La mujer en mi casa 7
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Los golpes en la puerta son suaves, como si quien llama no estuviera muy seguro de querer llamar.

Solo llama el cartero. Y solo cuando trae un paquete. Pero es media tarde y mi hermana y yo acabamos de volver del colegio. No puede ser el cartero. Nos arrastramos hasta lo alto de las escaleras y nos asomamos.

—Abre la puerta —le grita Papá a Mamá.

Llaman por segunda vez, con más timidez todavía que la primera.

—¡Abre la maldita puerta!

Mamá sale corriendo de la cocina quitándose los guantes de fregar. Unas cuantas pompas de jabón caen al suelo. Por eso la va a regañar luego.

Abre la puerta. Mi hermana y yo nos asomamos desde arriba, pero no vemos más que la sombra de una chaqueta detrás de Mamá. Apenas conseguimos distinguir el sonido de una voz masculina.

Papá aparece pisando fuerte y nosotras nos escabullimos de vuelta a nuestra habitación, dejando la puerta entreabierta para intentar oír la conversación.

No entendemos las palabras, pero sí el tono. La voz de Papá suena furiosa, la de Mamá preocupada. El otro hombre parece nervioso, con la voz aguda, como si tuviera miedo.

La puerta se cierra y oímos pasos cruzando el recibidor hacia la cocina. Papá le ha dejado entrar.

Mi hermana y yo nos miramos. ¿Quién es? ¿Es de esas veces en las que se supone que tenemos que ser educadas y bajar a presentarnos, o es mejor quedarnos arriba?

Nunca sabemos qué es lo correcto. Sin hablar, acordamos quedarnos donde estamos.

Estamos emocionadas y asustadas a la vez.

Veo que a mi hermana también le viene el mismo pensamiento.

¿Y si la Srta. Kingdom les ha contado a la policía lo nuestro y es un policía que viene a ayudarnos?

¿Y si estamos a punto de que nos rescaten?