Capítulo 48
Paula se agacha y el casete vuela por encima de su cabeza y se estrella contra el suelo. La cinta no se detiene, los carretes girando y el piano sonando por los altavoces.
Paula levanta la cabeza despacio y me mira a los ojos. Los gritos de mis bebés resuenan a nuestro alrededor.
—Así es como te sientes realmente, ¿verdad, Katie? Después de todo lo que he hecho por ti.
Mi respiración es entrecortada y pesada por el esfuerzo de lanzar el casete.
—Has hecho daño a mi hija —digo entre lágrimas. —Creía que querías a mis niñas. Confié en ti.
—No sabes lo que es que te hagan daño de verdad. Que te hagan daño como a mí.
—Leí los artículos del periódico, Paula.
Leí cómo te hacía daño tu padre y cómo tu hermana se unió a él.
Cómo te pegaba. No puedo imaginar lo horrible que debió de ser.
Tu propia gemela. —Cuando leí las noticias por primera vez sentí lástima por Paula.
Pero ya no. No después de darme cuenta de lo que le ha estado haciendo a mi familia.
—Lo que te pasó fue horrible. Pero no tiene nada que ver con mis hijas.
—Pero tiene todo que ver con su padre. —Fulmina a Ian con la mirada. —Mi hermana murió por tu culpa.
—¿Qué quieres decir? —pregunta Ian.
—Puede que no supieras de nuestra existencia cuando empezaste a venir. Pero al final sí lo sabías. Te escribimos una nota y la metimos en tu bolsa. Te pedimos ayuda. Pero la ignoraste.
—No es cierto. Nunca recibí nada.
—Sí que lo hiciste, Ian. Tienes que haberlo hecho. Se la enseñaste a tu madre y ella llamó a mi padre y le contó todo. Y después de eso la violencia empeoró muchísimo.
—¿Qué? ¿Mi madre sabía que existían? ¿Tenía su nota?
—Ian hace una pausa. —Debió de encontrarla en mi bolsa.
Yo decía que iba a jugar al fútbol cuando venía a ver a mi padre.
Después me cambiaba y ella revisaba mi bolsa para lavar la ropa de deporte.
Debió de encontrarla entonces. —Hace una pausa.
—Por eso nos mudamos tan de repente. Ella sabía que lo estaba viendo.
Pero Paula ya no escucha. Está perdida en sus recuerdos.
—Fue entonces cuando empezó a hacernos pelear entre nosotras. Si nos hubieras ayudado, eso nunca habría pasado.
—Mira, Paula —digo. —Necesitas ayuda. Si nos das a las gemelas, podemos conseguirte ayuda. Ayudarte a superar tu infancia. A aceptar todo lo que ha pasado. No tenemos que mencionar nada de lo que ha ocurrido hoy.
—¿Crees que es tan sencillo? Me temo que las cosas no funcionan así.
Ian no nos ayudó cuando estábamos encerradas aquí abajo.
Y solo una de nosotras salió viva. Eso es lo que pasa en este sótano.
Una gemela vive y la otra muere. Por culpa de Ian.
Y ahora tus gemelas están también aquí abajo.
La historia repitiéndose. —Se ríe. —Es muy apropiado, ¿no crees?
Ian mata a mi gemela, y yo mato a una de las tuyas.
Me doy cuenta de que Paula ha perdido completamente el juicio. No le queda ninguna compasión. Se la arrancaron de dentro cuando era niña.
—Paula, por favor —suplico. —Suelta a mis niñas.
—Lo siento muchísimo, Paula —dice Ian con desesperación. —De verdad. Nunca me enteré de lo que le pasó a tu hermana. Estaba en Kent, comenzando una nueva vida con mi madre. No leía los periódicos. Ni siquiera sabía que tenía una hermana, y mucho menos que había muerto.
—No te creo. Eres un mentiroso compulsivo. Y tus gemelas van a pagarlo.
Paula deja a las gemelas en el suelo de golpe y veo el atisbo de una oportunidad para tomarlas, pero antes de que pueda alcanzarlas, recoge la vela y la sostiene sobre el viejo colchón. No puedo acercarme más. Si deja que la llama toque el colchón, arderá como una hoguera con mis bebés encima.
No puedo evitarlo. Mis gritos llenan la habitación.
—¡Socorro! ¡Socorro!
Paula me observa con regodeo, el blanco de sus ojos reluciendo a la luz de la vela. Viéndola así, creo que realmente está dispuesta a matarnos a todos.
Miro hacia arriba y veo los contornos en sombra de las fotos pegadas con celo en la pared.
Recuerdo que la cara de Frances está tachada.
Exactamente igual que la cara de la gemela de Paula.
Como si siempre hubiera estado planeando matarla.
Mientras contemplo la vela parpadeante, me doy cuenta de que todavía no sé quién mató a su hermana.
No fue Ian. Había dado por supuesto que fue su violento padre.
Pero ahora las piezas del rompecabezas empiezan a encajar en mi mente.
La infancia espantosa de Paula. Su hermana golpeándola.
—Perdiste el control y mataste a tu hermana, ¿verdad? Ella te estaba haciendo daño y tú reaccionaste. La empujaste por las escaleras.
Paula sonríe con serenidad.
—Me preguntaba cuándo lo descubrirías. La empujé. Tuve que hacerlo. Era ella o yo.
La miro sin poder creerlo. Es capaz de matar a su propia sangre. A su gemela. Y no siente ningún remordimiento.
—En el mundo no había sitio para las dos. Al igual que no hay sitio en el mundo para tus dos gemelas.
Levanta la vela bien alto, dejando caer cera caliente sobre el colchón, tan cerca de la cara de Frances.
Tengo que ganarme su confianza, fingir que la entiendo, para que me devuelva a las niñas.
—Solo eras una niña. Nadie podría culparte. No después de todo lo que habías pasado. Es normal que perdieras el control. Tu hermana era violenta contigo. Una y otra vez. Nadie podría aguantar eso. Es normal que la empujaras.
Paula se ríe mientras juega con la vela, la cera caliente cayendo tan cerca de mis bebés.
—¿Sigues creyendo que mi hermana me maltrataba?
Frunzo el ceño.
—Leí los informes psiquiátricos. Explicaban lo que te había pasado de pequeña. Cómo tu hermana te hacía daño. Cómo te afectó después cuando entraste en el sistema de acogida.
—Sí, bueno, eso es lo que les conté a los psiquiatras.
Se lo tragaron entero. Era exactamente lo que querían escuchar.
La pobrecita. Maltratada por su padre y su gemela.
Con una hermana muerta para rematar. Me puse muy de moda en los círculos médicos.
Muchos querían hacer casos clínicos sobre mí.
Analizar cómo me había afectado una infancia tan terrible.
—¿O sea que te lo inventaste todo?
—Ocurrió. Solo que no como yo dije. Piénsalo lógicamente. Hay dos hermanas. Una de ellas es más fuerte e inteligente que la otra. Una tortura a la otra. ¿Cuál crees que acaba muerta al pie de las escaleras? ¿La más débil, o la más fuerte?
—¿Qué estás diciendo?
—La gemela débil no acaba viva. Muere. Yo era la hermana más fuerte, y sobreviví. Yo era quien torturaba a mi hermana.