La mujer que sobrevivió al silencio CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

​ En la base aérea de Torrejón de Ardoz, no ocurría algo muy diferente y es que a estas alturas era ya imposible ocultar que se preparaba una operación muy importante.

Los americanos se hacían ya demasiadas preguntas y finalmente el teniente general Salcedo había capitulado y cambiado su decisión inicial de avisar sobre las noticias del intento de golpe de estado aquella misma noche.

De hecho, había decidido anticiparse, quedando a primerísima hora de la mañana con su contacto en la CIA para informar y entregar toda la documentación recopilada hasta la fecha.

​ El presidente Reagan, no había dudado un solo segundo en dar luz verde a tal decisión y el contacto en la CIA había sido contundente en su respuesta, haciendo ver que de necesitar algo más, sólo tendrían que hacérselo saber.

​ Salcedo había decidido guardarse ese comodín para más adelante, en el improbable caso de que su estrategia fracasara, pues los enemigos del estado actual desconocían que prácticamente la totalidad del ejército del aire se había confabulado alrededor de la figura del Rey.

Y así es como mientras dos de los tres ejércitos se preparaban para un golpe de estado, el estado mayor del aire lo hacía para detenerlo, toda una gran labor por ambas partes, de discreción para evitar ser descubiertos por el otro bando.

​ A finales de la mañana, comenzaron a llegar al fax del despacho de Salcedo las primeras fotos aéreas y de satélite que confirmaban el despliegue de la Armada y el ejército de tierra.

Barcelona, Valencia, Bilbao, Cartagena, Málaga, Vigo y Gijón contaban a escasas millas de sus puertos con un numeroso contingente de fragatas, corbetas, destructores y buques anfibios para transporte de tropas.

En cuanto al único portaaviones de la flota, el Dédalo, aguardaba atracado en el puerto de Cádiz con la excusa de unas reparaciones.

La estrategia tenía sentido, si los golpistas tenían en mente inutilizar la base de Rota.

Además, la base conjunta vigilaba los accesos al Mediterráneo a través del estrecho, por lo que su importancia geoestratégica era capital.

​ Reunidos en el despacho de Salcedo, Lon Laga y él revisaban las fotos que les habían hecho llegar.

​ —¿Cómo lo ves? —preguntó Salcedo ante la expresión abstraída de Lon Laga.

​ —No sé qué decirte. Todo parece tan fácil. Es como si los astros se nos hubieran alineado.

​ —Coño, ¿y eso? Muy positivo de te veo.

​ —A ver, Javier, piensa que el mayor recurso que tienen es el Dédalo, que carga con unos pocos cazas Harrier de despegue vertical.

Esos culos gordos no tienen nada que hacer contra el arsenal de los americanos en Rota.

Además, ellos desconocen que los yankis están alertados de su plan.

Sólo con las baterías antiaéreas de la base les bastaría para hundir al Dédalo y los Harrier no tienen nada que hacer contra los F15 destinados a Rota.

​ —Joder, Manuel, Dios quiera que no tengamos que llegar a eso. Ya sé que te ha salido de dentro el estratega, pero las vidas de las que hablamos son de españoles. Pobres muchachos que siguen órdenes de una horda de lunáticos.

​ Lon Laga se sintió molesto, tal y como me relató cuando se reunió conmigo al abandonar el despacho del teniente general. De un extraño modo, acababan de llamar lunático a su padre y él estaba convencido de que no lo era…

​ —¿Cómo van las maniobras del JEME? —indagó Manuel, cambiando de tema.

​ —Bien, ya sabes. Él se está ocupando de la parte política, dando parte a los diputados que cree de confianza y, por supuesto, al Rey.

​ —¿Cómo se lo ha tomado su majestad?

​ —Pues ¿cómo crees tú? Es un tío con un buen par de cojones y no es la primera vez que se enfrenta a esto.

​ —Y ¿por qué no llama a despacho a los jefes del estado mayor de tierra y armada y les canta las cuarenta?

​ —Pues porque no está muy seguro de que estén metidos en el ajo, pero tampoco confía ciegamente en ellos. La operativa golpista está en manos de las capitanías generales y es muy difícil llegar hasta ellos una vez activada la operación.

​ —Pues han tenido tiempo, joder.

​ —Ya sabes, Manuel, cómo van estas cosas.

Es política. Todo muy retorcido y complicado como para darle una explicación razonable…

Nosotros, a lo nuestro, que es asegurar que salgamos victoriosos en esta partida de ajedrez.

Una vez los golpistas vean que no tienen nada que hacer, se rendirán y detendremos a los responsables.

Lo importante es que, para cuando comencemos a detectar los primeros despliegues de tropas, nuestros pájaros y los americanos estén ya en el aire, sobrevolando y amenazando con bombardeos selectivos.

Está claro que los que tenemos el cielo, tenemos el poder.

​ —Cierto es, viejo amigo.

​ Manuel se reunió conmigo a las 14.30 en el comedor de oficiales, para compartir unos minutos y ponerme al día de todo lo que se había comentado.

