La mujer de los obituarios Capítulo 26. El hombre que nos seguía #3
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Capítulo 26. El hombre que nos seguía #3

La línea de la nariz, las orejas y la mandíbula coincidían.

Leí el pie de foto.

Identificaba a varios participantes.

El hombre situado junto a Soria figuraba como:

Bruno Roldán, coordinador de seguridad vinculado a Fundación Alerce.

Me quedé inmóvil.

Volví a leer el nombre.

Bruno Roldán.

No lo había encontrado en las relaciones de personal administrativo de Santa Oliva.

Tampoco entre quienes habían participado en las revisiones contables que yo conocía.

Era una persona distinta.

Y aparecía públicamente junto a Héctor Soria en un acto profesional.

Busqué su nombre.

Encontré otra referencia posterior, en una nota institucional de Alerce, que lo mencionaba entre los responsables de coordinación de seguridad de varios centros.

No tenía fotografía.

Pero el cargo y el nombre coincidían.

Regresé a la noticia de 2024.

Había algo importante que debía recordar.

La identificación del pie de foto procedía de la información facilitada para aquella cobertura. No equivalía a que yo hubiera comprobado un documento de identidad.

Y mi comparación visual, por clara que me pareciera, tampoco lo hacía.

Pero ahora tenía una identificación posible y una vinculación pública que podían verificarse.

No era simplemente un desconocido que se parecía a alguien.

Era un hombre que probablemente podía ser identificado mediante fuentes ajenas a mis recuerdos.

* * *

Llamé a Inés.

Eran cerca de las diez y media.

Respondió con voz cansada.

—Clara, ¿ha pasado algo más?

—Creo que he encontrado quién es el hombre.

Se hizo un silencio.

—Explícame cómo.

Le conté lo de la noticia de 2024.

Le di la referencia de publicación y el nombre que aparecía en el pie.

—Bruno Roldán —repitió.

—Coordinador de seguridad vinculado a Alerce, según esa información.

—¿Estás segura de que es él?

Miré otra vez las dos fotografías.

—Se parecen mucho. Lucía ha reconocido al hombre de mi fotografía como el que vimos frente al periódico. Pero nadie ha confirmado todavía su identidad personal.

—Bien. Esa es la manera correcta de presentarlo.

Escuché que escribía.

—Envíame el enlace de la noticia y guarda la referencia original —añadió—. Podemos facilitar esa posible identificación a la policía para que la compruebe.

—¿Conoces a Bruno Roldán?

—No personalmente.

—¿Habías oído su nombre?

—No recuerdo haber tratado con él. Tendría que revisar si aparece en alguna documentación que conozca, pero no voy a darte una respuesta de memoria.

Asentí.

—Inés, si es una persona de seguridad de Alerce…

No terminé la frase.

—Sería relevante saber por qué estaba en esos lugares —respondió—. Pero su relación profesional con la fundación no demostraría por sí sola quién le pidió que fuera allí, si alguien se lo pidió.

Miré la fotografía.

—Lo sé.

—Y tampoco lo convertiría automáticamente en responsable de lo ocurrido en casa de Mateo.

—No he dicho eso.

—Precisamente por eso conviene mantener las cosas separadas. Tenemos hechos observados que ya hemos comunicado. Ahora añadiremos una posible identificación respaldada por una fuente pública.

Me quedé callada.

Inés continuó:

—Clara, esta noche no hagas más averiguaciones ni intentes contactar con ese hombre.

—No pensaba hacerlo.

—Mañana revisaremos la información y cómo incorporarla a lo que ya se ha comunicado.

Le prometí que conservaría las fotografías originales.

Antes de colgar me preguntó si había llegado bien a casa y si Mateo me había escrito.

Le dije que todavía no.

—Avísame cuando confirme que ha llegado —respondió.

Nos despedimos.

* * *

Mateo llamó poco después.

Estaba en su alojamiento.

