La mujer en mi casa 23
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La pelea ha terminado. Ella ha ganado. Estoy ensangrentada y llena de moratones en el suelo del sótano y Papá está por fin satisfecho. Me duelen todos los huesos del cuerpo.

—Bien hecho —le dice a ella. —¡Bien hecho, Paula!

Yo no me he defendido, y ella no tiene ni un rasguño, su cara bonita está intacta.

Papá empieza a subir los peldaños del sótano y mi hermana le sigue. Yo gateo detrás de ellos. Quiero llegar a Mamá. Espero que me ayude. No puedo quedarme sola en el sótano, no en este estado.

Cuando llegamos arriba, me pongo en pie tambaleándome.

—¿Qué haces? —pregunta mi hermana con rabia.

Papá se da la vuelta.

—¿No me has oído? Quien gane la pelea puede salir del sótano. Tú tienes que quedarte.

Se vuelve hacia mi hermana.

—Haz que vuelva a bajar.

—Vuelve a bajar —me dice Paula. —Por favor.

Apenas puedo ver, apenas puedo mantenerme en pie. Pero necesito salir del sótano.

Mi padre está perdiendo la paciencia.

—Bien, si no quiere bajar, entonces las dos tendrán que quedarse ahí abajo.

—¡No! —dice mi hermana.

Y entonces se da la vuelta y veo sus manos abalanzándose hacia mí. Me empuja con todas sus fuerzas.

Caigo hacia atrás. Noto cómo mi cabeza golpea contra el primer peldaño de piedra, veo mis piernas por encima de mí, volteándose sobre mí.

Y luego nada.