Capítulo 44
Cuelgo el teléfono con la cabeza dándome vueltas. O miente Ian, o miente Paula. Miro el reloj. Espero que Amy llegue pronto.
El teléfono fijo se pone a sonar en cuanto lo dejo, con un tono distinto. Nadie llama nunca a este número. Debe de ser Amy.
Pero el identificador de llamadas muestra un número extranjero. Me quedo mirándolo un segundo y entonces algo hace clic. La familia alemana para la que trabajaba Paula. Deben de estar devolviendo mi llamada. Pero si es medianoche.
—¿Sí?
—¿Hola? ¿Es Katie? —dice la mujer en un inglés con fuerte acento.
—Sí —digo, con el corazón latiéndome a toda prisa.
—Perdone que no haya llamado antes. No recibí su mensaje. Llegó a mi teléfono del trabajo y yo estaba de vacaciones. Si lo hubiera visto, habría llamado de inmediato. —Las palabras le salen atropelladas. —Decía que estaba empleando a Paula. Tiene que sacarla de su casa.
Se me cae el alma a los pies. Siento un terror por mis hijas.
—¿Por qué? —pregunto, temiendo la respuesta.
—Es una mala persona. Parece dulce y cariñosa, como si se dedicara por completo a los niños.
Pero todo es una farsa. Hizo daño a mis hijas.
Son gemelas. Eran muy pequeñas. Las enfrentaba la una a la otra, le decía a una que era buena y a la otra que era mala.
Las dos están ahora con un psiquiatra infantil.
Gracias a Dios que me enteré a tiempo. Si no, podría haber sido mucho peor.
—Dios mío. —No puedo creer lo que estoy oyendo. Pero de alguna manera todo encaja.
—¿Cómo se enteró? —pregunto.
—Una de mis hijas se quedó muy delgada. Me parecía demasiado pequeña para la anorexia, pero no conseguíamos entender qué podía ser.
Los médicos no encontraban nada malo en ella.
Pero entonces nos confió que Paula no le daba de comer.
La descuidaba deliberadamente, asegurándose de que estuviera débil.
Se me revuelve el estómago. Pienso en Frances. Lo pequeñita que es. ¿Ha estado Paula dejándola sin comer?
—¿Pero por qué?
—No estoy segura. Pero mis hijas le contaron a su psiquiatra que las hacía pelear entre ellas, animándolas a hacerse daño. Solo por diversión.
Recuerdo lo que había leído en la revista de psiquiatría sobre la infancia de Paula.
Cómo su gemela se había aliado con su padre y había hecho daño a Paula.
¿Estaba tan marcada por todo lo vivido que intentó reproducir su propia infancia con las gemelas de esta mujer, animándolas a hacerse daño la una a la otra, como su hermana la había hecho a ella?
—Lo siento mucho —digo.
—Tiene que alejarla de sus hijas. Lo antes posible.
Estoy muerta de miedo. No quiero acostarme, no quiero dormir sin que esté Amy. Si Paula hizo todo eso a las niñas alemanas con quienes no tenía ningún vínculo, ¿qué le habrá estado haciendo a las mías, las hijas de un hombre al que odia?
Siento náuseas y abrazo fuerte a las gemelas. Subo al pasillo de arriba y miro por la gran vidriera de la parte delantera de la casa. No veo ningún faro ni oigo ningún motor. No hay nadie. Llevo a las gemelas conmigo hasta la puerta principal para comprobar que está bloqueado el cerrojo.
Luego vuelvo a la caja con los artículos de periódico.
Saco la carpeta con el caso clínico. Repaso el texto otra vez, leyendo cómo maltrató la gemela de Paula.
Su padre las hacía pelear entre ellas, igual que había hecho Paula con la familia alemana.
Las dos gemelas tenían el cuerpo lleno de moratones.
Pero Paula apenas se defendía, y su hermana se fue volviendo cada vez más violenta.
Le hacía daño solo por placer. El caso clínico expresa asombro ante el hecho de que Paula pareciera tan entera después de todo lo ocurrido.
Concluye que es inevitable que Paula haya sufrido algún daño psicológico a raíz de su infancia y de la muerte de su hermana, pero que parecía feliz y bien adaptada.
Detrás del caso clínico hay varios papeles sueltos. Antiguas evaluaciones de los servicios sociales. Al principio son muy favorables, diciendo lo bien que Paula se maneja a pesar de su crianza, lo bien que se ha asentado en el hogar de acogida.
Pero a medida que los informes avanzan en el tiempo, empiezan a aparecer motivos de preocupación.
Animales domésticos heridos. Niños pequeños que le tenían terror.
Y luego, más adelante, informes de violencia hacia otros niños en acogida.
Una familia de acogida tras otra la devolvió porque no se sentían seguros con ella en casa.