No le pregunté dónde.

—Inés me ha dicho que crees haber identificado al hombre —comentó.

—Sí.

Le expliqué la noticia de 2024.

Mi hermano escuchó en silencio.

—¿Trabaja para Soria?

—Aparece como coordinador de seguridad vinculado a la fundación. Eso es lo que dice la información publicada.

Mateo tardó un momento en responder.

—Entonces sabía quiénes éramos.

—No necesariamente.

—Clara, estaba frente a tu periódico y después nos siguió al salir del despacho de Inés.

Lo escuché.

—Lo que vimos esta tarde justifica preguntarle por qué estaba allí —respondí—. Pero no sé cuánto sabe de nosotros ni cómo obtuvo esa información.

Mateo respiró hondo.

—Estoy harto de que tengamos que seguir haciendo todas estas distinciones.

No pude evitar sonreír con tristeza.

—Yo también.

Se quedó callado.

—El lunes doce alguien entró en mi casa —dijo—. Robaron mi portátil. Ahora un hombre relacionado con la seguridad de Alerce aparece cerca de tu trabajo y nos sigue al salir de una reunión.

No respondió a su propia conclusión.

Tampoco se la pedí.

—¿Has pensado qué vas a hacer mañana? —preguntó.

—Ir al periódico.

—¿Como siempre?

—No exactamente. He hablado con Lucía para salir acompañada. Y voy a revisar con Inés si conviene modificar algún recorrido.

Mateo tardó un momento en responder.

—No quiero que dejes de trabajar por mi culpa.

—No estoy haciendo esto por tu culpa.

—Ya lo sé.

Hubo un silencio.

Después añadió:

—Tampoco quiero que te acostumbres a tener miedo cada vez que sales a la calle.

Miré hacia la ventana del salón.

La persiana estaba bajada.

—No me voy a acostumbrar —respondí—. Pero tampoco voy a fingir que no hemos visto lo que hemos visto.

Mateo no discutió.

Hablamos unos minutos más.

Me preguntó por el perro.

Le dije que estaba dormido debajo de la mesa y que aquel día no había destrozado nada.

—Un progreso —comentó.

—Por fin.

Nos despedimos.

* * *

Antes de acostarme abrí el cuaderno.

Escribí las fechas y los lugares.

Miércoles 28. Lucía y yo vimos a un hombre junto a un coche gris frente al periódico.

Jueves 29, aproximadamente 17:00. Volvimos a verlo cerca de El Faro .

Jueves 29, aproximadamente 17:20. Lo reconocí junto a la farmacia próxima al despacho de Inés.

Después anoté lo ocurrido al salir de la reunión: el recorrido por las calles, la entrada en la cafetería y las fotografías que había tomado.

Añadí la referencia de la comparecencia en comisaría.

Por último escribí:

Posible identificación: Bruno Roldán. Pie de fotografía publicado en 2024 y referencia institucional posterior. Pendiente de confirmación.

No añadí que trabajara para Rafael.

Tampoco que Héctor Soria lo hubiera enviado a seguirnos.

No tenía un dato que permitiera escribir ninguna de esas cosas como hecho.

Me quedé mirando su nombre.

Hasta aquella noche, los peligros de la investigación habían llegado a través de documentos y mensajes: una esquela, un ultimátum, unas cuentas que no coincidían.

La entrada en el piso de Mateo había demostrado que podía haber consecuencias materiales.

Ahora habíamos visto a una persona que parecía interesada en nuestros desplazamientos.

Y podíamos señalar un rostro.

No sabía si eso nos acercaba a descubrir quién preparó la esquela.

Pero sí nos obligaba a actuar de otra manera.

Guardé el cuaderno.

Comprobé que el perro tuviera agua y apagué la luz del salón.

Antes de acostarme preparé el bolso para el viernes.

Tendría que volver al periódico.

Esta vez avisaría a Lucía antes de salir.