La mujer en mi casa 12
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Mi hermana ya no quiere jugar conmigo en el patio. Está jugando con otras niñas y yo las observo saltando a la comba y riéndose. Intenté unirme, pero mi hermana le dijo a las demás que no podían jugar conmigo.

No me ha dirigido la palabra en dos semanas.

Intento iniciar conversaciones mientras vamos juntas al colegio, pero ella insiste en caminar cada vez más deprisa hasta que sale corriendo para alejarse de mí.

Intento hablar con ella antes de dormirnos cada noche, decirle que la quiero, pero se da la vuelta.

No me ha perdonado por saludar al hombre con la mano.

Nos tuvieron en el sótano todo el tiempo que estuvo allí.

En un momento dado no estábamos seguras de si nos dejarían salir alguna vez.

Pero nos dejaron. Aunque la semana siguiente papá nos encerró en el sótano antes incluso de que llegara el hombre.

Tengo que hacer algo. Hoy la Srta. Kingdom está de guardia en el patio otra vez. Depende de mí arreglar las cosas, mejorar nuestra situación. Me acerco a la profesora despacio, temblando. Todo depende de mí.

—¿Señorita?

—¿Sí?

Noto que me sube el color a la cara, poniéndome roja como un tomate. Me da náuseas. Tengo que hacerlo bien.

—Dime.

—Nosotras... nosotras le contamos lo de nuestro padre.

—¿Perdona?

—Nuestro padre... nos hace daño.

—Ah, sí... su jueguecito. Lo llamé y me lo explicó todo. Tienen que aprender a distinguir entre la fantasía y la realidad. Menos mal que hablé con él antes de denunciarlo. —Me acaricia el pelo con afecto.

—No es un juego...

La Srta. Kingdom se agacha a mi lado y sonríe.

—Tienes mucha imaginación. Eso a veces es bueno. Pero no está bien inventarse mentiras sobre tu padre.