La mujer en mi casa 18
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Las largas vacaciones de verano parecen no tener fin, atrapadas en casa con el mal humor de mi padre.

El hombre que trabaja en el jardín no aparece por aquí en mucho tiempo, y luego de repente está de vuelta, trabajando fuera con el calor del verano.

Nos encontramos de nuevo en el sótano, tumbadas la una al lado de la otra en el colchón, esperando a que pase el tiempo.

He intentado hacerlo más agradable aquí abajo, poniendo un montón de nuestros libros en el rincón, pegando fotos nuestras en las paredes.

—Ojalá pudiéramos disfrutar del verano como los otros niños —digo, imaginándome fuera al aire libre, jugando en nuestro jardín enorme.

Me froto el moratón morado de la pierna.

Para cualquier otro niño sería el resultado de un verano de aventuras, de caerse de un árbol o de la bici.

Pero no para mí. El mío es porque apoyé los codos en la mesa durante la cena.

Mi hermana suspira.

—Si te portaras mejor, quizás no estaríamos aquí en el sótano, quizás estaríamos fuera jugando.

La miro fijamente.

—Yo no hago nada malo, es que él me odia.

—Sí que haces. Le contestas. No sonríes cuando entra. Eres una desagradecida con todo lo que hace por nosotras.

—No me porto peor que tú. —Es que no puede verlo. No puede ver que cuando las dos hacemos algo, soy yo a quien ataca. Si las dos no hemos recogido el cuarto, soy yo a quien castiga.

—Es que no eres simpática con él. Si fueras simpática con él, quizás él lo sería contigo.

—No creo.

—Pues yo soy simpática con él y mira lo que me ha regalado. —Saca una cadena de plata por el cuello del vestido, triunfante. De ella cuelga un pajarito de plata diminuto y lo estira para enseñármelo.

—Es precioso —susurro. Yo no tengo ninguna joya. Papá siempre le trae regalos a mi hermana pero a mí nunca.

—A lo mejor te da uno a ti también, si te portas bien.

Niego con la cabeza.

Frunce el ceño.

—Intento ayudarte. Ayudarte a cambiar. A ser mejor persona. A que dejes de arrastrarme. Papá dice que me frenas. Que sin ti tirándome hacia abajo podría llegar a hacer grandes cosas. Incluso ser actriz quizás.

Se me llenan los ojos en lágrimas. Ya no la entiendo. Antes sabía lo que mi hermana pensaba incluso antes de que ella misma lo supiera. Antes podía sentir sus emociones. Pero nuestro vínculo se ha roto. Ni siquiera parecemos gemelas ya.

Ha empezado a creerse que es mejor que yo, a creer a mi padre cuando dice que ella es la gemela buena, y que yo estoy podrida hasta la médula.