La mujer en mi casa 5
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—Ya sabes lo que dijo el policía —dice mi hermana animándome, dándome un pequeño empujón hacia delante—. Si alguien nos hace daño, tenemos que contarlo.

—Estaba hablando de desconocidos —digo con dudas—. Y además, dijo que se lo contáramos a nuestros padres.

—O a una profesora. —Las dos miramos a la Srta.

Kingdom al otro lado del patio. Mi hermana ha decidido que es la mejor persona a quien contárselo.

No es nuestra tutora, la que le cae bien a nuestra madre.

Es una profesora nueva en el colegio, más joven que las demás.

No tiene ninguna relación con nuestros padres ni con nosotras, y parece buena persona.

La hemos estado observando un par de semanas, para asegurarnos de que es de fiar.

La hemos visto llegar al colegio y bajarse del coche.

La hemos vigilado en el patio durante el recreo.

La hemos visto dar abrazos a otros niños cuando estaban disgustados.

Cuando Benny estaba llorando, ella lo levantó del suelo y le acarició el pelo.

Ahora está sola haciendo guardia en el patio, vigilando a todos los niños mientras corren de un lado a otro.

Frunce el ceño mientras observa a un grupo de niños jugar al fútbol.

Lleva un silbato colgado al cuello para regañar a los niños por correr o pelearse, pero casi nunca lo usa, salvo para avisarnos de que se acaba el recreo.

No puede faltar mucho para que acabe. Llevamos un buen rato mirándola.

—Vamos —dice mi hermana—. Pregúntale.

Nos acercamos poco a poco. Un niño con la rodilla sangrando llega antes que nosotras y lo vemos recibir un abrazo y luego entrar a la enfermería.

Tenemos que darnos prisa, o perderemos la oportunidad. Mañana le tocará guardia a otra profesora.

—Pregunta tú —digo.

Mi hermana de repente me suelta la mano y se planta delante de la Srta. Kingdom. Yo voy detrás trotando, con el corazón acelerado. Estoy emocionada y asustada a la vez. Esto podría ser el principio de que las cosas mejoren.

—Ella tiene algo que contarle —dice mi hermana, señalándome.

—Yo... —Me quedo mirando mis zapatos—. Yo...

Mi hermana me da una patadita.

—Vamos, dile.

La Srta. Kingdom frunce el ceño y mira el reloj.

—¿Qué pasa, niñas?

—Nuestro padre...

—¿Su padre? ¿Qué pasa con él?

—No es buena persona.

—¿Qué están intentando decir?

Ya está perdiendo la paciencia. No era lo que habíamos esperado. Miro a mi hermana con pánico en los ojos, preguntándome si deberíamos parar ahora.

—Le pegó —dice mi hermana.

—¿En un cachete?

—No. No en un cachete. Le pegó de verdad. En la cabeza.

—¿Por qué iba a hacer eso?

—Mmm...

Vuelve a mirar el reloj y luego hace sonar el silbato para que todo el mundo se quede quieto.

—El policía dijo que había que contarles a los profesores lo de los hombres malos —dice mi hermana a toda prisa, notando que se nos acaba el tiempo.

—Chitón —dice la Srta. Kingdom, señalando el silbato. Nos miramos la una a la otra, preocupadas. No creo que nos hayamos explicado bien.

Vuelve a soplar el silbato y todo el mundo empieza a entrar en fila hacia el colegio.

—El policía dijo... —repite mi hermana.

—Está bien —dice la Srta. Kingdom—. Ya me encargo. Ahora vuelvan a clase.