Capítulo 15 Fin de año #2
Kevin levantó la vista del mostrador y asintió.
—Sí, soy yo.
El hombre se identificó mostrándole una placa policial con gesto discreto.
—Hola, Kevin. Soy el agente Mario Sandoval —se presentó el oficial, mostrándole su placa con gesto discreto antes de continuar—: Hablamos por teléfono hace un par de días.
Te llamé para preguntarte si Elena había pasado por la cafetería y para pedirte información sobre ella y sobre los compañeros con los que solía coincidir.
Mario conocía de sobra la respuesta a la primera pregunta; al fin y al cabo, su equipo la había fotografiado en el local.
Lo que de verdad necesitaba averiguar era la identidad del desconocido que le sostenía la mano en la imagen.
Por eso, durante aquella llamada, le había preguntado a Kevin si Elena se había parado a hablar con alguien en particular.
Fue entonces cuando el encargado le confirmó que, tras cruzar unas palabras con él en la barra, Elena se había sentado en una mesa a solas con Norman.
De ese modo, Mario le puso nombre y apellido al rostro de la fotografía y pudo entregarle a Mark la imagen en el despacho, confirmándole que el sospechoso era Norman, un compañero de trabajo de la cafetería.
—Ah, sí, claro... —recordó Kevin, arqueando las cejas—. ¿Qué ocurre, agente? ¿En qué puedo ayudarte?
—Creo que me comentaste que hoy Elena volvía a incorporarse al trabajo, ¿verdad? —inquirió Mario.
—Sí, precisamente acabo de hablar con ella por teléfono —respondió Kevin—. Entra esta tarde a las dos.
—¿Y Norman? —preguntó Mario.
—Sí, Norman también. Normalmente hacen el mismo turno.
Mario frunció levemente el ceño, mostrando interés.
—¿Y por qué siempre hacen el turno juntos?
Kevin dejó el trapo sobre el mostrador y se apoyó con los brazos abiertos sobre la barra para explicárselo:
—Mira, esta cafetería lleva abierta más de cuarenta años.
Antes de llevarla yo, la regentaba mi padre, y por aquí han pasado cientos de empleados.
Te aseguro que en la hostelería, cuando hay mal rollo entre el equipo, el trabajo se vuelve un infierno.
Por eso, en cuanto consigo juntar un turno donde hay buen feeling y la gente encaja, no toco nada e intento que coincidan siempre.
En este turno están Elena, Norman y Susan; los tres se llevan bastante bien y el trabajo fluye solo.
—De acuerdo... —murmuró Mario mientras sacaba una pequeña libreta del bolsillo interior de su chaqueta y anotaba un par de detalles rápido.
Luego, miró fijamente al encargado—: Quizás me pase esta tarde a tomar un café y tantear un poco el ambiente, pero te voy a pedir un favor, Kevin: no les digas que he estado hablando contigo ni que soy oficial de policía.
Esta tarde entraré como un cliente cualquiera, pediré un café, estaré un rato observando y me iré sin armar ruido, ¿entendido?
—Sí, sí, sin problema por mi parte —asintió Kevin.
—Gracias por tu colaboración —se despidió Mario, guardando el cuaderno antes de salir de la cafetería.
El agente abandonó el local perdiéndose entre la fría calle nevada, pero en el interior de la cafetería el ambiente había cambiado.
A Kevin se le quedó un nudo en el estómago; un temor amargo empezó a corroerle al darse cuenta de que sus propios empleados estaban metidos de lleno en el ojo de una investigación policial por desaparición.
Mario era plenamente consciente de que el teléfono de Elena estaba bajo escucha judicial.
Pero las gestiones del equipo no se habían detenido ahí: Mark y él también habían conseguido la autorización para pinchar la línea telefónica de Norman Briggs.
De ese modo, mantenían a ambos bajo un estricto control telefónico en tiempo real.
Así pues, la conversación matutina de Mario con Kevin respondía a una maniobra calculada.
El agente quería comprobar si el encargado era digno de confianza o si, llevado por el pánico, correría a avisar a sus empleados.
Si Kevin llamaba o enviaba un mensaje a Elena o a Norman, la centralita de interceptación lo registraría al instante, lo que convertiría automáticamente a Kevin en un sospechoso más por entorpecimiento o complicidad.
Sin embargo, las horas transcurrieron y en los terminales bajo escucha no entró ninguna llamada ni mensaje proveniente del encargado.
A eso de las cinco de la tarde, Mario se presentó en el local tal como había previsto.
Tras el mostrador y por las mesas se movían Elena, Norman y Susan —una mujer veterana de unos sesenta y dos años—, además del propio Kevin.
En cuanto el encargado lo vio cruzar la puerta, disimuló de inmediato y fingió una total indiferencia, tratándolo como a un cliente cualquiera.
Elena no tardó en acercarse a la mesa donde se había acomodado Mario.
Al no haberlo visto nunca —pues todas sus interacciones previas habían sido exclusivamente con el detective Mark—, no sospechó en absoluto que aquel chaval joven fuera un oficial de policía.
Mario le pidió un café solo y, pocos minutos después, ella se lo sirvió con profesionalidad antes de continuar con sus tareas.
El agente permaneció en la mesa dando sorbos lentos, observando con atención el pulso de la cafetería. Entre Norman y Elena no percibió la menor señal de complicidad o tensión sospechosa; tan solo el ritmo vertiginoso habitual de la hostelería: tomar comandas, servir tazas y recoger mesas.
Lo que sí captó Mario de inmediato fue el ambiente en la sala.
El local estaba plagado de cuchicheos y miradas furtivas dirigidas hacia Elena.
En una mesa cercana, dos chicas jóvenes musitaban entre ellas disimuladamente: «Mira, es ella...
la mujer del hombre que desapareció en el bosque, al que se supone que atacó un oso».
Muchos de los clientes que cruzaban la puerta lo hacían atraídos por el morbo de las noticias.
Hacía escasos días, una reportera de televisión había grabado un pequeño directo desde la acera de enfrente revelando que la esposa del desaparecido trabajaba en ese mismo establecimiento, convirtiendo el local en un punto de peregrinación para curiosos.
Desde la barra, Kevin observaba la escena con un nudo en el estómago.
Toda esa atención mediática y el murmullo constante de la clientela ya le resultaban bastante molestos de por sí, pero la situación era infinitamente peor ahora que sabía que tenía a un oficial de paisano vigilando en una mesa y que sus dos empleados estaban en el centro de una investigación policial.