Sentía esa obligación por las penurias por las que me había hecho pasar, y me hizo partícipe de las últimas novedades, como que las tropas de infantería, análogamente a lo que había ocurrido con la Armada, comenzaban a tomar posiciones a las afueras de las principales ciudades de interior.

Las fotos de satélite no arrojaban duda alguna sobre un intenso despliegue de carros de combate y blindados a las afueras de Zaragoza, Valladolid, Sevilla, Córdoba, Salamanca, Burgos, Granada, León y, como no, Madrid.

​ Por primera vez desde que había llegado a la base, un estremecimiento me recorrió la médula al sentir el peligro tan de cerca pues, a pocos kilómetros, una columna de blindados se había desplegado para tomarla al asalto y neutralizar así por sorpresa todos los aviones y helicópteros allí destinados.

​ —¿Quieres decir que, en cualquier momento nos pueden atacar?

​ —No, Isabel. Puedes estar tranquila. Sus primeros movimientos sólo serán intimidatorios y llegarán con la puesta de sol. Creen contar con la ventaja táctica y se van a pegar una buena hostia, con perdón, cuando vean a nuestros pájaros sobrevolándoles cargados de bombas.

​ El comedor estaba lleno de hombres serios, pilotos algunos de ellos, con el pesado e incómodo uniforme de combate, preparados para abordar sus aparatos a los pocos minutos de haber sido requeridos sus servicios.

Otros eran oficiales, cariacontecidos en su mayor parte, con la vista perdida en el horizonte mientras movían los cubiertos como autómatas, de los platos a sus bocas.

Muchos de ellos acabarían vomitando el almuerzo, fruto de la ansiedad y los nervios y otros, aferrados a su fe, mantendrían la calma tras una visita a la capilla, previa al combate, prestos a enfrentarse a la muerte, al menos con el alma limpia de pecados.

​ —Escucha, se me ha ocurrido pedirte algo poco convencional —Manuel semejaba no estar muy convencido de lo que iba a decir a continuación. Se frotaba el pelo convulsivamente, como avergonzado—. Quiero que me acompañes durante las próximas horas.

​ —No te entiendo. ¿A qué te refieres?

​ —Sí, ya sé que tu sobrino y su familia te necesitan y que están muy nerviosos en la zona residencial, pero es que hasta ahora has demostrado muy buen criterio y sensatez. Has sido de gran ayuda a lo largo de toda esta operación.

​ —Agradezco el cumplido, Manuel, pero sigo sin saber a dónde quieres llegar.

​ —Me refiero a que una mujer como tú, objetiva, analítica y extremadamente inteligente puede aportar una visión estratégica muy válida y ayudarme a tomar decisiones… Lo que quiero decir es que me gustaría que estuvieras conmigo durante las reuniones con Javier en las próximas horas.

​ —Vaya, es un gran cumplido, Manuel, pero yo… No sé qué podría aportar.

​ —Yo sí lo sé. Tu perspectiva imparcial, valoración objetiva, la neutralidad de una opinión ajena al ámbito de lo militar. Serías una especie de consejera externa.

​ —Sería todo un honor, pero…

​ —No hay peros que valga. Decidido entonces…

​ —Joder, Manuel, esto es una locura.

​ —Lo cierto es que ya lo había hablado con Javier y está más que de acuerdo.

En nuestra reunión le pareciste una persona muy inteligente y capaz y me ha autorizado personalmente a nombrarte asesora civil de inteligencia con rango asimilado a teniente.

Desde ya mismo y en tanto dure esta crisis, tendrás rango militar y acceso libre a todas las zonas de la base, incluidas las salas de inteligencia y táctica.

Podrás hablar de tú a tú con nosotros y dar indicaciones siempre que consideres.

​ —Es una gran responsabilidad… No sé si estaré a la altura… —lo cierto es que la propuesta de Manuel me había pillado a pie cambiado y no sabía si agradecerla, rechazarla o, directamente, echarme a llorar…

​ —No debes sentirte obligada. Lo harás bien.

Además, no existe ningún compromiso adquirido.

Tú sólo propón abiertamente cualquier idea que pienses que pueda ayudar.

Eso sí, no te lo vayas a creer demasiado.

Este cargo provisional no lleva una nómina asociada, pero si todo sale bien, tal vez pueda convencer a algún pez gordo y colgarte una medalla al mérito civil…

​ Tal vez fue aquel el nombramiento menos ceremonioso en la historia del ejército, mas lo cierto era que un oficial defenestrado, condenado a un sótano del CESID en sus últimos años de brillante carrera militar, se había convertido en unas pocas semanas en una pieza clave para sofocar el incipiente golpe de estado.

Manuel estaba exultante, pues volvía a la acción como oficial de táctica e inteligencia, aquello para lo que había sido entrenado por su propio padre y consolidado tras años de servicio activo en misiones por diferentes puntos del globo…

Deseaba compartir conmigo su regalo de navidad… y vaya si lo había hecho…