿O me equivoco?
Ria cogió una bocanada de aire, luego soltó una carcajada.
—¿Qué me ha delatado?
Sienna guardó silencio.
—La semana que viene tengo que viajar a los Estados Unidos por trabajo.
Si quieres que nos veamos antes, solo podrá ser mañana por la tarde.
Ven a la dirección que está en la web. Es donde tengo el estudio.
Podemos ir andando al centro a tomar algo.
A ver si puedo proporcionarte más datos sobre tu padre.
Cuando Sienna regresó al hotel aquella tarde, decidió meterse temprano en cama para emprender de manera más o menos descansada el viaje en coche a Londres y que le llevaría mínimo cinco horas.
Dado que ya había comido, decidió usar el spa del hotel y de paso meterse en la sauna.
Tuvo suerte y no tuvo que compartirla con nadie, pudo disfrutar a solas de unos cuantos minutos de sudor.
Repasó mentalmente la conversación mantenida con Ria.
Supuso que su padre y Ria habían mantenido una breve aventura sexual.
Serían gajes del oficio, bien lo sabía ella por experiencia propia.
Cuántas veces, finalizada la sesión, no se le había presentado la oportunidad de un aquí te pillo aquí te mato con alguno de los modelos o compañeros del set.
Ella personalmente nunca había caído en la tentación, separaba lo privado de lo profesional, pero no todo el mundo pensaba igual. Estaba al tanto de compañeros casados cuyo objetivo era tirarse a todas las mujeres que pudieran.
Que su padre también era de esos ya no le importaba, al igual que el hecho de haberse largado en el pasado.
Salió de la sauna y se metió en la bañera helada, notando cómo los poros se le encogieron en cuestión de segundos y se le cortó la respiración a causa del frío, pero cuando, envuelta en el albornoz, cogió el ascensor para ir a su habitación, notó los efectos del estímulo térmico.
Le entró el sueño, se sintió relajada, por primera vez en muchos días.