La mujer en mi casa 21
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Estamos viendo la tele en el salón cuando suena el teléfono. Mamá sale disparada a contestar y luego llama a mi padre.

Mamá vuelve a sentarse con nosotras y me quedo paralizada en el sofá mientras oigo la voz de mi padre subiendo de volumen. Palabras como «puta» y «zorra» invaden el salón. Solo las usa para nuestra madre. Quienquiera que esté al teléfono debe de estar poniéndole furioso.

—Salgan de aquí antes de que vuelva —nos susurra Mamá, y pasamos corriendo por su lado y subimos las escaleras hasta nuestra habitación.

Los gritos de Papá resuenan por toda la casa mientras yacemos acurrucadas en la cama, con las sábanas envolviéndonos la cabeza para intentar amortiguar el ruido.

Luego silencio. Debe de haber colgado el teléfono.

Oigo pasos en el pasillo y rezo para que se dirija hacia el salón, hacia mi madre, y no suba a buscarnos.

Pero entonces oigo sus pasos en las escaleras.

El sonido se detiene cuando llega a nuestra puerta.

Desde debajo de las sábanas oigo su respiración pesada acercándose.

De repente nos arranca las sábanas de encima y quedamos expuestas. Su enorme cara roja está pegada a la nuestra, con los ojos desorbitados. Una vena late en su frente.

—¿Quién le mandó la nota a su hermano? —brama.

Miro a mi hermana buscando su apoyo, pero ella no vacila.

—Ella —dice.